La crema solar que te protege del sol es letal para algunas praderas marinas

Las autoridades sanitarias no se cansan de repetir la importancia de utilizar protector solar en los días de playa; a ser posible, de factor 50. Estos productos resultan imprescindibles para proteger la piel de los rayos UVA, sin embargo, el efecto positivo para los seres humanos se torna en uno casi letal para algunas praderas marinas, tal y como ha demostrado un equipo de investigación de la Universidad de Cádiz y el Instituto de Ciencias Marinas de Andalucía, en un estudio realizado en la Bahía gaditana.

Pradera de Cymodocea nodosa.

El estudio, que ha sido resultado de los proyectos  RECOUNT, SERCADY y CREMAR, financiados con fondos autonómicos, estatales y europeos, es el primero que analiza el impacto de los fotoprotectores sobre las praderas del litoral gaditano y la comunidad de microorganismos que vive en torno a ellas.

La investigación pone el foco en una actividad humana cotidiana en verano, especialmente en zonas costeras con alta presión turística. “Actualmente existe un uso generalizado de las cremas solares por la gran concienciación de su utilidad para proteger frente al cáncer de piel, pero quizás deberíamos optar por opciones más naturales, porque pueden tener efectos ambientales significativos”, destaca a la Fundación Descubre, Juan José Vergara, uno de los autores del estudio.

Por qué las cremas solares pueden ser letales para las praderas marinas

Simulando en laboratorio las condiciones del medio acuático, los expertos han comprobado que la exposición continuada a las cremas solares puede afectar tanto a la fisiología de la planta como a las bacterias que viven asociadas a ella, aumentando su vulnerabilidad frente a enfermedades.

Las conclusiones, presentadas en un artículo publicado en la revista Marine Environmental Research, señalan la necesidad de revisar la formulación y regulación de estos productos para salvaguardar los ecosistemas costeros.

Qué daños provocan los protectores solares en las plantas marinas

Los resultados mostraron que las plantas expuestas redujeron su capacidad de realizar la fotosíntesis al consumir más oxígeno del que producían, lo que provocó un cambio del ecosistema de un estado autotrófico (que capta carbono) a uno heterotrófico (que lo emite). Esta alteración del metabolismo puede suponer una pérdida de la función de las praderas como sumidero natural de carbono, una de sus principales aportaciones contra el calentamiento global.

Además, el equipo detectó un aumento en la liberación de carbono orgánico disuelto, especialmente por la noche, y una modificación profunda en el microbioma, con una pérdida de diversidad de bacterias en general, disminuyendo las especies protectoras y creciendo las potencialmente patógenas. También advirtieron mayor daño en las hojas, con niveles de necrosis, casi al doble en las plantas expuestas a la mayor concentración de crema solar.

Sin embargo, contemplaron un ascenso significativo de almidón en los rizomas, los tallos subterráneos donde almacena sus reservas, que los expertos interpretan como un posible signo de resistencia. “A pesar de no estar funcionando lo bien que debía, la planta es bastante resiliente, lo cual no quita el efecto negativo de las cremas. Son un elemento más contra la viabilidad de estas praderas, que se enfrentan a muchos factores que le generan estrés, comprometiendo su salud a largo plazo”, indica Vergara.

Equipo de investigación de la Universidad de Cádiz que ha estudiado el impacto de los protectores solares sobre praderas marinas.

La Cymodocea nodosa forma praderas en aguas poco profundas

Los estudios se realizaron con Cymodocea nodosa, una fanerógama marina que forma densas praderas en aguas poco profundas. En la bahía de Cádiz supone refugio y alimento de una gran variedad de especies, desde juveniles de dorada y lubina, a camarones, cangrejos y moluscos. Además, estabiliza el sedimento y actúa como sumidero de carbono azul, lo que supone que captura dióxido de carbono de la atmósfera durante la fotosíntesis y lo almacena, convirtiéndose en un aliado natural frente al cambio climático.

Sin embargo, su proximidad a la superficie y a zonas de baño la hacen especialmente vulnerable a los denominados contaminantes emergentes, como pueden ser microplásticos, fármacos o productos de cuidado personal, entre los que se encuentran las cremas solares.

Experimentos en un acuario que reproduce condiciones reales

Para evaluar este impacto, los investigadores diseñaron un experimento en mesocosmos, consistente en un sistema de acuarios para reproducir condiciones ambientales reales en cuanto a luz, temperatura y salinidad. Durante un mes trabajaron con tres grupos de plantas: una sin exposición a cremas que sirvió de control, y otras dos con una concentración media y alta. El objetivo era monitorizar variables como la capacidad fotosintética, la liberación de carbono, la salud del tejido vegetal y la composición del microbioma.

En concreto, emplearon una mezcla de cinco fotoprotectores comerciales, seleccionados entre los más vendidos en Europa, de distintos factores solares y formatos de aplicación. Las concentraciones se fijaron en base a estudios previos que detectaron niveles similares en playas gaditanas muy frecuentadas, como La Caleta en temporada de verano. “Hay experimentos que trabajan con un producto o solo ciertos componentes o filtros, pero nuestro propósito era simular el escenario más realista posible, donde cada bañista usa una crema diferente”, explica Marina Isabel Vilaplana, primera autora del estudio.

En consecuencia, el estudio subraya la necesidad de revisar la composición y etiquetado de los fotoprotectores, ya que términos como reef-safe o eco-friendly no están regulados ni siempre respaldados por evidencia científica. “A partir de trabajos como el nuestro se podrían crear cremas con formulaciones que tengan un menor impacto o hacer como en ciertos países o regiones donde se prohíben o restringen aquellos componentes más perjudiciales para los ecosistemas marinos”, propone Vilaplana.