Hasta ahora, Kallichore era poco más que un punto de luz perdido entre el centenar de lunas que orbitan Júpiter. Con menos de cuatro kilómetros de diámetro y situada a cientos de millones de kilómetros de la Tierra, este pequeño satélite irregular apenas había revelado información a los astrónomos. Eso acaba de cambiar.

Un equipo internacional liderado por el Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC) ha logrado determinar por primera vez el tamaño, la forma, el brillo y la órbita de Kallichore con una precisión sin precedentes, un avance que no solo ayuda a comprender mejor cómo se formó el Sistema Solar, sino que también podría convertir a este diminuto mundo en uno de los objetivos científicos más interesantes de la misión JUICE de la Agencia Espacial Europea (ESA).
El estudio, publicado en Nature Astronomy, supone un paso decisivo para preparar un posible sobrevuelo de Kallichore por la nave europea cuando alcance el sistema joviano. Si finalmente se aprueba esta maniobra, sería la exploración in situ más detallada realizada hasta la fecha sobre uno de los pequeños satélites irregulares de Júpiter.
Kallichore, un fósil que conserva la historia del Sistema Solar
Los astrónomos consideran que las lunas irregulares de Júpiter son auténticos fósiles del Sistema Solar primitivo. A diferencia de las grandes lunas del planeta, estos pequeños cuerpos no se formaron junto a Júpiter, sino que fueron capturados por su enorme gravedad hace miles de millones de años. Más tarde, muchas de ellas sufrieron colisiones que dieron lugar a las diferentes familias de satélites que hoy conocen los científicos.
Kallichore, descubierto en 2003 y perteneciente a la familia Carme, forma parte precisamente de ese grupo de objetos que conservan información sobre los primeros momentos de la formación del Sistema Solar.
Para desvelar sus características, el equipo del IAA-CSIC combinó observaciones del Telescopio Espacial Hubble, el Gran Telescopio Canarias (GTC) y una campaña internacional de ocultaciones estelares. Gracias a esta combinación de técnicas ha sido posible obtener la primera caracterización física detallada del satélite.

Según explica Juan Luis Rizos, investigador del Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC), coordinador científico-técnico internacional del trabajo y líder de la publicación, «la importancia de este resultado radica en que Kallichore es el único satélite irregular que podría estudiarse en detalle por JUICE en su camino al sistema joviano».
Los resultados, añade el investigador, no solo permiten comprender mucho mejor la naturaleza de las lunas irregulares de Júpiter, sino que «abren una nueva ventana al estudio de materiales y procesos presentes en los orígenes del sistema solar».
El interés científico de estos cuerpos radica en que presentan propiedades similares a las de los objetos transneptunianos, situados más allá de Neptuno, aunque se encuentran mucho más cerca y, por tanto, pueden estudiarse con un nivel de detalle imposible de alcanzar en aquellos objetos tan remotos.
La dificultad del reto queda reflejada en la comparación que hace Rizos al explicar que «caracterizar un objeto de menos de cuatro kilómetros de diámetro, situado a más de cuatro veces la distancia entre la Tierra y el Sol, equivale a estudiar desde Córdoba un objeto del tamaño de una moneda de un euro situado en Moscú».
Un avance decisivo para la misión JUICE
Además de ampliar el conocimiento sobre las lunas irregulares de Júpiter, el estudio tiene una aplicación inmediata para la misión JUICE, que actualmente viaja hacia el planeta gigante para estudiar sus lunas heladas.
Desde el inicio del proyecto, los investigadores Luisa M. Lara y Juan Luis Rizos, ambos miembros del IAA-CSIC e integrantes del equipo científico de JUICE, identificaron el enorme interés que tendría un posible sobrevuelo de Kallichore. Sin embargo, existía un problema fundamental: la incertidumbre sobre la posición exacta del satélite.
Antes de este trabajo, los cálculos situaban esa incertidumbre en más de 1.500 kilómetros, una cifra excesiva para planificar una aproximación cercana de una nave espacial desde el Centro Europeo de Operaciones Espaciales (ESOC) de la ESA.

Gracias a las nuevas observaciones, el margen de error se ha reducido en más de un 80 %, hasta situarse en apenas 260 kilómetros, una mejora que resulta esencial para estudiar la viabilidad de un encuentro previsto, si finalmente recibe luz verde, para octubre de 2031.
Como destaca Luisa M. Lara, investigadora del Instituto de Astrofísica de Andalucía y coautora del estudio, «los resultados obtenidos permiten evaluar mucho mejor el potencial científico de Kallichore como objetivo de observación para JUICE (ESA) y contribuyen a maximizar el retorno científico de la misión».
Mucho más que una órbita más precisa
La investigación no solo mejora el conocimiento sobre la trayectoria de Kallichore. También proporciona información esencial para planificar el trabajo de los instrumentos científicos que viajan a bordo de JUICE.
Parámetros como el tamaño, la forma o el albedo del satélite permitirán preparar con mayor precisión las observaciones que realizarán equipos como JANUS, MAJIS, UVS o SWI, optimizando el rendimiento científico de un eventual sobrevuelo.
En caso de aprobarse esa maniobra, los investigadores dispondrían por primera vez de observaciones directas de uno de estos pequeños satélites irregulares, unos cuerpos que han permanecido prácticamente inalterados desde los orígenes del Sistema Solar y que pueden ofrecer información única sobre los materiales con los que se formaron los planetas.
Juan Luis Rizos concluye que, aunque el sobrevuelo de Kallichore por JUICE todavía no ha sido decidido por la ESA, «este trabajo proporciona la información necesaria para valorar su viabilidad y facilitar, en caso de que se apruebe, la exploración in situ más detallada realizada hasta la fecha de uno de los pequeños satélites irregulares de Júpiter».













