El síndrome de Cenicienta, el síndrome de Wendy o el de Madame Bovary forman parte del vocabulario habitual de los medios de comunicación cuando se habla de relaciones de pareja. Sin embargo, un estudio de la Universidad de Málaga (UMA) concluye que la inmensa mayoría de los llamados ‘síndromes del amor’ no corresponden a trastornos clínicos reconocidos, sino que funcionan como etiquetas socioculturales para describir comportamientos, conflictos y experiencias relacionadas con las relaciones afectivas.

La investigación, desarrollada por las investigadoras de la Universidad de Málaga Susana Guerrero y Raúl Cremades, ha analizado cómo se utilizan estas denominaciones en la prensa digital en español. El trabajo se ha desarrollado en el marco del proyecto DISMUPREN-PANHIS de la UMA y sus resultados han sido publicados en la revista Pragmalingüística.
El estudio muestra además que estas expresiones no son estáticas. Junto a denominaciones conocidas desde hace años aparecen otras más recientes, relacionadas con las aplicaciones de citas, la hiperconectividad y las nuevas formas de establecer relaciones sentimentales.
¿Qué son los llamados ‘síndromes del amor’?
Los investigadores han analizado 173 textos periodísticos publicados entre 2005 y 2026, a partir de la hemeroteca de DISMUPREN, una base documental que reúne más de 10.000 textos etiquetados sobre lenguaje, género y comunicación.
En esos artículos identificaron 105 denominaciones diferentes relacionadas con los llamados ‘síndromes del amor’. Entre ellas aparecen términos como el síndrome de Cenicienta, el síndrome de Wendy o el síndrome de Madame Bovary.
La investigación señala que estas expresiones se utilizan fundamentalmente para poner nombre a determinados patrones de comportamiento o conflictos en las relaciones afectivas, pero que eso no significa que sean diagnósticos médicos o psicológicos reconocidos.
La diferencia resulta relevante porque el uso de la palabra «síndrome» puede transmitir la impresión de que se está ante una entidad clínica establecida, cuando en muchos casos se trata de denominaciones creadas y difundidas en ámbitos socioculturales, mediáticos o divulgativos.
Susana Guerrero, catedrática de Lengua Española de la Universidad de Málaga, destaca que junto a las denominaciones más conocidas han surgido otras vinculadas a los cambios en la forma de relacionarse.
Entre ellas se encuentran Tinderella, Houdini o el síndrome de la puerta entreabierta, neologismos relacionados con fenómenos como las aplicaciones de citas, la hiperconectividad o las dificultades para asumir compromisos estables.
“Estas expresiones aparecen en los medios de comunicación, en libros de autoayuda, en las redes sociales y en espacios de divulgación psicológica para describir patrones afectivos, dependencias emocionales, miedos al compromiso o formas de relacionarse en la era digital”, explica Guerrero.
De Cenicienta y Wendy a Tinderella y Houdini
La evolución de estas denominaciones permite observar cómo el lenguaje utilizado para hablar del amor cambia al mismo tiempo que cambian las relaciones sociales.
Los nombres más conocidos recurren con frecuencia a personajes literarios o culturales para representar determinados comportamientos. El síndrome de Cenicienta, por ejemplo, se ha utilizado para hablar de determinados patrones relacionados con la dependencia o la expectativa de que otra persona cambie la propia vida.
En los últimos años, en cambio, han aparecido expresiones construidas a partir de fenómenos propios de las relaciones digitales. Tinderella, Houdini o el síndrome de la puerta entreabierta reflejan problemas y comportamientos asociados a las aplicaciones de citas, la dificultad para establecer compromisos o las nuevas dinámicas de comunicación interpersonal.
Para Guerrero, estas denominaciones pueden entenderse como una especie de “radiografía cultural” de nuestras relaciones en pareja. “Sin embargo, también contribuyen a presentar como síndromes lo que en realidad son experiencias vinculadas a la socialización del amor, los roles de género o determinadas circunstancias emocionales”, aclara la investigadora.
La cuestión, por tanto, no es únicamente qué significan estos términos, sino qué idea sobre las relaciones afectivas transmiten cuando se presentan como síndromes.
Los ‘síndromes del amor’ presentan un importante sesgo de género
El análisis realizado por los investigadores de la Universidad de Málaga también ha detectado un marcado sesgo de género en estas denominaciones.
Casi la mitad de los síndromes analizados se presentan como problemas que afectan exclusivamente a las mujeres, mientras que menos del 10 % se atribuyen a los hombres.
El resultado apunta a una distribución desigual de las etiquetas utilizadas para describir determinados comportamientos dentro de las relaciones de pareja. El estudio señala además que muchas de estas denominaciones reproducen estereotipos tradicionales relacionados con la dependencia emocional, la necesidad de ser amadas o el sacrificio por la pareja.
De esta manera, determinados comportamientos pueden terminar asociados de forma preferente a las mujeres, reforzando representaciones tradicionales sobre cómo deben comportarse dentro de una relación afectiva.
El lenguaje también construye nuestra idea del amor
Una de las principales conclusiones del trabajo es que el lenguaje empleado para hablar de las relaciones de pareja no se limita a describir la realidad. Las palabras utilizadas por los medios de comunicación, los libros de autoayuda, las redes sociales o los espacios de divulgación psicológica también pueden contribuir a construir determinadas interpretaciones sobre el amor, las relaciones entre mujeres y hombres y la propia salud mental.
En este sentido, los llamados ‘síndromes del amor’ constituyen un ejemplo de cómo una etiqueta puede adquirir apariencia de diagnóstico aunque su origen y utilización sean fundamentalmente socioculturales.
El estudio de Susana Guerrero y Raúl Cremades plantea así una mirada crítica sobre la terminología utilizada para describir las relaciones afectivas. Más allá de la popularidad de nombres como Cenicienta, Wendy, Madame Bovary, Tinderella o Houdini, la investigación invita a distinguir entre denominaciones difundidas socialmente y trastornos clínicos reconocidos.
La evolución de estas expresiones muestra además cómo el lenguaje incorpora los cambios en la forma de relacionarse: de los arquetipos procedentes de la literatura y la cultura popular a nuevos términos surgidos en torno a las aplicaciones de citas y la comunicación digital.













