El aumento de la temperatura del mar está modificando la microbiota del Mediterráneo y favoreciendo la aparición de microorganismos propios de aguas tropicales y subtropicales. Entre ellos se encuentra Vibrio vulnificus, conocida popularmente como la «bacteria come-carne», cuya detección en la costa mediterránea ha generado cierta alarma en las últimas semanas. Sin embargo, el elevado nivel de salinidad del Mediterráneo limita de forma importante su proliferación, por lo que los expertos insisten en que no existe un motivo para la alarma social.

El investigador de la Universidad de Valencia, Rubén Salvador, explica que el calentamiento del mar está provocando cambios que van mucho más allá del aumento de la temperatura del agua. «El cambio climático ya no es un aviso del futuro, es una realidad innegable. Y el aumento de las temperaturas no solo se nota en tierra firme: bajo las olas, se está produciendo un efecto dominó con cambios microscópicos invisibles», señala.
El Mediterráneo cambia con el aumento de la temperatura
Las comunidades de bacterias marinas desempeñan un papel esencial en el mantenimiento de la calidad del agua. Sin embargo, el incremento continuado de la temperatura está haciendo que el Mediterráneo alcance condiciones cada vez más similares a las de mares subtropicales.
Según Rubén Salvador, este proceso supone un doble desafío: por un lado, las especies autóctonas pueden verse desplazadas y, por otro, se facilita la llegada de microorganismos que hasta hace poco eran ajenos a estas aguas.
Uno de los casos más llamativos es el de Vibrio vulnificus, una bacteria marina que habitualmente infecta a peces, pero que también puede transmitirse a las personas y provocar infecciones graves.
¿Por qué preocupa la bacteria ‘come-carne’?
La presencia de esta bacteria ha sido objeto de numerosos titulares alarmistas. Sin embargo, Salvador recuerda que «aunque son puro sensacionalismo, esconden una parte de verdad».
Vibrio vulnificus prospera especialmente en aguas cálidas y salobres, donde se mezclan el agua dulce y la marina, como lagunas costeras y estuarios con una salinidad inferior a los 25 gramos de sal por litro. Tradicionalmente, su hábitat se localiza en mares tropicales y subtropicales.
Los científicos ya han detectado esta bacteria en el Parque Natural de l’Albufera de València y también en zonas de la costa mediterránea. No obstante, las condiciones del Mediterráneo dificultan que alcance concentraciones elevadas.
La elevada salinidad del Mediterráneo limita su expansión
La principal barrera para esta bacteria es la propia composición del mar Mediterráneo. Con una salinidad media cercana a los 35 gramos por litro, estas aguas resultan poco favorables para su desarrollo.
«Aunque es cierto que Vibrio vulnificus está presente, este patógeno sobrevive en proporciones muchísimo menores en comparación con otras bacterias que sí están perfectamente adaptadas a la alta salinidad de estas aguas y forman parte de su microbiota natural«, explica el investigador.
Esto significa que el riesgo de un brote masivo es muy reducido, pese a que el aumento de la temperatura favorezca su presencia.
Cuándo puede resultar peligrosa
La bacteria puede acceder al organismo a través de heridas abiertas o mediante el consumo de marisco crudo o insuficientemente cocinado. En esos casos destruye rápidamente los tejidos, provocando necrosis, motivo por el que se ha popularizado el nombre de «bacteria come-carne».
Si alcanza el torrente sanguíneo puede originar una infección sistémica muy grave, con fallo multiorgánico e incluso la necesidad de amputaciones. En personas con enfermedades hepáticas, diabetes, sistemas inmunitarios debilitados o hemocromatosis, la mortalidad puede rondar el 30 %.
Precaución, pero sin alarmismo
Los especialistas recomiendan evitar el baño cuando se tienen heridas abiertas o tatuajes recientes y extremar las precauciones en personas pertenecientes a grupos de riesgo. Estas recomendaciones no se limitan a Vibrio vulnificus, sino que son aplicables frente a cualquier microorganismo presente de forma natural en el mar.
Para la inmensa mayoría de los bañistas, disfrutar de las playas mediterráneas continúa siendo una actividad segura.
Como concluye Rubén Salvador, «la alta salinidad del Mediterráneo actúa como un escudo natural contra brotes masivos, mientras que la presencia de esta bacteria es un recordatorio de cómo el cambio climático está reescribiendo, en silencio, las reglas de nuestros ecosistemas marinos«.













