El curioso caso de una colonia de murciélagos que han cambiado de tamaño y forma en 60 años

En la región de Cartagena, en Colombia, habita una colonia de más de 10.000 murciélagos que tienen intrigada a la comunidad científica. Estos mamíferos voladores han experimentado un cambio de tamaño y forma en tan solo 60 años, en lo que se entiende como una adaptación extrarrápida a las condiciones climáticas nuevas y al impacto del ser humano.

Pteronotus gymnonotus, una de las especies que ha estado cambiando en los últimos 60 años en el Fuerte de San Fernando. Foto: Aída Otálora Ardila, bióloga de la UNAL.

Concretamente, esta colonia de murciélagos del género Mormoopidae se concentra en el Fuerte de San Fernando, en la isla Tierra Bomba. Estos animales son insectívoros, muy difíciles de capturar y con una biología muy particular.

Qué cambios ha experimentado esta colonia de murciélagos

Lo que hace especial y casi única a esta colonia de murciélagos, donde se encuentran individuos de las especies Pteronotus personatus, P. gymnonotus, P. fuscus y Mormoops megalophylla, es la rápida transformación experimentada en tan solo seis décadas. Estudios científicos han revelado transformaciones físicas en el tamaño de sus cuerpos y en la longitud tanto de sus orejas como de los antebrazos e incluso las alas.

Un grupo de investigadoras de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) comparó murciélagos recolectados en 1966 —hoy preservados en la colección del Instituto de Ciencias Naturales (ICN)— con individuos capturados entre 2020 y 2025.

Encontramos diferencias significativas en el tamaño del cuerpo, el largo de las orejas, el antebrazo, e incluso en las alas. Es la primera vez en Colombia que se analiza un cambio morfológico de esta magnitud en murciélagos a lo largo de tanto tiempo”, explica Juliana Margarita Gómez Andrade, bióloga e investigadora de la UNAL que formó parte del hallazgo.

Un fuerte convertido en un refugio para murciélagos

El Fuerte de San Fernando es más que una construcción con la que los españoles se defendían de los piratas. Es un ecosistema subterráneo, con túneles húmedos, cámaras oscuras y salacunas naturales donde las hembras cuidan a sus crías. Desde hace siglos, estos murciélagos han usado el fuerte como refugio, sin que muchas personas lo supieran. En 1966, algunos ejemplares fueron recolectados y preservados en alcohol y formol. Seis décadas más tarde, esas muestras sirvieron como punto de comparación para entender qué ha pasado con sus descendientes.

Los resultados muestran que los murciélagos no han permanecido iguales. Por ejemplo, M. megalophylla tiene ahora orejas y patas más pequeñas, mientras que P. personatus ha aumentado el largo del antebrazo hasta en un 10 %, lo cual se relacionaría con una mayor superficie de ala. Estos cambios no son aleatorios, sino que reflejarían adaptaciones al calor, al estrés y a los nuevos desafíos de su entorno.

La especie Mormoops megalophylla tiene las orejas más pequeñas con respecto a los ejemplares recolectados hace 60 años. Foto: Aída Otálora Ardila, bióloga de la UNAL.

Para capturar los murciélagos se usaron dos técnicas principales: jama y redes de niebla. La jama es una trampa cilíndrica que se instala en las salidas de los túneles para atrapar murciélagos durante el día, mientras que las redes de niebla se despliegan en puntos estratégicos al anochecer y permiten capturar individuos en vuelo sin dañarlos. Ambas técnicas fueron empleadas con cuidado, siguiendo protocolos éticos y científicos.

¿Por qué están cambiando los murciélagos?

La ciencia aún no tiene una sola respuesta, pero hay pistas claras. La isla Tierra Bomba, como gran parte del Caribe colombiano, está sufriendo transformaciones ecológicas profundas. El bosque seco tropical, del cual dependen los murciélagos para alimentarse, ha sido destruido en más del 90 %. Hoy, la isla enfrenta falta de agua potable, residuos acumulados, y un crecimiento urbano sin control.

Además, el aumento progresivo de la temperatura global estaría alterando la biología de las especies. “En otros lugares del mundo se ha observado que los mamíferos pequeños tienden a reducir su tamaño corporal con el calor, pero en los murciélagos la historia parece más compleja: algunas especies disminuyen, otras aumentan. En este caso no se sigue una sola regla”, anota la bióloga Gómez.

Una de las hipótesis que se maneja es que los murciélagos tienden a buscar un tamaño ideal respecto a su peso corporal. Estas especies son insectívoras, se alimentan de escarabajos y mosquitos, como por ejemplo el del jején, y pueden llegar a comer al día un 40 % de su peso, lo cual es un montón”, indica.

Pero hay algo aún más preocupante: la presión humana directa. Durante las salidas de campo, las investigadoras observaron cómo algunos adolescentes de la isla ingresan al fuerte con parlantes a todo volumen, lanzando piedras para espantar, o incluso matar a los murciélagos. En algunas ocasiones, los animales se esconden más profundo en los túneles, visiblemente alterados. Ese nivel de estrés también puede tener consecuencias de largo plazo en su salud, su reproducción o en su cuerpo.

En el Fuerte de San Fernando se registraron todos los murciélagos que viven en sus túneles y las especies a las que pertenecen. Foto: Juliana Margarita Gómez Andrade, bióloga e investigadora de la UNAL.

Turismo científico de naturaleza, ayudaría a protegerlos

Frente a esta situación –que aún está en hipótesis, por lo que no se puede asegurar a ciencia cierta cuál es la causa–, el equipo de investigación liderado por la bióloga de la UNAL Aída Otálora Ardila, ha impulsado una propuesta novedosa: turismo científico de naturaleza. La idea es formar guías locales que ofrezcan visitas educativas al fuerte, monitorear las colonias de murciélagos sin molestarlos, y generar ingresos sostenibles para la comunidad.

Además, se están desarrollando protocolos de monitoreo ciudadano, con herramientas simples como fotos, registros de comportamiento y planos del Fuerte.

“Se ha trabajado con niños para la concientización frente a los murciélagos, y ellos han demostrado tener interés en cuidar y preservar las especies en el futuro, desde lo que quieren ser cuando grandes”, explica la investigadora Gómez.

La comunidad, que históricamente ha vivido en condiciones de pobreza extrema y abandono institucional, podría encontrar en los murciélagos una fuente de identidad, conocimiento y economía.

Los murciélagos Mormoopidae son fundamentales para el equilibrio ecológico. Al alimentarse de insectos, regulan plagas agrícolas y potenciales vectores de enfermedades humanas. Protegerlos no es solo una cuestión ambiental, sino también de salud pública.

Incluso allí, dentro del Fuerte de San Fernando, uno de los murciélagos ha creado un pequeño jardín de totumo y mamoncillo, mostrando cómo también dispersan semillas y ayudan a que nuevos árboles crezcan, convirtiéndose en jardineros silenciosos de la vida.