Un equipo multidisciplinar de la Universidad de Almería (UAL) trabaja en el desarrollo de pruebas diagnósticas del déficit de atención y la hiperactividad más precisas, en las que por primera vez se tiene en cuenta a los niños desde un punto de vista fisiológico. Estas pruebas están avaladas por biomarcadores moleculares que además permiten distinguir las dos modalidades de este trastorno.

Paradójicamente, las pruebas diagnósticas para detectar el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) en niños se hacen sin ellos. Se basan en unos cuestionarios que rellenan los padres o tutores, en los que se trata de describir el comportamiento del menor y si su forma de actuar se corresponde por lo que comúnmente se conoce por hiperactividad.
Esta fórmula, aparte de no contar con los verdaderos protagonistas de esta historia, hace aguas recurrentemente. Induce a fallos que se traducen en falsos positivos y en medicar a niños que no lo necesitan. Para acabar con esta situación, el grupo de Neurociencia Clínica y Experimental de la UAL ha incorporado a la evaluación de estos niños una prueba de realidad virtual, algo que solamente hacen unos pocos grupos de investigación en España, con la que han conseguido identificar varios subtipos del TDAH.
Biomarcadores de apoyo para el diagnóstico de la hiperactividad
La novedad de este proyecto, que ya de por sí es bastante rompedor, reside en que se estudia si hay una mejor correlación entre subtipos del trastorno encontrados ahora y una serie de biomarcadores identificados en análisis de orina, mediante resonancia magnética nuclear.
Los análisis de orina han permitido identificar una serie de biomarcadores moleculares en niños con TDAH que se convierten en unas evidencias biológicas claras de la presencia de este trastorno. Y no solamente, sino que estos registros ayudan a distinguir dos tipos de TDAH que hasta ahora no estaban bien definidos.
La identificación de los biomarcadores ha sido resultado de la colaboración con el grupo de investigación de la UAL Métodos avanzados de resonancia magnética nuclear y catalizadores a base de metales (NMRMBC), en el marco de un proyecto interdisciplinar del que van a salir dos tesis doctorales, una en la rama de la neurociencia y otra de rama de la metabolómica molecular.
El proyecto partió de una redefinición inicial de perfiles más precisos de los niños afectados por este trastorno, para luego comprobar si era posible encontrar un biomarcador asociado a esos nuevas tipologías del TDAH, explica la investigadora del grupo de Neurociencia Clínica y Experimental, Pilar Fernández.
Huellas moleculares para identificar el TDAH
Efectivamente, al distinguir los tipos de trastorno que presentan los niños se han podido encontrar unas huellas moleculares distintas en la orina de cada uno de ellos, que funcionan como biomarcador del déficit de atención y la hiperactividad. El paso dado por este equipo multidisciplinar de la Universidad de Almería es muy importante, porque se han topado con los primeros biomarcadores fiables que complementan las pruebas de tipo psicológico empleadas en el diagnóstico de este trastorno. Sin embargo, todavía queda mucho trabajo por delante, porque si bien son huellas biológicas evidentes, aún no son lo suficientemente precisas.
«Tratamos de avanzar en el diagnóstico, porque la etiología de este trastorno es muy compleja; entonces, con los análisis de la orina tratamos de validar esa metodología que pretende mejorar la identificación de los subtipos de TDAH. Es un primer paso para tener una comprensión holística del trastorno», aclara Pilar Fernández.

Nuevos tipos de trastorno
Como el TDAH se caracteriza por problemas de impulsividad, hiperactividad y atención, el equipo de la Universidad de Almería tomó una prueba que mide objetivamente estas tres dimensiones del comportamiento y realizó una identificación de los niños que compartían ciertos patrones en estas tres dimensiones. Entonces encontraron dos perfiles de niños «muy claramente diferenciados», que compartían «síntomas de hiperactividad e inatención, y se diferenciaban en impulsividad y velocidad de procesamiento, dos tipos que ahora mismo no existen en la clasificación tradicional», añade la investigadora de la Universidad de Almería.
Hasta ahora, el consenso científico ha establecido que un niño con TDAH puede ser inatento, hiperactivo-impulsivo o presentar los dos patrones. Sin embargo, estas clasificaciones no cuadran con los resultados obtenidos por el grupo de Pilar Fernández. «La mayoría tienen problemas de atención e hiperactividad/impulsividad, de forma conjunta, encontrar a un niño con solo problemas de hiperactividad/impulsividad es muy infrecuente, y aquellos con diagnóstico de inatención siguen mostrando dificultades, aunque menos severas, de hiperactividad/impulsividad», afirma. Y cada uno de estos dos nuevos grupos de niños presenta unos biomarcadores distintos en la orina.
Esta investigación supone una ruptura con lo que ya se conocía sobre el trastorno por déficit de atención e hiperactividad. Plantea que para hallar biomarcadores válidos se debe partir de nuevos perfiles de niños, más cercanos a la realidad de los subtipos de este trastorno. Pone las bases para el desarrollo de un test diagnóstico que complemente los resultados obtenidos en las entrevistas y pruebas psicológicas, que se pasan tanto a padres como, ahora, también a los propios niños. Asimismo, abre la puerta a encontrar nuevas dianas terapéuticas para el tratamiento farmacológico, gracias a las nuevas rutas metabólicas.
Eje intestino-cerebro también interviene en el TDAH
La búsqueda de elementos moleculares relacionados con la presencia de los distintos tipos de TDAH ha permitido que este equipo de la Universidad de Almería profundice en el famoso eje intestino-cerebro, que tanta relevancia está adquiriendo con los nuevos estudios.
«En el estudio no hemos medido neurotransmisores, porque es a través de la orina, pero sí encontramos que los circuitos que comunican esos sistemas cerebrales están alterados en los niños que tienen ese perfil impulsivo. Esto nos permite explorar otras dianas para trabajar con ellos».
Concretamente, los estudios de la orina de los dos perfiles de niños con trastorno por déficit de atención e hiperactividad han mostrado alteraciones en metabolismo energético de las células y en los procesos de estrés oxidativo. Estas señales por sí solas son interesantes, pero no suficientes, de ahí que en próximos proyectos, este equipo de investigación va a integrar medidas de orina con medidas genéticas. Con toda esta información aportan aportar una más amplia del trastorno y abordarlo desde una perspectiva más global.
Nuevos análisis de sangre para detectar biomarcadores de la hiperactividad
Los estudios de la orina ofrecen resultados interesantes, sin embargo, también acarrean una serie de problemas que dificulta tenerlos como una referencia totalmente fiable. Lo ideal sería contar con análisis de sangre, «que para nosotros sería la muestra más limpia y de la que podríamos obtener más medidas metabólicas, pero resulta complicado convencer a niños pequeños para que se saquen sangre», afirma Pilar Fernández.
El siguiente paso en esta línea de investigación pasa por el desarrollo de un test para el que solamente se necesite una muestra de sangre muy pequeña, de forma que no cause tanto rechazo en los niños. Mientras tanto, el equipo de Pilar Fernández trata de mejorar los test de orina.
El TDAH es un problema bastante complejo, difícil de detectar y que en ocasiones se confunden con el autismo, de ahí la importancia de la línea de trabajo abierta en la Universidad de Almería, con la que se abre una esperanza nueva para estos niños.













