La condición física reduce hasta un 39% el riesgo de demencia y un 36% el de depresión

Mantener una buena condición física cardiorrespiratoria no solo protege el corazón. También puede convertirse en una de las mejores herramientas para prevenir enfermedades mentales y neurocognitivas. Así lo concluye un estudio publicado en Nature Mental Health, que demuestra que las personas con mayor capacidad para suministrar oxígeno durante el ejercicio presentan un riesgo significativamente menor de desarrollar depresión, demencia y trastornos psicóticos.

En esta investigación internacional ha participado la Universidad de Granada (UGR) a través del catedrático Francisco Ortega Porcel, del Departamento de Educación Física y Deportiva y del Grupo PROFITH del Instituto Mixto Universitario Deporte y Salud (iMUDS). El trabajo ha estado liderado por Bruno Bizzozero Peroni, de la Universidad de Castilla-La Mancha, junto con la primera autora, Valentina Díaz Goñi, de la misma institución.

Más de cuatro millones de personas analizadas para estudiar la relación entre ejercicio y salud mental

Los investigadores realizaron una revisión sistemática y un metaanálisis que reúnen la evidencia científica disponible procedente de estudios realizados sobre más de cuatro millones de personas, con el objetivo de determinar cómo influye la capacidad cardiorrespiratoria en el desarrollo de trastornos mentales y enfermedades neurocognitivas.

Los resultados muestran una asociación consistente entre una mejor forma física y un menor riesgo de enfermedad. En concreto, las personas con mayores niveles de condición física presentan hasta un 36% menos de riesgo de depresión, un 39% menos de desarrollar demencia y un 29% menos de sufrir trastornos psicóticos, en comparación con quienes tienen una menor capacidad cardiorrespiratoria.

Incluso pequeñas mejoras en la forma física reducen el riesgo

El trabajo también demuestra que no es necesario alcanzar un estado físico excelente para obtener beneficios. Incluso pequeños avances en la condición física pueden traducirse en mejoras relevantes para la salud cerebral.

En este sentido, un incremento de un MET (equivalente metabólico, una medida del gasto energético en la que un MET corresponde al consumo de energía en reposo; por ejemplo, caminar despacio requiere aproximadamente el doble de energía que permanecer sentado) se asocia con una reducción significativa del riesgo tanto de depresión como de demencia.

¿Por qué el ejercicio protege el cerebro?

Los autores explican que la condición física cardiorrespiratoria no solo mejora la salud cardiovascular, sino que también produce efectos beneficiosos sobre el cerebro.

Entre los mecanismos biológicos que podrían explicar esta relación destacan la reducción de la inflamación, la mejora de la plasticidad cerebral y el fortalecimiento de regiones fundamentales para la memoria y el aprendizaje, como el hipocampo.

Un posible indicador temprano del riesgo de enfermedades mentales

Además de sus implicaciones clínicas, los resultados abren la puerta a nuevas estrategias de prevención en salud pública.

«Las enfermedades mentales y la demencia suponen un importante reto sanitario global, por lo que mejorar la condición física cardiorrespiratoria a través del ejercicio podría convertirse en una estrategia preventiva accesible y de bajo coste. Asimismo, medir el nivel de condición ayudaría a identificar de forma temprana a las personas con mayor probabilidad de tener enfermedades mentales y neurocognitivas, como la depresión y la demencia», destacan los investigadores Bruno Bizzozero y Valentina Díaz.

Los investigadores piden ampliar los estudios

Pese a la solidez de los resultados, los autores recuerdan que todavía existen limitaciones importantes.

«La evidencia disponible es aún limitada para otros trastornos mentales distintos a los analizados, y resulta especialmente escasa en poblaciones como niños, adolescentes y personas mayores. Además, la mayoría de los estudios incluidos proceden de Europa y Estados Unidos, lo que subraya la necesidad de ampliar la investigación a otras regiones del mundo para obtener conclusiones más representativas a nivel global», explica el catedrático de la Universidad de Granada, Francisco Ortega.

Asimismo, los investigadores consideran necesario desarrollar más estudios longitudinales que permitan comprender con mayor precisión la relación causal entre la condición física cardiorrespiratoria y la aparición de enfermedades mentales y neurocognitivas.

La forma física, una herramienta para proteger cuerpo y mente

Los resultados publicados en Nature Mental Health consolidan la evidencia de que la condición física cardiorrespiratoria puede convertirse en un indicador temprano del riesgo de trastornos mentales y deterioro cognitivo. Al mismo tiempo, refuerzan el papel del ejercicio físico como una estrategia sencilla, accesible y de bajo coste para mejorar la salud pública.

En conjunto, la investigación sugiere que mejorar la forma física no solo ayuda a vivir más años, sino también a proteger el cerebro, preservar la salud mental y favorecer un envejecimiento más saludable.