Los hombres presentan tasas más elevadas de conductas de riesgo, adicciones y suicidios consumados, pero reciben menos diagnósticos oficiales de ansiedad y depresión que las mujeres. Detrás de esta aparente contradicción podría existir un factor determinante: las normas tradicionales de masculinidad dificultan reconocer el malestar psicológico y pedir ayuda profesional.

Así lo describen los investigadores de la Universidad de Murcia, Julio A. Camacho-Ruiz, Carmen M. Galvez-Sánchez y Rosa M. Limiñana-Gras, en un artículo publicado en la revista Behavioral Sciences.
La presión de «ser fuerte» puede retrasar la búsqueda de ayuda
El trabajo revisa la evidencia científica más reciente sobre salud mental masculina y señala que mandatos sociales asociados a ideas como «ser fuerte», «aguantar» o «resolver los problemas solo» pueden retrasar la identificación del sufrimiento psicológico y dificultar el acceso a recursos de apoyo.
Los investigadores sostienen que la masculinidad hegemónica y determinados procesos de socialización masculina pueden empujar a muchos hombres a ocultar el sufrimiento, reprimir emociones o mantener una imagen pública de fortaleza y control.
“Esta diferencia podría estar relacionada no solo con patrones distintos de expresión del malestar, sino también con posibles sesgos de género en la investigación, en los instrumentos diagnósticos y en la práctica clínica”, explica Carmen Galvez.
Vergüenza, autoestigma y desconfianza hacia la terapia
Entre las principales barreras identificadas aparecen la vergüenza, la autoestigmatización, la minimización de los síntomas, la desconfianza hacia la terapia y la percepción de que pedir ayuda puede interpretarse como una pérdida de autosuficiencia.
A estas dificultades psicológicas se añaden barreras estructurales, como la falta de información sobre los recursos disponibles, los costes económicos, la burocracia, las dificultades de acceso a servicios especializados o la escasez de intervenciones diseñadas específicamente desde una perspectiva de género.
Además, la sensación de poca conexión con los profesionales o la percepción de que la terapia es impersonal o poco útil puede favorecer el abandono del tratamiento.

La salud mental en hombres no siempre se manifiesta de la misma forma
La investigación subraya la necesidad de incorporar una perspectiva de género en la atención psicológica y psiquiátrica dirigida a hombres.
Los autores destacan que el malestar psicológico masculino no siempre aparece mediante síntomas considerados tradicionales, como la tristeza o el llanto. En muchos casos puede expresarse mediante formas menos identificables, como irritabilidad, aislamiento social, consumo de sustancias o conductas agresivas, señales que pueden pasar desapercibidas en la práctica clínica convencional.
Los investigadores también destacan la importancia de la interseccionalidad, ya que no todos los hombres experimentan la masculinidad o el acceso a la salud mental de la misma manera. Factores como la edad, la clase social, la etnia, la orientación sexual o el contexto cultural pueden influir tanto en la forma de vivir el sufrimiento como en las posibilidades reales de recibir ayuda.
Promover modelos de masculinidad más saludables
Los autores hacen un llamamiento a impulsar modelos de masculinidad más saludables e igualitarios que normalicen la vulnerabilidad y el autocuidado.
«Integrar la perspectiva de género y la interseccionalidad no es solo una cuestión teórica, sino una necesidad ética y clínica para garantizar que ningún hombre se quede solo ante su sufrimiento por miedo a dejar de ser ‘un hombre de verdad'», concluye Julio Camacho.













