Lo natural no siempre es inofensivo: el sen no elimina grasa, y su uso prolongado puede dañar el hígado

El sen, una planta utilizada como laxante y a la que también se le atribuye la capacidad de ayudar a bajar de peso, no elimina grasa. Su efecto aumenta la pérdida de agua y electrolitos, y cuando su consumo se prolonga puede afectar el hígado

Una práctica clínica de estudiantes de Farmacia de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) en el Hospital Universitario de La Samaritana evidenció estos riesgos a partir del caso de una mujer que tomó infusiones de hojas de sen durante cerca de un año

Hojas de sen preparadas para su comercialización. Foto de Surtidora del Bajio.

El caso apareció al revisar los antecedentes de una mujer de 58 años que llegó al Hospital, a quien se le preguntó si usaba de plantas medicinales, y allí surgió un dato que podría pasar inadvertido. Por recomendación de una persona cercana, ella tomó infusiones de hojas de sen durante cerca de un año, para adelgazar. Aunque la práctica clínica no permite establecer si este consumo causó sus problemas de salud posteriores, sí puso sobre la mesa los riesgos asociados con el uso prolongado de esta planta.

La mujer, procedente de Facatativá, ingresó con diabetes mellitus tipo 2, hipertensión arterial y sobrepeso. «Ella conseguía las hojas de sen fácilmente en una plaza de mercado, preparaba la infusión en agua caliente y la consumió de manera repetida durante casi un año», cuenta la estudiante Mariana Contreras García, de último semestre de Farmacia de la UNAL, quien realiza su práctica clínica en La Samaritana con su compañera María José Rocha Vanegas.

Y sí, perdió peso, pero el problema está en entender por qué. El sen (Senna alexandrina) es una planta de la familia de las leguminosas, originaria de una amplia franja que va desde el Sahara y el Sahel africanos hasta el subcontinente indio, y hoy también está presente en Colombia.

Sus hojas se han utilizado por su acción laxante, que proviene de compuestos conocidos como antraquinonas. Al llegar al intestino grueso, estos estimulan sus movimientos y modifican la absorción de agua y electrolitos. El resultado no es una quema de grasa, sino más líquido dentro del colon, heces más blandas y evacuaciones más frecuentes.

“Ese estado de laxante permanente hace perder líquidos y electrolitos, no absorber bien los alimentos, y en consecuencia la persona va perdiendo peso”, explica el profesor Ilvar Muñoz Ramírez, del Departamento de Farmacia de la UNAL, quien acompañó a las estudiantes durante la entrevista clínica a la paciente, como parte de la práctica que realizan en el Hospital.

Una hoja que se activa dentro del intestino

La explicación de lo que sucede después de beber una infusión de sen está en una pequeña cadena de transformaciones químicas que comienza cuando sus componentes llegan al colon.

«El sen actúa como un laxante estimulante. Cuando sus componentes llegan al colon, las bacterias intestinales los transforman en sustancias activas que ponen al intestino en movimiento y modifican la manera como maneja el agua y los electrolitos, estimulando la motilidad colónica porque actúan sobre las terminaciones nerviosas», explica la estudiante Rocha.

Esto quiere decir que estimulan las contracciones que ayudan a mover el contenido por el intestino, y al mismo tiempo hacen que se absorba menos agua y que una mayor cantidad permanezca en el colon. Así las heces se ablandan y las evacuaciones se hacen más frecuentes.

El efecto ocurre, por un lado, porque estas sustancias estimulan las terminaciones nerviosas que intervienen en las contracciones intestinales, y por otro lado porque disminuyen la absorción de agua y electrolitos y favorecen su paso hacia el interior del colon.

Así se ablandan las heces y aumenta la facilidad y frecuencia de las deposiciones. Ese mecanismo explica por qué el sen puede ser útil como laxante, pero también por qué no debería convertirse en una bebida de consumo cotidiano.

«Es importante consumir estas hojas en periodos cortos, de alrededor de una semana, pero la paciente lo hizo durante cerca de un año», agrega la estudiante.

El hígado también entra en escena

El intestino no es el único órgano que puede verse comprometido cuando el consumo del sen se vuelve crónico.

La estudiante Rocha anota que algunos metabolitos presentes en la planta son altamente reactivos y pueden afectar los hepatocitos —principales células del hígado encargadas de funciones esenciales como procesar nutrientes, transformar sustancias potencialmente tóxicas y producir proteínas necesarias para el organismo—, al interferir en el proceso mediante el cual producen la energía que necesitan para funcionar. Si esa afectación se mantiene en el tiempo puede comprometer el funcionamiento del órgano, por eso el consumo crónico genera un daño hepático muy grave.

Estos compuestos pueden interferir particularmente en el funcionamiento de las mitocondrias, estructuras que suministran la energía que las células necesitan para cumplir sus tareas.

Cuando el equipo conoció a la paciente, ella ya tenía diagnóstico de cirrosis hepática y una lesión focal en el hígado. Los médicos estudiaban además la probabilidad de un hepatocarcinoma o tumor maligno originado en el órgano.

El caso clínico no demuestra que el consumo del sen haya causado estas enfermedades. La revisión realizada durante la práctica permitió establecer que existía un antecedente de consumo prolongado de la planta, y que, por sus efectos conocidos y el tiempo de consumo, resultaba relevante dentro de la historia clínica de la paciente.

La mujer fue dada de alta y quedó pendiente de una biopsia y de nuevos controles médicos para establecer la naturaleza de la lesión hepática.

Natural no quiere decir inocuo

La estudiante Contreras señala que el caso también deja una enseñanza sobre la manera como se aborda a los pacientes en un país como Colombia, en donde el uso de plantas medicinales está profundamente arraigado en la vida cotidiana.

«Una parte importante de nuestra cultura es usar las plantas para curar, por eso los químicos farmacéuticos deben tener en cuenta el contexto de cada paciente y preguntarle expresamente por este consumo», recalca, y hace una advertencia sencilla pero relevante: «el hecho de que sean plantas, que sean productos naturales, no significa que no nos vayan a hacer daño».

Esa percepción de seguridad puede hacer que una infusión, un extracto o incluso un producto comercial de origen vegetal se consuma durante semanas o meses sin que la persona lo mencione cuando consulta al médico.

Las plantas también contienen sustancias químicas capaces de producir efectos en el organismo. Algunas pueden modificar la acción de los medicamentos: aumentarla, disminuirla o interferir con ella.

«Muchos metabolitos de algunas de estas plantas pueden tener interacciones con algunos de los otros medicamentos», agrega la estudiante Rocha.

Recuerda además que los productos derivados de las plantas son mezclas complejas de diferentes metabolitos, mientras que un medicamento convencional suele estar compuesto por un principio activo, excipientes y una tecnología farmacéutica determinada. La diferencia no significa que uno sea bueno y el otro malo, sino que ambos producen efectos en el organismo y se deben emplear con conocimiento de sus beneficios y riesgos.

«Aunque los dos tienen ventajas y desventajas, conocer a profundidad los medicamentos y las plantas nos permite extraer los mayores beneficios de ambos», afirma.

Por eso, durante las prácticas hospitalarias los futuros químicos farmacéuticos indagan no solo qué medicamentos formulados consume una persona, sino también qué infusiones, plantas o productos naturales utiliza. En este caso, una pregunta sobre ese consumo permitió recuperar un antecedente de hacía varios meses y ponerlo en diálogo con la situación clínica que llevó a la paciente al Hospital.

Los aportes de las estudiantes Contreras y Rocha se compartieron en el espacio radial Desde la botica, del Departamento de Farmacia y del Centro de Información de Medicamentos de la UNAL (CIMUN), emitido por Radio UNAL con la conducción del profesor Muñoz.

Escuche aquí el programa completo.

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