Reutilizan el alga asiática invasora para fabricar pienso de peces: es muy rica en omega 3

La Rugulopteryx okamurae, conocida popularmente como alga asiática, una de las especies invasoras que más problemas está causando en el litoral andaluz, podría convertirse en un aliado de la acuicultura. Un proyecto financiado por la Consejería de Universidad, Investigación e Innovación y liderado por la Universidad de Málaga (UMA) ha demostrado por primera vez en una especie omnívora que incorporar esta macroalga asiática a la alimentación de peces aumenta el contenido de omega 3, modifica la microbiota intestinal y activa mecanismos relacionados con la inmunidad y la adaptación celular.

El estudio, desarrollado por el Instituto de Biotecnología y Desarrollo Azul de la UMA con la colaboración del Departamento de Biología y Geología de la Universidad de Almería, plantea además una alternativa para reducir la dependencia de las harinas y aceites de pescado empleados en las piscifactorías, uno de los grandes retos de la acuicultura sostenible.

Los resultados se han publicado en la revista Journal of Applied Phycology.

Convertir una especie invasora en un recurso para la acuicultura

La investigación propone una solución basada en la economía circular azul para aprovechar la biomasa de Rugulopteryx okamurae, una macroalga originaria del Pacífico occidental que se acumula masivamente en playas y fondos marinos de Andalucía, alterando los ecosistemas y generando importantes costes de limpieza y gestión.

El trabajo se ha realizado por primera vez con lisas o mújoles, una especie omnívora con mayor predisposición al consumo de algas que otras especies cultivadas. Hasta ahora, los investigadores habían probado con éxito este tipo de alimentación en la lubina europea, un pez carnívoro.

«O buscamos alternativas que sustituyan, al menos parcialmente, la proteína animal en los piensos, o apostamos por especies con una dieta más herbívora, porque pescar especies salvajes para alimentar a otros ejemplares de piscifactoría es insostenible«, advierte Salvador Arijo, investigador de la Universidad de Málaga y uno de los autores del estudio, en declaraciones a la Fundación Descubre.

Cómo prepararon el alga para alimentar a los peces

Antes de incorporarla al pienso, los investigadores sometieron la biomasa a un tratamiento biotecnológico con bacterias y levaduras beneficiosas que mejoró su digestibilidad y su valor nutricional. Además, este proceso redujo los compuestos responsables de la capacidad defensiva e invasora del alga, los mismos que dificultan que muchos organismos marinos la consuman de forma natural.

Con esta materia prima elaboraron dos piensos enriquecidos con un 5 % y un 15 % de Rugulopteryx okamurae, que suministraron durante 66 días a ejemplares comerciales de lisa. Los resultados se compararon con un grupo control alimentado con un pienso convencional.

Más omega 3 y mejor valor nutricional del pescado

Los peces alimentados con el alga mantuvieron un crecimiento normal y no presentaron efectos negativos aparentes.

«De partida considerábamos un éxito que no hubiera cambios en los peces, ante el desconocimiento de cómo iban a funcionar los componentes tóxicos del alga; nos sorprendió obtener cambios positivos en ciertos parámetros«, reconoce Daniel Álvarez, investigador de la Universidad de Málaga y primer autor del estudio.

Los análisis revelaron cambios especialmente relevantes en el músculo, la parte destinada al consumo humano. Los ejemplares que recibieron un pienso con un 5 % de alga presentaron mayor contenido proteico, menos grasa muscular y niveles superiores de omega 3, una combinación que incrementa el valor nutricional del pescado.

Los investigadores relacionan este enriquecimiento no solo con la composición del pienso, sino también con la aparente capacidad del organismo para retener selectivamente los ácidos grasos beneficiosos.

Cambios en la microbiota y en las defensas naturales

El estudio también analizó la expresión de genes implicados en el metabolismo, la respuesta al estrés celular y la inmunidad.

Los resultados mostraron mecanismos de adaptación fisiológica, incluidos procesos relacionados con situaciones de hipoxia, además de señales compatibles con una activación de las defensas naturales del organismo.

«Esto es positivo porque pueden actuar de barrera preventiva frente a virus y otros patógenos«, señala Álvarez.

Los científicos también estudiaron la microbiota intestinal de las lisas y comprobaron un aumento de la diversidad bacteriana. Este cambio favoreció el desarrollo de microorganismos capaces de degradar mejor los compuestos vegetales presentes en las algas, sin provocar alteraciones importantes en el equilibrio de la microbiota.

Un ingrediente funcional con potencial para la acuicultura

Los investigadores consideran que estos resultados respaldan el potencial de Rugulopteryx okamurae como ingrediente funcional para la alimentación de peces y abren nuevas posibilidades para reducir la presión sobre las pesquerías destinadas a fabricar harinas y aceites para piscifactorías.

«Es importante seguir profundizando en cómo incorporar este tipo de piensos de forma segura y eficaz, teniendo en cuenta tanto las concentraciones del alga como la dosis de administración, no solo en la lisa sino también en otras especies, para comprender mejor sus efectos a largo plazo», concluye Arijo.