Comprender por qué algunas personas se recuperan completamente de la COVID-19 mientras otras continúan sufriendo síntomas meses o incluso años después sigue siendo uno de los grandes desafíos científicos surgidos tras la pandemia de Covid-19. Ahora, un estudio liderado por investigadores de la Universidad de Valladolid aporta nuevas pistas sobre los mecanismos biológicos que podrían estar detrás del denominado COVID persistente.

La investigación, publicada en la revista científica Journal of Infection, identifica alteraciones específicas del sistema inmunitario presentes ya desde las primeras fases de la infección por SARS-CoV-2 en pacientes que posteriormente desarrollaron secuelas persistentes. Los resultados apuntan a que determinadas disfunciones inmunológicas tempranas podrían actuar como biomarcadores de riesgo y ayudar en el futuro a mejorar el diagnóstico y seguimiento de esta enfermedad.
Los resultados de este estudio revelan la existencia de una «huella inmunológica diferencial» – diferencias en algunas células y mecanismos de defensa – en el momento del ingreso hospitalario entre los pacientes que años después desarrollaron Covid Persistente y aquellos que no presentaron secuelas persistentes.
«Lo que hemos confirmado gracias a este estudio es que antes de que tuviesen Covid persistente ya había diferencias en el sistema inmunológico de estos pacientes. ¿Implica esto que estaban predispuestos a desarrollar Covid persistente? No lo sabemos. Lo que sí sabemos es que antes de que tuviesen Covid persistente ya había alteraciones en su sistema inmunológico innato, que es la primera línea de defensa contra las infecciones», explica el David Bernardo, investigador senior de la UVa.
El análisis también mostró que esas diferencias persistían tres meses después del alta hospitalaria, aunque evolucionaban con el tiempo. Durante la fase aguda de la infección las alteraciones más frecuentes eran las relacionadas con la inmunidad innata, es decir, la primera línea de defensa inespecífica del organismo frente a infecciones. En cambio, meses después prevalecían cambios en la inmunidad adaptativa, la encargada de generar respuestas específicas frente al virus.
Este trabajo, desarrollado por investigadores del Instituto de Biomedicina y Genética Molecular (IBGM), centro mixto de la UVa y el CSIC, junto con profesionales del Hospital Clínico Universitario de Valladolid, el Instituto de Investigación Biosanitaria de Valladolid (IBioVALL), destaca especialmente por su enfoque temporal. La mayoría de estudios sobre Covid persistente comparan pacientes que actualmente tienen secuelas de la infección con otros que no las presentan. Sin embargo, este tipo de estudios imposibilita saber si las diferencias inmunológicas observadas son la causa del problema.
«Siempre te queda la duda: ¿esas diferencias son causa o consecuencia de la enfermedad?», señala Bernardo. «Uno de los puntos más fuertes de este estudio es que nosotros teníamos criogenizadas las células de más de 1.000 pacientes desde el momento en que ingresaron en el hospital durante la primera ola. Posteriormente, lo que hemos hecho ha sido «descongelar» las de aquellos pacientes que, con el paso del tiempo acabaron desarrollando Long Covid».
Para identificar qué pacientes desarrollaron posteriormente Covid persistente, el equipo médico revisó de forma exhaustiva más de mil historias clínicas, en un trabajo que el propio investigador senior del proyecto define como «largo, duro y absolutamente indispensable». Posteriormente, las muestras fueron analizadas mediante técnicas de citometría de masas y herramientas computacionales capaces de estudiar de forma simultánea decenas de marcadores inmunológicos. «La citometría de masas de alta dimensión es una tecnología de análisis celular que, de forma avanzada, es capaz de analizar simultáneamente hasta 40 parámetros distintos de cada célula inmunitaria».
El estudio analizó a 45 personas, 22 de ellas voluntarios sanos cuyas muestras de sangre se habían obtenido antes de la pandemia, por lo que nunca habían estado en contacto con el SARS-CoV-2. Las otras 23 correspondían a pacientes hospitalizados por COVID-19 durante la primera ola, entre marzo y mayo de 2020. Dentro de este grupo de pacientes, 10 desarrollaron posteriormente COVID persistente, mientras que los otros 13 se recuperaron sin secuelas prolongadas y se utilizaron como grupo de comparación. «El COVID nos dio una oportunidad única desde el punto de vista científico. – explica el investigador – Es prácticamente imposible encontrar hoy muestras biológicas de personas que nunca hayan pasado una gripe o una infección común, pero sí podíamos disponer de muestras previas a la aparición del coronavirus».
Esta investigación supone un gran avance para comprender no solo el Covid persistente, sino también otras enfermedades postinfecciosas. «Lo que queremos estudiar ahora es si estos hallazgos pueden extrapolarse a otros síndromes postinfecciosos. Para ello hemos repetido recientemente el estudio con otro abordaje, realizando otras preguntas y obteniendo nuevas muestras biológicas 6 años después, con el objetivo de conocer cómo ha evolucionado su sistema inmunitario a largo plazo», señala el investigador principal.













