Más tecnología en las aulas no garantiza mejores resultados académicos

La incorporación de dispositivos digitales a las aulas no implica necesariamente una mejora del rendimiento académico. Esta es una de las principales conclusiones del proyecto de investigación Transformación Digital en las Aulas: Evaluación, Desafíos y Estrategias (TDA-EVADE), desarrollado mayoritariamente por investigadores de la Universidad de Extremadura (UEx) y financiado por la Fundación BBVA.

El estudio, que ha analizado grandes bases de datos educativas internacionales, también detecta una relación negativa entre el uso recreativo intensivo de las tecnologías y el rendimiento escolar, especialmente en Educación Secundaria. Por el contrario, las actividades digitales orientadas a buscar información, contrastar fuentes y valorar críticamente los contenidos contribuyen al desarrollo de competencias académicas y digitales.

Los resultados se han presentado en la Jornada sobre Digitalización Educativa celebrada en el Campus de Badajoz de la Universidad de Extremadura, un encuentro que ha reunido a investigadores, docentes y responsables de las administraciones educativas para analizar el impacto de la tecnología en la enseñanza.

El uso educativo de la tecnología importa más que la cantidad de dispositivos

Una de las principales conclusiones del proyecto TDA-EVADE es que el efecto de la digitalización depende de cómo se utilizan los recursos tecnológicos y de su integración en las actividades de aprendizaje. La mera entrega de dispositivos o el aumento de su presencia en las aulas no garantizan mejores resultados si no van acompañados de criterios pedagógicos y formación.

El investigador principal del proyecto y catedrático de Economía Aplicada de la UEx, José Manuel Cordero Ferrera, explicó que el equipo ha trabajado durante dos años con grandes bases de datos internacionales para relacionar la disponibilidad y el uso de la tecnología con los resultados académicos.

Entre las prácticas que muestran una relación positiva con el aprendizaje destacan la búsqueda de información, la identificación de fuentes fiables y la valoración crítica de los contenidos digitales. En cambio, el uso intensivo de las redes sociales aparece asociado a peores resultados académicos, especialmente entre los estudiantes de Secundaria.

«Los estudiantes que declaran hacer un uso más intensivo de las redes sociales son también los que obtienen peores resultados académicos», señaló Cordero.

En Primaria, más dispositivos no se traducen necesariamente en más comprensión lectora

El análisis de los datos de PIRLS 2021, el estudio internacional sobre comprensión lectora, muestra que el uso intensivo de dispositivos digitales en las aulas de Educación Primaria mantiene una relación muy limitada con los resultados del alumnado.

La investigación apunta a que no resulta determinante utilizar más tecnología, sino destinarla a actividades académicas estructuradas, especialmente las relacionadas con la búsqueda, selección y tratamiento de información.

El proyecto también ha evaluado, a partir de los datos de TIMSS 2023, los efectos de una política de entrega de dispositivos a determinados estudiantes durante la pandemia. Los resultados no muestran una mejora general del rendimiento académico como consecuencia de esta intervención, aunque sí identifican avances entre el alumnado procedente de entornos socioeconómicos más desfavorecidos.

Este último resultado apunta a que la tecnología puede contribuir a reducir determinadas desigualdades educativas, aunque su impacto depende de las condiciones en las que se implanta y del acompañamiento que recibe el alumnado.

Las redes sociales perjudican el rendimiento en Secundaria, pero la gestión crítica de la información lo mejora

En Educación Secundaria, el estudio identifica una relación negativa entre el uso recreativo intensivo de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) y el rendimiento académico. Esta asociación resulta especialmente relevante en el caso de las redes sociales.

Sin embargo, la investigación también detecta efectos favorables cuando las herramientas digitales se utilizan para desarrollar habilidades de gestión crítica y responsable de la información. Comparar fuentes, valorar la fiabilidad de los contenidos y comprobar su veracidad son prácticas vinculadas a mejores competencias académicas y digitales.

Para este análisis, el equipo investigador ha recurrido a los datos de PISA 2022 y del estudio ICILS sobre competencia digital. Esta última fuente también ha permitido identificar la importancia de la experiencia del profesorado: los docentes con mayor experiencia en el uso de las TIC durante las clases y en la preparación de actividades digitales contribuyen en mayor medida al desarrollo de las competencias digitales de sus estudiantes.

La formación del profesorado, una condición para aprovechar la digitalización

Los resultados del proyecto sitúan la preparación docente entre los factores fundamentales para que la tecnología tenga un impacto educativo positivo. No basta con disponer de recursos: es necesario que los profesores sepan integrarlos en actividades que favorezcan el aprendizaje.

Autores del estudio sobre la digitalización de las aulas.

«No se trata únicamente de disponer de dispositivos, sino de utilizarlos adecuadamente. Hemos superado en gran medida el problema de la dotación tecnológica de los centros educativos y ahora el reto consiste en sacar el máximo partido a esos recursos», afirmó José Manuel Cordero.

El investigador también advirtió de que las herramientas digitales no siempre son más eficaces cuando se emplean en actividades complejas. En determinados casos, su utilización para ilustrar conceptos básicos o desarrollar tareas académicas estructuradas puede ofrecer mejores resultados.

El proyecto TDA-EVADE combina el análisis de bases de datos educativas internacionales, la evaluación de programas de digitalización y el estudio cualitativo de centros mediante cuestionarios y entrevistas a docentes y responsables educativos. Su objetivo es aportar evidencias que ayuden a orientar las políticas públicas y las decisiones sobre el uso de la tecnología en las aulas.