Una doctora en Ciencias Farmacéuticas de la Universidad Nacional de Colombia diseñó un grupo de moléculas diminutas (llamadas péptidos híbridos) a partir de proteínas obtenidas de la leche de vaca y del estómago de un sapo asiático, un hallazgo que a futuro ayudaría a generar tratamientos alternativos para esta enfermedad que padecen cerca del 7 % de las mujeres en el mundo.
El origen de esta enfermedad está asociado con la infección persistente por el virus del papiloma humano (VPH), aunque se puede prevenir con una vacuna que se aplica entre los 9 y 14 años de edad. Las mujeres que sufren de esta infección tienen hasta seis veces más probabilidad de padecer cáncer de cuello uterino.

Esta es la historia de Natalia Ardila Chantre, doctora en Ciencias Farmacéuticas de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), quien, con el grupo de Síntesis y Aplicación de Moléculas Peptídicas de la Facultad de Ciencias, ha estudiado cómo que se pueden diseñar este tipo de moléculas y su impacto no solo en cáncer cervical, sino también en cáncer de mama, colon y próstata.
Pero vamos por partes: ¿por qué cáncer cervical? porque es el cuarto tipo de cáncer más frecuente en mujeres y además un problema de salud pública global según la Organización Mundial de la Salud (OMS).
El origen de esta enfermedad está asociado con la infección persistente por el virus del papiloma humano (VPH), aunque se puede prevenir con una vacuna que se aplica entre los 9 y 14 años de edad. Las mujeres que sufren de esta infección tienen hasta seis veces más probabilidad de padecer cáncer de cuello uterino.
“Además, cuando se accede a una quimioterapia, que es el método más usado para combatir la enfermedad, esta no siempre es efectiva y además durante el tratamiento puede dañar células sanas del organismo, produciendo también efectos secundarios como náuseas y vómitos, pérdida de apetito y caída del cabello, entre otros”, explica la investigadora Ardila.
Ahora, para entender el hallazgo hay que comprender qué es un péptido, un término que ronda los laboratorios de química como uno de los elementos más atractivos e innovadores de los últimos años. Se trata de una cadena corta de aminoácidos que compone las proteínas en el cuerpo humano y en todo tipo de organismos vivos, y que más coloquialmente se podría explicar como moléculas similares a piezas de Lego®, que al unirse en un orden específico tienen una acción tan potente que hasta las células cancerígenas deciden escapar cuando entran en contacto.
Pequeñas moléculas, grandes batallas
En vista del problema, la doctora Ardila se enfocó en la leche de vaca y en un sapo de la familia Bufonidae, pues a partir de sus proteínas se han identificado péptidos útiles que son fáciles de replicar en laboratorio y que a futuro se podrían usar como base para diseñar fármacos contra la enfermedad.
Pero la novedad está en que la investigadora creó un péptido híbrido destacable, ya que contiene partes de las moléculas tanto de la leche de vaca (lactoferricina bovina) como del estómago del sapo (buforina), en una combinación sin precedentes, ya que en el laboratorio no se había probado con tanto detalle.
“Diseñar y obtener los péptidos híbridos se realiza uniendo uno a uno los aminoácidos de interés, que se consiguen teniendo como guía la estructura de la lactoferricina bovina y la buforina. Esto se elabora en pequeños reactores químicos y posteriormente se procede a la identificación individual de cada molécula con el fin de confirmar su identidad”, señala la investigadora.
En total consiguió 35 moléculas híbridas que usó como “soldados” para combatir dos líneas celulares de cáncer cervical humano. Los resultados son alentadores, pues en dos horas y a bajas concentraciones lograron destruir las células cancerígenas en un 50 %, en un proceso en el que las moléculas las llevan a autodestruirse (apoptosis).
Así mismo, para estimar si las moléculas son seguras para el organismo humano, se pusieron en contacto con fibroblastos (células de tejido sanas), y, en la misma cantidad usada contra las células cancerígenas, no tuvieron un impacto negativo, es decir, no fueron tóxicas o dañinas.
Aunque 16 moléculas tuvieron efecto sobre las células de cáncer, hubo una que se robó las miradas, pues al ponerla en contacto con otras líneas celulares de cáncer de mama, colon y próstata demostró tener una respuesta a la interacción, es decir que también fue capaz de combatirlos en la concentración probada.
“Las moléculas fueron capaces de ingresar y llegar hasta el núcleo de las células de cáncer de cuello uterino. Así lo evidenciamos con pruebas de microscopía de fluorescencia que mostraron hasta donde llegaba la acción durante la apoptosis”, explica la experta.
Estos avances son un pequeño paso frente a la lucha contra el cáncer, lo cual quiere decir que aún no resuelven el problema, pero sí brindan una alternativa que, a futuro y con más investigación y análisis, se convertiría en una realidad para miles de mujeres que día a día resisten ante este padecimiento. La doctora indica que el siguiente paso será probarlo en modelos animales, por lo que el procedimiento está en fase de planeación.













