Cada vez hay más personas mayores al volante. Es una consecuencia del envejecimiento de la población, sin embargo, la conducción a partir de cierta edad entraña un peligro añadido. Un equipo de la Universidad de Granada (UGR) ha comprobado que las personas mayores de 65 años tienen dificultades agravadas para anticipar los peligros del tráfico y, en este sentido, cometen los mismos errores que los conductores inexpertos.

Concretamente, el grupo del Centro de Investigación Mente, Cerebro y Comportamiento de la UGR ha demostrado que el rendimiento al volante de las personas mayores disminuye ante riesgos que requieren dividir la atención entre distintos puntos de la escena de conducción, es decir, cuando se presentan más de un peligro al mismo tiempo.
Una conducción al nivel de los noveles
“Se ha detectado una ejecución tan baja ante dichas situaciones como la de los conductores sin experiencia que medimos en estudios previos”, explica Cándida Castro, investigadora del Centro de Investigación Mente, Cerebro y Comportamiento de la UGR (CIMCYC) que lidera este trabajo. Además, la respuesta se ve especialmente afectada cuando las amenazas (potenciales y en desarrollo) aparecen en ubicaciones alejadas entre sí.
El artículo científico, recientemente publicado en la revista Accident Analysis and Prevention, introduce el uso de una prueba creada y validada por investigadores del CIMCYC de la UGR, en la que se presentan vídeos naturalistas de conducción y se pide a los participantes que realicen una tarea de predicción de peligros para analizar cómo las personas mayores perciben y responden ante situaciones de riesgo en la carretera.
El trabajo ha sido posible gracias a la colaboración de científicos de la Universidad de Granada, pertenecientes al Centro de Investigación Mente, Cerebro y Comportamiento (Cándida Castro y Daniel Salazar Frías), al Departamento de Óptica de la UGR (Sonia Ortiz-Peregrina, Francesco Martino y José Juan Castro-Torres); y de Terapia Ocupacional de la Universidad de Málaga (Jorge Clavijo-Ruiz).
“Este nuevo enfoque ayuda a identificar con mayor precisión los riesgos asociados a la conducción en la tercera edad y sirve como herramienta para futuras intervenciones preventivas o evaluaciones clínicas. En un contexto de envejecimiento poblacional y aumento de conductores mayores, los hallazgos son relevantes para las políticas de seguridad vial y el diseño de sistemas de evaluación más justos y eficaces”, detalla Sonia Ortiz Peregrina, profesora del Departamento de Óptica.













