¿La inteligencia artificial ha superado a la humana? Por el momento no. Así se desprende de la evaluación que 1.100 científicos de todos los ámbitos han sometido a esta tecnología, para valorar su réplica a preguntas de respuesta inequívoca, que requieren más de una búsqueda en Internet.

El estudio, publicado en la revista Nature y que ha contado con la participación de la investigadora de la Universidad de Granada, María Cruz Boscá, ha demostrado las limitaciones de los modelos de inteligencia artificial cuando tienen que resolver conceptos científicos profundos. Del mismo modo, se ha comprobado que hereda errores contenidos en los manuales clásicos.
Un examen internacional para conocer los límites de la inteligencia artificial
La comunidad científica internacional ha sometido a un gran examen final a la Inteligencia Artificial en la que más de 1.100 científicos de todo el mundo y todos los ámbitos de la ciencia han sometido a la IA preguntas en la frontera del conocimiento humano para evaluar la capacidad de respuesta de los modelos LLM.
El estudio nació con el objetivo de determinar si los actuales grandes modelos de lenguaje (LLM) poseen una amplia y verdadera capacidad de resolución creativa o si, por el contrario, su funcionamiento se limita a una sofisticada gestión de los datos que esos modelos rescatan de la nube. Para ello, la comunidad científica diseñó una batería de preguntas de alta complejidad técnica y conceptual.
La publicación de Naturej ustifica la necesidad de este estudio/examen al límite a la IA en que las bases de preguntas y tareas de referencia son herramientas importantes para realizar un seguimiento de los rápidos avances en las capacidades de los LLM y, en el momento actual de su desarrollo, las bases ya disponibles no estaban a la altura en cuanto a dificultad.
Una prueba con 2.500 preguntas
El examen se ha diseñado para ser un test marco de referencia académico cerrado de nivel experto con una amplia cobertura de temas. Consta de dos bases con 2.500 preguntas sobre docenas de temas y y contiene tanto preguntas de opción múltiple como de respuesta corta única, adecuadas para la calificación automatizada.
Cada pregunta tiene una solución conocida que es inequívoca y verificable, pero que no puede responderse rápida y fácilmente mediante una búsqueda en Internet. Los principales LLM de última generación han mostrado una baja precisión y calibración, lo que pone de relieve una marcada diferencia entre las capacidades actuales de los LLM y las de los expertos humanos en las diferentes preguntas académicas planteadas, referentes a diversos campos científicos.
Preguntas difíciles para descubrir los fallos de la IA y corregir los errores
Según explica la profesora Boscá, quien ha puesto a prueba los límites del razonamiento artificial en el ámbito de la física cuántica, su participación y la del resto de firmantes tuvo un enfoque pedagógico específico: hacer preguntas difíciles para analizar sus fallos y contribuir a su mejora.
“Para ello hemos redactado una serie de preguntas que, formuladas a distintas AI, han generado respuestas incorrectas. El propósito, por supuesto, no era en ningún caso deslustrar el colosal avance científico que suponen los sistemas de AI, sino analizarlos para conseguir su progresiva optimización”, explica la investigadora.
“Cuando me propusieron participar y conocí el sentido de la investigación, no dudé en unirme al proyecto, ya que es un tema apasionante sobre el cual considero que, como científicos y como sociedad, debemos hacer un esfuerzo colectivo para conseguir que el conocimiento generado sea veraz y riguroso”.
La contribución de la investigadora granadina consistió en formular preguntas que, lejos de presentar una elevada complejidad matemática —campo al que pertenecen el 41% de las cuestiones de la base—, exigían una profunda comprensión conceptual, más allá de la mera búsqueda bibliográfica.
Las inteligencias artificiales no eligen las respuestas correctas
El resultado fue revelador: las inteligencias artificiales no lograron elegir las respuestas correctas. En una de las cuestiones, relacionada con la paradoja Einstein-Podolsky-Rosen, la máquina falló debido a un sesgo interpretativo clásico, asumiendo una realidad objetiva en la medición que contradice los principios cuánticos. En otro caso, relativo al experimento Stern-Gerlach, la IA reprodujo un error factual que se repite en numerosos manuales científicos, demostrando que estos sistemas pueden perpetuar equivocaciones bibliográficas si no se les entrena para discernir la respuesta correcta.
A pesar de estos tropiezos, la profesora de la UGR mantiene una visión optimista sobre la evolución de esta tecnología. La doctora Boscá sostiene que los sistemas actuales de LLM más avanzados han trascendido ya la mera búsqueda de información para comenzar a realizar análisis reflexivos complejos.
La IA empieza a realizar análisis reflexivos compleos
“Estos LLM de última generación han llegado a un estadio de desarrollo en el que ya no se limitan a explorar inmensas bases de datos en la búsqueda de repuestas, sino que, además, son capaces de realizar análisis reflexivos complejos a partir de los datos disponibles”, explica la investigadora, que considera “un hito la derrota de los mejores jugadores profesionales de GO en 2016”. El hecho de que luego “otros jugadores humanos lograran devolver el golpe, ganando a las AI, no cambió mi opinión: quedó probada la capacidad de aprendizaje autónomo de las AI, esto es, la similitud creciente de cómo funciona la IA con cómo lo hacemos los humanos. Y se demostró con la nueva versión de IA AlphaZero”.
La investigadora concluye que “el verdadero hito llegará cuando la IA no solo evite errar en el conocimiento establecido, sino que además sea capaz de plantear nuevas preguntas y ofrecer respuestas a incógnitas científicas que hoy en día los humanos aún no hemos logrado resolver”.













