Un equipo liderado por el Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC) ha confirmado la existencia de cuatro exoplanetas de tipo subneptuno, dos de ellos situados en una de las regiones más enigmáticas del universo planetario: el llamado «desierto de los Neptunos», donde apenas se conocen mundos de estas características. El descubrimiento abre nuevas pistas sobre cómo nacen y evolucionan los sistemas planetarios, incluido el Sistema Solar.

Cuatro nuevos subneptunos alrededor de estrellas similares al Sol
Los subneptunos, planetas con tamaños intermedios entre la Tierra y Neptuno, son los mundos más abundantes de la Vía Láctea, aunque en el Sistema Solar no existe ningún ejemplo de este tipo. Precisamente esa ausencia convierte a estos planetas en piezas clave para comprender cómo se forman y evolucionan los sistemas planetarios.
Dos de los nuevos exoplanetas destacan especialmente porque se localizan en el límite del llamado «desierto de los Neptunos», una región del universo donde sorprendentemente apenas se han encontrado planetas similares a Neptuno orbitando muy cerca de sus estrellas.
Unos planetas en una ubicación inesperada
«Están situados en el límite del llamado ‘desierto de los Neptunos’, una región en la que hasta la fecha se han registrado muy pocos planetas similares a Neptuno, lo que los convierte en objetos poco comunes y de gran interés», explica Giuseppe Morello, investigador del IAA-CSIC y autor principal del estudio.
Además, otros dos planetas del trabajo se sitúan junto al denominado «valle de radios», otra región que los astrónomos consideran clave para comprender por qué algunos planetas conservan su atmósfera mientras otros la pierden y terminan convirtiéndose en mundos rocosos.
¿Por qué son tan importantes las estrellas de tipo K?
Hasta ahora, la mayoría de los subneptunos conocidos se habían descubierto alrededor de estrellas enanas M, las más pequeñas y frías del universo, porque facilitan la detección mediante técnicas como el tránsito o la velocidad radial.
Sin embargo, el equipo decidió buscar estos planetas alrededor de estrellas de tipo K, ligeramente mayores, donde las observaciones resultan más complejas, pero que presentan una ventaja importante.
«En particular, los planetas que orbitan estas estrellas tienen una mayor probabilidad de conservar sus atmósferas, al estar expuestos a niveles más bajos de radiación de alta energía», señala Morello.

Una combinación de telescopios para confirmar los nuevos mundos
Los investigadores validaron los cuatro candidatos —TOI-2133 b, TOI-5734 b, TOI-5938 b y TOI-7009 b— combinando observaciones fotométricas, espectroscópicas e imágenes de alta resolución procedentes del Programa de Seguimiento de Observaciones de TESS (TFOP).
El estudio también incorporó datos obtenidos con MuSCAT2, un instrumento instalado en el Observatorio del Teide, lo que permitió confirmar la naturaleza planetaria de los cuatro objetos y caracterizar con precisión las propiedades de sus sistemas.
Una ventana para entender cómo nacen los planetas
Los investigadores consideran que estos cuatro mundos serán especialmente valiosos para futuras investigaciones sobre la formación planetaria.
«Mientras que TOI-2133 b y TOI-5734 b se encuentran cerca del borde superior del valle de radios, TOI-5938 b y TOI-7009 b están en el límite del desierto de los Neptunos, lo que los convierte en ejemplos poco comunes dentro de la población conocida de subneptunos», apunta Morello.
El investigador concluye que «estos planetas son objetivos ideales para realizar mediciones precisas de masa y estudiar sus atmósferas con las instalaciones actuales, lo que los convierte en sistemas de referencia para futuros estudios sobre la formación y evolución planetaria».













