«Las ciudades no están preparadas para convivir con olas de calor permanentes»

En un contexto de olas de calor cada vez más frecuentes e intensas, la capacidad de adaptación de nuestras ciudades se ha convertido en una necesidad urgente. José Luis Esteban Penelas, catedrático de Arquitectura en la Universidad Europea de Madrid, considera que “las ciudades no están preparadas para convivir con olas de calor permanentes”, aunque subraya que “esta situación es totalmente reversible” si se rediseñan las estrategias arquitectónicas y urbanísticas con criterios de sostenibilidad climática.

Temperatura alcanzada en una calle céntrica de Granada.

El reto, para el profesor, pasa por replantear materiales, formas y usos del espacio urbano. “El asfalto, por ejemplo, es uno de los grandes generadores del efecto isla de calor. Absorbe durante el día y expulsa calor por la noche. Habría que sustituirlo por pavimentos menos irradiantes como el granito o la piedra caliza, que se usaban tradicionalmente”, propone.

También los edificios juegan un papel crucial, y el experto sugiere transformar las fachadas para disminuir la acumulación térmica, favorecer la ventilación y utilizar tecnologías inteligentes que generen sombra o actúen como reguladores climáticos.

El papel de la vegetación para mitigar el efecto de las olas de calor

La vegetación, sin embargo, ocupa un lugar prioritario en su enfoque. No basta con plantar árboles de forma aislada, “la vegetación urbana debe entenderse como parte estructural de la ciudad. Hay que pasar de la idea de una ciudad con árboles a una ciudad que sea un bosque”. Penelas apuesta por convertir azoteas en jardines conectados, reverdecer fachadas y crear corredores ecológicos que recorran los barrios. “Se trata de construir megaciudades verdes, donde los edificios parezcan pabellones dentro de un parque urbano. Incluso el agua debe formar parte del diseño, con sistemas de pulverización, canales, fuentes o pérgolas naturales que aporten sombra y frescor”, afirma.

Algunos referentes internacionales están ya mostrando el camino. El catedrático destaca iniciativas en París, Los Ángeles o Singapur, pero también reconoce avances en ciudades españolas como Madrid, Bilbao o Barcelona. “Madrid, por ejemplo, es una de las ciudades del mundo con mayor superficie verde. Está empezando a implementar estrategias para combatir el calor con más espacios sombreados y lugares públicos de refrigeración. En Los Ángeles incluso han empezado a pintar el asfalto de gris claro para reducir su capacidad de absorción térmica”, explica el experto.

Consecuencias medioambientales y humanas

Las consecuencias de no actuar ya no son solo medioambientales, sino también humanas. “En 2024, las olas de calor provocaron más de 2.000 muertes en España. Tres fallecimientos al día por ola de calor. Es una cuestión de salud pública”, recuerda el catedrático de la Universidad Europea. Por ello, considera esencial que los ayuntamientos, junto con administraciones autonómicas y estatales, trabajen en soluciones coordinadas. “Disminuir la temperatura medioambiental debería ser una prioridad transversal y urgente”, apostilla.

Respecto a las viviendas, el arquitecto reconoce que la mayoría no están térmicamente preparadas para los veranos extremos. “Pero sí se están promoviendo acciones desde la administración para mejorar los aislamientos o sustituir materiales. Es fundamental utilizar tecnologías que enfríen en verano y conserven el calor en invierno, como hacían los edificios tradicionales”, apunta el profesor de la Universidad Europea.

El rediseño urbano, insiste, no tiene por qué enfrentarse a la estética, “un diseño más climático es también un diseño más bello. No son ideas opuestas, sino complementarias. Se pueden hacer paseos más funcionales, más verdes y al mismo tiempo más atractivos, con espacios para descansar, sentarse o refrescarse. Es otra forma de embellecer la ciudad”.

Penelas también propone adaptar horarios, movilidad y hábitos cotidianos. “Podemos crear trayectos más cortos, usar transporte público no contaminante o generar corredores de sombra que recorran la ciudad. El ritmo urbano también debe responder a las nuevas necesidades térmicas”.

Para concluir, el catedrático lanza un mensaje claro: “Hay que concienciar a administraciones, arquitectos y ciudadanía de que la adaptación de las ciudades al cambio climático ya no es una opción, es una necesidad estructural. Nuestros nuevos barrios y espacios públicos deben estar pensados para una vida cotidiana compatible con temperaturas extremas. El diseño del futuro será sostenible o no será”.