El lobo ibérico apenas ha ampliado su área de distribución durante las últimas décadas, pese a disponer de hábitats adecuados para expandirse. Ahora, un estudio liderado por la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC) identifica la principal causa de este estancamiento: la elevada mortalidad de los animales que viven en grupos familiares. Según los investigadores, bastaría con reducir esa mortalidad un 10% para que la población pudiera duplicar su distribución en unas tres décadas.

El trabajo, centrado en la demografía del lobo en la península ibérica, concluye que disminuir la mortalidad resulta determinante para favorecer la recuperación de una población que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) clasifica como «Vulnerable» en España y «En Peligro» en Portugal.
¿Por qué el lobo ibérico apenas se expande?
Mientras que durante las últimas décadas el lobo ha recuperado parte de su distribución histórica en países como Alemania, Francia, Dinamarca o Países Bajos, la situación en la península ibérica ha sido muy distinta. Los datos oficiales de España y Portugal muestran que la especie apenas ha colonizado nuevos territorios, a pesar de contar con amplias zonas de hábitat favorable.
«En las últimas décadas la distribución del lobo en la península ibérica apenas ha variado más allá de cambios menores, con pequeñas áreas que se colonizan y otras donde la especie se extingue, incluyendo la extinción de la población de Sierra Morena, mientras que durante el mismo periodo otras poblaciones europeas se expandían de manera muy rápida», explica Ana Morales, investigadora posdoctoral de la EBD-CSIC y primera autora del estudio.
«Nos planteamos una pregunta sencilla: ¿qué factores podrían explicar esta dinámica, frenando la recuperación de la especie en España y Portugal?«.
La mortalidad de los grupos familiares marca la diferencia
Para responder a esa pregunta, el equipo desarrolló un modelo demográfico capaz de reproducir la evolución de la población del lobo ibérico entre 1991 y 2021, utilizando datos oficiales sobre distribución y tamaño poblacional.
Los resultados muestran que reducir únicamente la mortalidad de los lobos dispersantes, responsables de colonizar nuevos territorios, apenas modifica la evolución de la población. Sin embargo, una reducción del 10% en la mortalidad de los individuos que viven en grupos familiares mejora significativamente su estado de conservación.
El modelo predice que esa disminución permitiría aumentar el tamaño de las manadas, incrementar el éxito reproductor y duplicar las distancias de dispersión, que pasarían de unos 32 kilómetros a más de 70 kilómetros. Como consecuencia, la especie podría duplicar su área de distribución en aproximadamente treinta años.
Los investigadores estiman además que cada año muere aproximadamente una cuarta parte de los lobos que viven en grupos familiares, más de un tercio de los dispersantes y más de la mitad de los cachorros.
La estructura social explica el efecto de la mortalidad
El estudio demuestra que no todos los individuos tienen el mismo peso en la recuperación de la especie.
«La clave está en que los grupos de lobo son unidades familiares con una estructura social compleja y la muerte de estos individuos genera efectos en cascada que van mucho más allá de la pérdida de individuos aislados, sobre todo si muere un miembro de la pareja reproductora», explica Eloy Revilla, investigador de la EBD-CSIC y coautor del trabajo.
«Se generan tantas vacantes y tantos territorios que dejan de estar ocupados, que son aprovechadas por los lobos dispersantes para establecerse muy cerca de su lugar de nacimiento en lugar de colonizar nuevas áreas».
Qué implicaciones tiene para la conservación del lobo
Las conclusiones llegan en un momento especialmente relevante para la gestión del lobo ibérico. En 2021 la especie fue incluida en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (LESRPE), lo que supuso el fin de la caza en toda España. Sin embargo, en 2025 fue excluida de ese listado.
El equipo científico comparó las predicciones del modelo con el último censo nacional, que estimó 333 grupos familiares entre 2021 y 2024, una cifra muy similar a la prevista por el modelo para el periodo 2013-2021. Según los investigadores, esto indica que la población no ha experimentado una mejora apreciable en su estado de conservación, en línea con las evaluaciones más recientes de la UICN.
«En nuestro trabajo advertimos que este cambio legislativo podría dificultar la recuperación de la población si la mortalidad vuelve a niveles similares a los registrados hasta 2021, y que una protección efectiva de la especie y el refuerzo de las medidas destinadas a prevenir y perseguir la mortalidad ilegal son herramientas fundamentales para permitir la mejora del estado de conservación de esta población», explica Morales.
Un modelo útil para la conservación del lobo en Europa
Los investigadores consideran que la situación observada en la península ibérica podría reproducirse en otras poblaciones europeas donde el lobo continúa expandiéndose, pero donde la mortalidad también está aumentando, como ocurre en Francia o Alemania.
El estudio plantea además la necesidad de mejorar los programas de seguimiento de la especie. Para construir el modelo fue necesario integrar datos procedentes de distintas administraciones, obtenidos mediante metodologías diferentes y con escasa información directa sobre parámetros fundamentales como la supervivencia, la reproducción o la dispersión.
Los autores concluyen que mejorar y armonizar el seguimiento demográfico del lobo ibérico permitirá disponer de información más robusta para diseñar estrategias de conservación eficaces y anticipar cómo afectarán las distintas medidas de gestión al futuro de la especie.













