Perder el trabajo no es solo quedarse sin sueldo: también puede desencadenar un proceso de duelo

Perder el empleo no significa únicamente dejar de recibir un salario. Para muchas personas supone también enfrentarse a un proceso de duelo por la pérdida del trabajo, una experiencia que puede tener una importante dimensión individual y psicológica y que, sin embargo, ha sido menos estudiada que las consecuencias económicas y sociales del desempleo.

El desempleo tiene un enfoque de análisis más desde la economía y la sociología, desde el impacto que este puede tener a nivel social, pero el impacto que tiene para las personas desde la dimensión individual es poco estudiado”, explica la investigadora colombiana Ninfa Pulido, de la Universidad del Valle, durante una estancia de investigación en la Universidad de Huelva (UHU).

La investigadora lidera un proyecto para conocer qué sucede con las personas cuando pierden su empleo y cómo viven individualmente esa ruptura. Una perspectiva que pone el foco no tanto en las cifras de paro o en sus consecuencias para la economía, sino en la experiencia de quien, de un día para otro, deja de formar parte del mercado laboral.

¿Por qué perder el empleo puede vivirse como un duelo?

El trabajo ocupa un lugar relevante en la vida cotidiana de las personas. La pérdida de un empleo implica un cambio en la situación laboral y económica, pero también modifica el contexto en el que se desenvuelve la persona y puede obligarla a afrontar una nueva realidad.

Precisamente por eso, Pulido considera necesario estudiar el fenómeno desde una perspectiva diferente a la habitual. La investigadora explica que este tema “no ha sido muy estudiado recientemente” y señala que el desempleo se ha abordado tradicionalmente desde disciplinas como la economía y la sociología.

El vacío se encuentra, según su planteamiento, en conocer qué efectos tiene la pérdida del trabajo sobre la propia persona, cómo experimenta esa situación y qué elementos pueden explicar las diferencias en la manera de afrontarla.

La investigadora pone el foco especialmente en esta dimensión individual porque, aunque el desempleo puede medirse mediante indicadores económicos y sociales, la experiencia de estar desempleado no es necesariamente igual para todas las personas.

El impacto emocional del desempleo cambia según el contexto

La dimensión cultural y social también puede influir en la forma en que las personas viven la pérdida de su empleo. Por eso, una de las líneas que plantea Pulido es comparar diferentes contextos para determinar qué aspectos de esta experiencia son comunes y cuáles presentan diferencias.

En Iberoamérica y específicamente en Colombia no hay estudios desde la psicología que reflejen los efectos o que expliquen qué sucede cuando las personas pierden el trabajo”, ha señalado la investigadora.

Su estancia en Huelva le ha permitido aproximarse a personas desempleadas y observar cómo se manifiesta esta experiencia en un contexto diferente al colombiano. Pulido ha valorado estas “interacciones con personas desempleadas”, porque “me permite ver en qué diverge o en qué converge este fenómeno en dos lugares del planeta”.

La comparación entre países puede ayudar así a comprender mejor cómo se vive el desempleo desde una perspectiva psicológica y social, más allá de los datos sobre número de personas desempleadas, duración del paro o evolución del mercado laboral.

La importancia de estudiar la experiencia de las personas desempleadas

Uno de los principales planteamientos que se desprenden de esta perspectiva es la necesidad de conocer mejor qué ocurre durante el proceso que sigue a la pérdida de un empleo.

No se trata únicamente de determinar cuántas personas pierden su trabajo, sino de conocer cómo afrontan esa situación, qué significado tiene para ellas y qué diferencias existen entre unas experiencias y otras.

En base a ello, “la idea es generar nuevas alianzas entre investigadores que nos permitan avanzar en la comprensión de este fenómeno y poder dar una explicación desde diferentes contextos socioculturales”, ha explicado Pulido.

Entre las recomendaciones que plantea se encuentra precisamente la realización de “estudios transculturales para poder analizar realmente en qué convergen y en qué divergen esas formas en que las personas viven la experiencia del desempleo”.

Esta perspectiva permitiría comparar cómo se experimenta la pérdida del empleo en diferentes sociedades y avanzar en una comprensión más completa de las consecuencias psicológicas y emocionales del desempleo.

Del dato del paro a la persona que pierde su trabajo

El interés de este enfoque está en desplazar la mirada desde el dato estadístico hacia la persona. Las tasas de desempleo permiten conocer la dimensión de un fenómeno social, pero no explican por sí solas qué significa para alguien perder su empleo.

La estancia de Pulido en Huelva ha estado vinculada precisamente a este acercamiento a las personas y al contexto laboral. La investigadora ha destacado que la Universidad de Huelva no limita su actividad a la investigación académica, sino que también busca acercarse a las poblaciones objeto de estudio.

“Me ha llamado la atención que no solamente se quedan en investigar y en que la investigación repercuta solo en unos procesos internos, sino que también tienen mucho interés en acercarse a las poblaciones objeto de estudio en pro de mejorar la calidad de vida de la población trabajadora”, ha remarcado.

La investigadora ha podido participar durante su estancia en actividades de investigación junto al equipo del profesor José Climén Rodríguez, una experiencia que le ha permitido conocer también el contexto laboral onubense.