En la educación superior, la mayor dificultad para los estudiantes sordos no está en el aprendizaje de los contenidos, sino en la lengua en la que estos se transmiten. Mientras su lengua materna es la lengua de signos, el acceso a clases, textos académicos y evaluaciones ocurre en español escrito, que se convierte en una segunda lengua. Esto hace que la lectura y la escritura, habilidades básicas para avanzar en la universidad, se conviertan en un desafío adicional que retrasa su participación plena en la vida académica.

Ante esta problemática, investigadores del Departamento de Lingüística y del semillero de Lenguas de Señas de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) desarrollaron un programa pionero que integra la enseñanza del español escrito con OVA, es decir, recursos digitales interactivos diseñados para que los estudiantes aprendan de manera autónoma mediante actividades, ejercicios y materiales adaptados. Estos fueron creados de forma participativa con la comunidad sorda, con el propósito de favorecer su inclusión en la educación superior.
El proyecto, liderado por los profesores Gloria Mora y Camilo Alberto Robayo y financiado por las Direcciones de Innovación y Académica de la UNAL, consolida por primera vez una ruta pedagógica estructurada en cuatro niveles, con objetivos claros de lectura, escritura y comprensión.
“La iniciativa surgió a partir de un compromiso institucional de la UNAL con la población sorda, que debía validar el español como segunda lengua, de manera equivalente a lo que ocurre con el inglés para los demás estudiantes matriculados en la Universidad. Sin embargo, hasta hace pocos años no se habían elaborado los cursos ni materiales para la nivelación de estudiantes sordos, lo que limitaba su acceso en condiciones de equidad”, señala la académica Mora.
Por su parte, el profesor Robayo, anota que, “era fundamental reconocer el manejo del español por parte de los estudiantes sordos y evitar que tuvieran que cursar una tercera lengua como el inglés, pero no contábamos con las herramientas adecuadas. Ese vacío motivó la construcción de un proyecto sólido de enseñanza del español para esta población”.

Innovación pedagógica para la inclusión
El equipo estructuró un plan con cuatro niveles de enseñanza del español escrito como segunda lengua. El primero, “¿Quién soy y quién eres?”, introduce al estudiante en el reconocimiento de la identidad y en la construcción de frases básicas; mientras que el segundo, “Viene el correo”, se centra en la redacción de documentos administrativos y el uso adecuado de la cortesía según el contexto comunicativo.
El tercero, “Utopía Sorda”, apunta a la comprensión lectora a través del análisis y resumen de textos. El nombre proviene de la obra del líder sordo estadounidense, Nyle DiMarco, del cual se toman varios capítulos, atravesados por una perspectiva crítica y transformadora. En la actualidad, el equipo trabaja en el pilotaje y ajustes de estos materiales, mientras se proyecta un cuarto nivel.
“Cada uno de estos objetos se ha creado participativamente, con aportes directos de los co-investigadores sordos y de los estudiantes usuarios. Ellos han evaluado la pertinencia de los textos y juegos, y también del tipo de letra, los colores de fondo, la posición del menú de navegación y la pertinencia de los contenidos, todo lo cual garantiza que no solo sean útiles, sino además culturalmente adecuados”, explica el profesor Robayo.
El proyecto no se limita a diseñar materiales digitales. También ha implicado la consolidación de un equipo de intérpretes de lengua de signos y la incorporación de una profesional sorda quien coordina el servicio de interpretación, asegurando así la mediación comunicativa en clases, tutorías y actividades extracurriculares.

Para Juliana Rocha, profesional sorda líder del proceso de acompañamiento integral desde Bienestar Universitario, “la principal barrera que enfrentan los estudiantes sordos es la comunicación: todo el mundo habla en español, pero nuestra lengua es la de signos. El servicio de interpretación es fundamental para que podamos participar equitativamente en la vida universitaria”, afirma.
Según Paula Ávila y Tatiana López, también del equipo de acompañamiento integral de Bienestar, “actualmente la UNAL cuenta con 7 estudiantes sordos (3 de pregrado y 4 de posgrado) procedentes de distintas regiones del país. El número ha crecido en los últimos años gracias a la ruta de ajustes razonables en los procesos de admisión y permanencia, lo que garantiza igualdad de oportunidades sin modificar el examen de ingreso”.
Los OVA del español no solo beneficiarán a los estudiantes sordos de la Universidad, sino que además estarán disponibles para cualquier persona sorda en Colombia que desee fortalecer su español escrito.













