La inteligencia artificial y los modelos avanzados de análisis de datos están permitiendo un avance clave en la agricultura: mejorar el aroma, el sabor y la calidad de la fresa en función del entorno de cultivo.

Un equipo de investigación de la Universidad de Málaga (UMA) y el Instituto de Hortofruticultura Subtropical y Mediterránea ‘La Mayora’ (IHSM-UMA-CSIC), con financiación de la Consejería de Universidad, Investigación e Innovación, ha identificado los factores genéticos y ambientales que determinan el perfil sensorial del fruto. El objetivo es claro: desarrollar nuevas variedades de fresa más aromáticas, más estables y adaptadas al cambio climático mediante herramientas basadas en inteligencia artificial.
La inteligencia artificial aplicada a la mejora del sabor de la fresa
El estudio, publicado en la revista Food Chemistry, demuestra que la combinación de modelos matemáticos avanzados, análisis multivariante e inteligencia artificial permite analizar cómo interactúan la genética, el clima y el tipo de cultivo en la calidad final del fruto.
“Esta combinación nos ha permitido integrar grandes volúmenes de datos biológicos y predecir el comportamiento de la fruta en distintos escenarios climáticos”, explica José G. Vallarino, investigador del Instituto de Hortofruticultura Subtropical y Mediterránea ‘La Mayora’ (IHSM-UMA-CSIC) y uno de los autores del estudio.
Este enfoque abre la puerta a acelerar los programas de mejora vegetal, reduciendo tiempos y costes, y facilitando la selección temprana de variedades con mejor perfil sensorial.
El entorno determina el aroma y el sabor de la fresa
Los resultados de la investigación confirman que el entorno de cultivo es determinante en la calidad final del fruto. Las temperaturas elevadas aceleran la maduración y aumentan la acidez, mientras que los climas más suaves favorecen la acumulación de azúcares y compuestos aromáticos, mejorando el sabor.
“Los cultivos se comportan de forma diferente según el entorno, el método de producción y la genética, así como la interacción entre estas variables”, señalan los investigadores de la Universidad de Málaga y el IHSM-UMA-CSIC en las conclusiones del estudio.
Hasta un 30% del perfil del sabor depende del entorno
El estudio revela que el entorno del cultivo puede modificar hasta un 30% del perfil metabolómico de la fresa, es decir, el conjunto de moléculas responsables de su aroma y sabor.
Además, la interacción entre genética y entorno explica alrededor del 18% de la variabilidad del fruto, mientras que otros factores como la fecha de cosecha tienen un impacto mucho menor, inferior al 5%.
Según los investigadores de la UMA, estos datos refuerzan la idea de que el sabor de la fresa no depende de un único factor, sino de una interacción compleja entre genética, ambiente y manejo agrícola.

Cuatro variedades de fresa y cinco países europeos
Para llegar a estas conclusiones, el equipo analizó cuatro variedades de fresa —Clery, Frida, Gariguette y Sonata— cultivadas en diferentes condiciones. Parte del estudio se realizó en campo abierto en Noruega, Alemania y Polonia, mientras que otra parte se desarrolló en túneles de polietileno en Italia y Francia.
En todos los casos se aplicaron técnicas multi-ómicas que analizan desde el ADN y el ARN hasta los metabolitos responsables del aroma final del fruto.
Moléculas clave del aroma de la fresa
Entre los compuestos identificados destacan la sacarosa, el linalol y la γ-decalactona, responsables directos del aroma y el sabor característico de la fresa. “Estas moléculas influyen en el metabolismo de compuestos importantes ligados directamente con el perfil sensorial del fruto, su olor y su gusto”, detalla Sonia Osorio, investigadora de la Universidad de Málaga y coautora del estudio.
Los investigadores subrayan que comprender estos compuestos es clave para orientar la mejora genética hacia variedades con mayor calidad sensorial para el consumidor.
IA para acelerar la creación de nuevas variedades
Uno de los avances más relevantes del estudio es la posibilidad de reducir significativamente el tiempo necesario para desarrollar nuevas variedades de fresa.
“El desarrollo de una nueva variedad de fresa por métodos clásicos lleva entre 8 y 12 años; con selección asistida por marcadores moleculares y tecnologías actuales como la edición de genomas, este plazo puede reducirse a 2-4 años, ahorrando además costes a los agricultores”, destaca el equipo investigador.
Este avance se apoya en el uso de modelos matemáticos avanzados y análisis de datos masivos que sientan las bases para futuros sistemas de aprendizaje automático e inteligencia artificial aplicada a la mejora vegetal.
Un futuro de fresas más aromáticas gracias a la inteligencia artificial
Los investigadores trabajan ahora en la medición de los compuestos volátiles que determinan el aroma final del fruto.
“El objetivo es potenciar no solo la parte visual, sino también la parte sensorial y hedónica de la fresa”, apunta Vallarino. “Aplicamos la ciencia para ofrecer al consumidor fresas de mayor calidad, más aromáticas y adaptadas a los desafíos del cambio climático”.
La meta del equipo de la Universidad de Málaga y el IHSM-UMA-CSIC es clara: utilizar la inteligencia artificial para lograr fresas más sabrosas, más aromáticas y mejor adaptadas al futuro climático.













