En los invernaderos de Almería, la gestión del agua es crucial. Esta provincia, la más árida de Europa y conocida como la huerta del continente, ha tenido que buscar soluciones innovadoras para sus recursos hídricos. Una de las más prometedoras es el uso de agua desalada en sus invernaderos. Sin embargo, su bajo contenido mineral obliga a mezclarla con agua convencional, lo que plantea un desafío: ¿cuál es la proporción de agua desalada, convencional y fertilizantes para optimizar la producción y calidad de los frutos? El grupo de Ingeniería Rural de la Universidad de Almería (UAL) ha abordado esta cuestión con un estudio exhaustivo, que sienta las bases para una aplicación que calcula la proporción ideal de cada tipo de agua.

El desafío del agua en Almería y la solución desalada
La provincia de Almería, líder en agricultura intensiva bajo invernadero, enfrenta una escasez hídrica crónica. Cada gota de agua es un tesoro, y la búsqueda de fuentes alternativas es constante. El agua desalada emerge como una opción viable, pero su particular composición, con bajo contenido de sales minerales, exige una gestión precisa. Es fundamental mezclarla con agua convencional y ajustar el aporte de fertilizantes para evitar problemas en los cultivos. La clave reside en determinar la proporción exacta de esta mezcla para maximizar la producción y, crucialmente, la calidad de los tomates.
Bajo la coordinación del catedrático de Ingeniería Hidráulica, Juan Reca, integrantes del grupo de investigación de la UAL analizaron durante tres años cómo diferentes mezclas de aguas desaladas y convencionales afectaban a la calidad de los tomates. Los estudios no se limitaron a eso; también compararon el comportamiento de los cultivos en suelo con el modelo hidropónico, donde la planta crece en un sustrato de fibra de coco. Además, incorporaron la posibilidad de aprovechar los lixiviados de riego, el agua sobrante que llega al suelo, como fuente adicional de agua y nutrientes, mejorando la eficiencia hídrica del sistema.
Hallazgos clave del estudio: calidad y rendimiento del tomate
Los resultados obtenidos revelaron evidencias sorprendentes que podrían revolucionar los modelos de cultivo bajo invernadero en climas áridos como el del Sureste de la Península Ibérica, abriendo la puerta a una nueva era de tomates cultivados de forma sostenible.
La salinidad: un factor decisivo en el sabor y tamaño
Una de las conclusiones más llamativas del estudio es que la salinidad, y por ende la conductividad eléctrica del agua, influye de manera decisiva en el tamaño del tomate. A mayor salinidad, menor es el fruto. La explicación a este fenómeno es sencilla: la sal dificulta que la planta absorba agua, lo que limita su crecimiento.
Sin embargo, esta investigación reveló que los tomates regados con aguas más salinas presentan un sabor más intenso. Según explica Juan Reca, esto se debe a que a medida que aumenta la sal en el agua de riego, los frutos acumulaban más materia seca y más sólidos solubles, especialmente azúcares. El resultado eran tomates más dulces, más densos y más aromáticos. La firmeza también aumentaba, algo que mejora la textura y prolonga la vida útil del fruto después de la cosecha. En otras palabras, los tomates pequeños eran mejores.
La novedad de este estudio reside en que demuestra el efecto positivo de la sal, también en agua desalada, una alternativa que gana presencia en los invernaderos no solo de Almería, sino del resto de provincias del sureste español.
Cultivo en suelo frente a hidropónico: calidad superior sin suelo
El tipo de cultivo también desempeñó un papel importante. Los tomates cultivados en suelo tendían a ser ligeramente más grandes, pero los producidos en sistemas sin suelo, especialmente en fibra de coco, destacaron por su mayor calidad. Estos últimos presentaron valores más altos de sólidos solubles, mayor firmeza y un contenido más elevado de materia seca. El control exacto de la nutrición y la salinidad en el sustrato permitió obtener frutos más consistentes y sabrosos, una ventaja clara en un mercado que valora cada vez más la calidad sensorial del producto.
El momento de la cosecha: modulando el perfil del tomate
El momento de la cosecha añadió otro factor decisivo. Los tomates recolectados en las primeras semanas eran más grandes y jugosos, pero menos dulces. Las cosechas tardías ofrecían frutos más pequeños, pero con mucho más sabor. En invierno, cuando las temperaturas son más bajas y el crecimiento se ralentiza, la planta incorpora menos agua al fruto, pero mantiene la acumulación de azúcares y compuestos aromáticos. El resultado es un tomate más concentrado y sabroso.
Este hallazgo tiene un interés especial para los productores que buscan diferenciar su producto. La ventana de cosecha puede convertirse en una herramienta para modular el perfil sensorial del tomate, de forma que se pueda priorizar la cantidad o la calidad según la estrategia comercial.
Reutilización de lixiviados: ahorro y sostenibilidad
Junto a todos estos elementos, el equipo de Juan Reca ha estudiado la posibilidad de recoger los drenajes del cultivo sin suelo e incorporarlos de nuevo al sistema. Estas aguas, ricas en nutrientes, son una fuente de contaminación de los suelos si no se gestionan. Sin embargo, si se tratan adecuadamente, se transforman en un fertilizante adicional, optimizando el fertirriego y permitiendo ahorrar costes.

Tecnología al servicio del agricultor: la aplicación de optimización de riego
Las implicaciones del estudio van más allá del tomate. Demuestran que la gestión inteligente del agua desalinizada puede transformar la agricultura en zonas áridas. Mezclar agua desalinizada con aguas de mayor contenido mineral permite ajustar la salinidad hasta lograr el equilibrio adecuado entre rendimiento y calidad. Este tipo de estrategias puede contribuir a aliviar la presión sobre los acuíferos, reducir el uso de fertilizantes y mejorar la sostenibilidad del sistema agrícola.
El futuro apunta hacia modelos más precisos, donde tecnología y agricultura se encuentren para aprovechar cada gota de agua. Los sistemas sin suelo, aunque más costosos, ofrecen un control mucho mayor y permiten obtener productos de alta calidad incluso en condiciones ambientales desfavorables.
El grupo de Ingeniería Rural ha desarrollado una aplicación que calcula la mezcla de aguas idónea. Esta herramienta es clave para los agricultores que buscan no solo optimizar sus recursos hídricos, sino también producir tomates con un valor añadido superior, marcando un antes y un después en la agricultura de precisión. Un conjunto de sensores recopila en tiempo real datos de los tres tipos de agua y del suelo. Entonces, la aplicación calcula la proporción idónea de cada una, así como la cantidad de abono necesaria.
El futuro sostenible de los invernaderos de Almería
La conclusión es clara: el agua del mar, una vez desalinizada y usada con inteligencia, no solo puede mantener la producción agrícola en zonas secas, sino también mejorar la calidad del tomate. Más pequeños, sí, pero con un sabor más intenso, una textura más firme y una vida útil más prolongada. En un mundo donde la escasez de agua es un desafío creciente, investigaciones como esta no solo demuestran el papel crucial de la innovación para una agricultura más sostenible, sino que también abren nuevas vías para la rentabilidad y la calidad en la producción de alimentos.















