La nariz electrónica que detecta un incendio al primer indicio

La Universidad de Extremadura y el CSIC desarrollan una serie de sensores para la prevención y detección temprana de los incendios forestales. Estos sistemas, que funcionan como una especie de nariz electrónica, analizan la humedad del suelo, los gases del ambiente y huelen el fuego antes que nadie.

Uno de los sensores desarrollados en el marco del proyecto SenForFire.

La tragedia ambiental de cada verano. Los incendios forestales de última generación han adquirido unas dimensiones que los hacen prácticamente ingobernables. Los medios disponibles en la actualidad son insuficientes para hacerles frente y en demasiados casos se está a merced de la evolución de las llamas. Por este motivo, nada mejor que anticiparse al fuego.

La Universidad de Extremadura (UEx), el Instituto de Microelectrónica de Barcelona y el Instituto de Tecnologías Físicas y de la Información, ambos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, participan en el proyecto SenForFire, para el desarrollo de un conjunto de sensores electrónicos de nueva generación y bajo coste, para la prevención, detección de un incendio nada más producirse, así como la evaluación de la calidad del aire de las poblaciones cercanas al fuego.

Esta tecnología se suma a las estrategias de prevención de incendios, entre las que se encuentran las actuaciones forestales de reducción de biomasa combustible, bien con ganado o mediante operarios forestales; y las quemas controladas, una práctica que permite mantener el monte limpio de maleza, utilizando el propio fuego.

Sensores y narices electrónicas para la detección temprana de los incendios

Concretamente, el equipo de investigadores de SenForFire trabaja en el desarrollo de prototipos de micro y nanosensores basados en tecnología MEMS, que suben datos a una nube y emiten señales de alarma cuando se detectan condiciones compatibles con un incendio forestal.

El investigador de la UEx, Jesús Lozano, explica que el proyecto SenForFire tiene un objetivo triple. Por un lado, se trabaja en la prevención, mediante un conjunto de sensores que miden la humedad del suelo y las condiciones meteorológicas, que ayudan a determinar con una precisión mayor el nivel de riesgo de que se produzca un incendio.

Quema realizada en Ávila para evaluar el comportamiento de los sensores.

El segundo objetivo de este proyecto pasa por la detección temprana del fuego, para lo que se desarrollan dispositivos que detectan los gases y las partículas liberados en los incendios. Los de gases funcionan como una especie de nariz electrónica, capaz de detectar “gases como monóxido de carbono, dióxido de carbono, hidrógeno, dióxido de nitrógeno y ozono, así como compuestos orgánicos volátiles”.

Además, los de carácter óptico pueden ‘ver’ las partículas liberadas cuando se produce un incendio, gracias a sistemas de fotoionización, infrarrojos y sensores ópticos de partículas que equipan.

La tercera pata de este proyecto pasa por poner en marcha sistemas para el análisis de gases y partículas, de cara a ofrecer información sobre calidad del aire a las poblaciones cercanas a los incendios.

Herramientas para anticiparse a los incendios

Los resultados iniciales recogidos en diferentes pruebas son prometedores. Estos sensores de nueva generación han mostrado una sensibilidad elevada, tanto a los gases generados en los incendios como a las partículas presentes en el aire fruto de la quema. Además, reacción con una rapidez que ha asombrado a los propios investigadores. Eso sí, la velocidad en la respuesta no es siempre la misma, sino que depende tanto de la distancia al fuego, como del método de medición empleado, es decir, con sin toma de muestra de aire.

Jesús Lozano, investigador de la Universidad de Extremadura.

El pasado mayo se probaron los sensores en unas quemas prescritas realizadas en Ávila, con paja, ramas gruesas de encina, pellets y ramas finas de restos de poda. El objetivo fue evaluar el funcionamiento de los sensores en condiciones muy similares a las reales. Los resultados obtenidos confirmaron lo que ya se había descubierto en sesiones de laboratorio y serán de gran utilidad para que SenForFire desarrolle una estación meteorológica pequeña, ligera y de bajo consumo energético, pensada para ser instalada en muchas ubicaciones simultáneamente formando parte de redes inteligentes de sensores conectados a internet.

Evaluar el estado de humedad del monte

Hasta el final del periodo de riesgo máximo de incendio, el trabajo en el proyecto SenForFire se centrará en la realización de campañas de prevención, orientadas a evaluar el estado de humedad del combustible forestal, tanto del combustible vivo como del combustible muerto, así como del suelo, factor clave para anticipar posibles riesgos y planificar medidas preventivas efectivas.

El despliegue de la red de sensores se llevará a cabo durante la campaña de incendios del verano de 2026, una vez que se haya afinado el funcionamiento de estos sensores de nueva generación, explica Jesús Lozano.

Estos sensores suponen un paso decisivo para anticiparse a los incendios y detectarlos en sus primeras fases; una herramienta que ayudará a evitar que un pequeño fuego se convierta en un incendio forestal de grandes dimensiones y que arrase miles de hectáreas de monte.