Los robots y la automatización facilitan el regreso a España de la producción industrial deslocalizada en otros países. Estas tecnologías ofrecen costes ajustados, así como un control mayor de todo el proceso de fabricación. La relocalización industrial se da en todos los sectores de la economía y facilita la creación de empleos nuevos.

Durante décadas, la deslocalización ha sido la estrategia dominante en la industria, para reducir costes de producción en países con salarios más bajos. Sin embargo, esta tendencia global está experimentando un cambio significativo. Cada vez más empresas están optando por la relocalización industrial. Traen de vuelta la producción a sus países de origen. Esta transformación, aún poco conocida, está siendo impulsada principalmente por dos pilares tecnológicos: la robotización y la digitalización de los procesos productivos. Este fenómeno busca fortalecer la cadena de suministro y mejorar la competitividad.
¿Qué es la relocalización industrial y por qué está ocurriendo?
La automatización está cambiando las cadenas de valor y transformando decisiones estratégicas. Así lo señalan las investigadoras María Rochina y Carolina Calatayud, de la Facultad de Economía de la Universidad de Valencia, en un estudio publicado en la revista Industry and Innovation. Para su elaboración han tomado como referencia datos de miles de empresas manufactureras, que les han permitido confeccionar una imagen del regreso de la producción industrial a España sorprendente en algunos aspectos.
La relocalización industrial se entiende como la vuelta al país de origen de tareas o procesos productivos que antes se realizaban en el extranjero. En este proceso han observado una dinámica, en un principio, no esperada: el regreso de la producción nacional no se da necesariamente en forma de productos finales, sino, sobre todo, de componentes, piezas o fases intermedias del proceso productivo. Y aquí entra en juego la tecnología: si los robots permiten reducir los costes de producir en casa, la lógica de fabricar lejos, impulsada por la búsqueda de menores costes laborales, pierde fuerza.
El papel de la robotización en la vuelta a casa
En su investigación, María Rochina y Carolina Calatayud han analizado el comportamiento de empresas manufactureras españolas entre 2006 y 2017, un periodo marcado por una fuerte expansión de la robotización industrial. En el contexto de la relocalización industrial, España no es un caso irrelevante: se sitúa entre los países europeos con mayor implantación de robots industriales, por delante de la media mundial. «Los procesos de relocalización se concentran principalmente en empresas manufactureras que han adoptado robots en sus procesos productivos», afirma María Rochina. Pero no de forma generalizada.
Los datos demuestran que «las más productivas, de mayor tamaño, más intensivas en capital y con mayor inversión en I+D presentan una mayor probabilidad de iniciar procesos de robotización y, a partir de ahí, de relocalizar parte de su producción previamente deslocalizada», añade.
Esta tendencia se ha observado por igual en todos los sectores, salvo en el de productos informáticos, electrónicos y ópticos, que todavía no ha terminado de apostar por traer la producción a España.

De dónde procede la producción que vuelve a España
Los datos han permitido acabar con una idea preconcebida: la relocalización impulsada por los robots no procede mayoritariamente de países en desarrollo. Al contrario, la producción que regresa lo hace sobre todo desde otros países desarrollados, especialmente del entorno europeo y de la OCDE. Esto no es un detalle menor. Aproximadamente el 80 % de los insumos industriales que importan las empresas manufactureras españolas proceden de países desarrollados. En ese contexto, pequeñas mejoras en productividad pueden ser suficientes para que producir en España vuelva a ser competitivo frente a producir en Francia, Alemania o Italia.
La ecuación ha cambiado con la incorporación masiva de robots. La respuesta está en un ahorro de costes, pero no solamente. También influye que las empresas ganan control sobre la producción. La robotización permite producir más y con menos errores, así como reducir su dependencia de factores críticos como la logística y la cadena de suministro.
«La adopción de robots reduce la importancia de los diferenciales de costes laborales entre países y permite a las empresas producir de forma más eficiente en el país de origen. En particular, la adopción de robots industriales aumenta significativamente la probabilidad de que las empresas relocalicen producción previamente deslocalizada», afirman las investigadoras de la Facultad de Economía de la Universidad de Valencia.
La digitalización actúa como complemento de los robots. Facilita su integración en los procesos productivos, mejora la coordinación interna y permite una mayor flexibilidad y control de la producción. En conjunto, estas tecnologías asociadas a la Industria 4.0 hacen posible reorganizar las cadenas de valor sin pérdida de competitividad.
Beneficios estratégicos de la relocalización industrial
Más allá de la optimización de costes y el mayor control sobre la producción, la relocalización industrial ofrece ventajas estratégicas cruciales. Permite una mayor agilidad y capacidad de respuesta ante las fluctuaciones del mercado y las interrupciones de la cadena de suministro global.
Al producir localmente, las empresas pueden reducir los tiempos de entrega, mejorar la calidad del producto a través de una supervisión más directa y fomentar una mayor sostenibilidad al disminuir la huella de carbono asociada al transporte. Esta proximidad también facilita la colaboración con proveedores y clientes, impulsando la innovación y la adaptación a las demandas específicas del mercado local.

Impacto en el empleo: ¿más o menos puestos de trabajo?
Otra cuestión es el efecto del regreso de la producción industrial deslocalizada sobre el empleo. Si los robots permiten traer producción de vuelta, ¿se crean más empleos? En principio, sí, porque se incrementa la actividad de las empresas radicadas en España. Pero, como todo, también tiene sus matices: el número de puestos de trabajo generados es sensiblemente menor que con los procesos industriales tradicionales.
«Cuando la relocalización está impulsada por un proceso previo de robotización, el efecto positivo sobre el empleo es menor que la suma de ambos efectos por separado. Esto se debe a que la producción que se relocaliza tras un proceso de robotización se realiza en mayor proporción mediante robots que la producción que la empresa ya tenía previamente», aclaran María Rochina y Carolina Calatayud.
Tipos de relocalización: sustitución o internalización
No toda relocalización es igual. Traer producción de vuelta puede hacerse de dos maneras distintas. Una consiste en sustituir proveedores extranjeros por proveedores nacionales. La otra, más profunda, implica internalizar la producción: fabricar dentro de la propia empresa aquello que antes se compraba fuera.
El estudio muestra que la robotización impulsa principalmente esta segunda vía. Es decir, las empresas no solo cambian de proveedor, sino que incorporan procesos productivos dentro de sus propias plantas. «Ambas modalidades implican una reducción de la dependencia de insumos extranjeros y una reconfiguración de las cadenas de valor hacia un mayor peso de la producción nacional», explican.
La evidencia microeconómica de estudios como el de la Universidad de Valencia revela un cambio profundo y estratégico en la organización de la producción industrial. La relocalización, impulsada por la robotización y la digitalización, no es un mero retorno al pasado, sino una evolución hacia cadenas de valor más cortas, mayor control interno y una redefinición de la interacción entre el trabajo humano y la tecnología.
En un escenario global cada vez más volátil, con crisis logísticas y tensiones geopolíticas, la relocalización industrial trasciende la simple reducción de costes. Se erige como una estrategia clave para construir una industria más resiliente, innovadora y adaptable, fundamental para el futuro económico de países como España.













