Uno de los sondeos radioastronómicos del cielo ha conseguido uno de los mayores hitos de las astronomía actual: el mayor cartografiado del universo hasta la fecha. Esta información abre una nueva ventana para estudiar fenómenos astrofísicos nuevos en rincones de los que apenas se conocía nada.

La estructura completa del universo es un enigma que se va desvelando por piezas. Como si fuera un puzle. Una de las últimas en conocerse la ha aportado un equipo internacional, en el que ha participado el Instituto de Astrofísica de Andalucía (IAA-CSIC). Han realizado una observación del cielo con una red de más de 70.000 pequeñas antenas radioastronómicas distribuidas por Europa. El objetivo era obtener un mapa del cielo en ondas de radio con un nivel de detalle excepciona. Y vaya si lo han conseguido.
Más de 17,3 millones de fuentes cósmicas y el censo de agujeros negros más completo
El resultado de este proyecto, bautizado como LOFAR, ha sido un mapa que revela 17,3 millones de fuentes cósmicas y ofrece el censo más completo hasta la fecha de agujeros negros supermasivos en crecimiento activo. El estudio, publicado en Astronomy & Astrophysics, muestra una gran diversidad de sistemas impulsados por estos agujeros negros, cuya emisión en radio puede extenderse a lo largo de millones de años luz. El nuevo sondeo LOFAR marca un hito tanto en la radioastronomía como en la colaboración científica internacional.
“LOFAR amplía de forma decisiva la exploración del cielo a muy bajas frecuencias, cubriendo casi todo el hemisferio norte con una sensibilidad y una resolución sin precedentes”, sostiene Javier Moldón, investigador del IAA-CSIC que forma parte del estudio. «Esto nos permite estudiar con un nivel de detalle excepcional los procesos no térmicos asociados a campos magnéticos, choques y plasmas relativistas en una amplia variedad de fuentes astrofísicas”.
Una nueva forma de mirar el universo
Al observar el cielo a bajas frecuencias de radio, el sondeo ofrece una visión del universo radicalmente distinta de la que proporcionan las longitudes de onda ópticas. Gran parte de la emisión detectada procede de partículas relativistas que se desplazan a velocidades cercanas a la luz a través de campos magnéticos, lo que permite rastrear fenómenos energéticos como los potentes chorros de los agujeros negros supermasivos o las galaxias con formación estelar extrema a lo largo del tiempo cósmico.
Gracias a su elevado nivel de detalle, el sondeo también ha revelado objetos raros y esquivos, como cúmulos de galaxias en proceso de fusión, débiles restos de supernova y estrellas en erupción o en interacción.

El estudio ya está impulsando cientos de nuevas investigaciones en distintos ámbitos de la astronomía, al aportar información novedosa sobre la formación y evolución de las estructuras cósmicas, los mecanismos que aceleran partículas hasta energías extremas y los campos magnéticos cósmicos. Además, pone a disposición pública los mapas en radio de gran área más sensibles obtenidos hasta la fecha a muy bajas frecuencias.
Moldón afirma que “para el IAA-CSIC estos datos son clave en estudios de formación estelar extragaláctica —desde estallidos intensos y galaxias análogas al universo temprano hasta núcleos activos—, así como en el análisis de eventos transitorios y exoplanetas”. Y añade: “Al tratarse de un legado público, LoTSS permite por primera vez realizar análisis multibanda a gran escala, combinando de forma sistemática la información en radio con la del resto del espectro electromagnético”.
Estudios sobre entornos cósmicos desconocidos
Aunque la explotación científica apenas está comenzando, la escala, la sensibilidad y la resolución del sondeo ya están impulsando nuevos estudios en una amplia variedad de entornos cósmicos.
“Podemos estudiar una población diversa de agujeros negros supermasivos y sus chorros en radio en distintas etapas de su evolución, mostrando cómo sus propiedades dependen no solo del propio agujero negro, sino también de la galaxia y del entorno en el que se encuentra”, señala el profesor Martin Hardcastle, de la Universidad de Hertfordshire (Reino Unido). Al mismo tiempo, el sondeo ha proporcionado mediciones sólidas de las tasas de formación estelar en millones de galaxias, mostrando cómo estas tasas varían en función de las propiedades galácticas y a lo largo del tiempo cósmico.
Los datos están siendo analizados cuidadosamente en busca de fenómenos astrofísicos raros. El equipo ya ha identificado varios, entre ellos fuentes de radio transitorias y variables, restos de supernova previamente desconocidos, algunas de las galaxias de radio más grandes y antiguas conocidas y emisión en radio compatible con interacciones entre exoplanetas y sus estrellas anfitrionas.

Nueva técnica para observar el universo
El procesamiento de los datos requirió el desarrollo de nuevas técnicas capaces de corregir con precisión las fuertes distorsiones causadas por la ionosfera terrestre, la capa eléctricamente cargada de la atmósfera superior. Para hacer viable el análisis de 13.000 horas de observaciones, estos avances se combinaron con sistemas de automatización robustos y procesos de optimización.
Extraer los datos de los archivos del telescopio y distribuir la carga de cálculo entre múltiples sistemas de computación de alto rendimiento supuso un reto adicional. El volumen de datos gestionado —18,6 petabytes en total— fue inmenso y requirió un procesamiento y una supervisión continuos durante muchos años, con un consumo superior a 20 millones de horas de cómputo.
Imágenes más avanzadas en los próximos años
Con la actualización a LOFAR , la colaboración prevé ampliar los resultados y aprovechar el incremento —hasta el doble— en la velocidad de sondeo que ofrecerá el instrumento. Los avances en calibración y procesamiento de datos permiten utilizar las estaciones internacionales para obtener imágenes con una resolución angular mucho mayor, lo que abre la puerta a estudios aún más detallados.
«Este catálogo constituye un legado fundamental para la astrofísica moderna”, concluye Javier Moldón. “El trabajo nos sirve de preparación crítica, tanto científica como tecnológica, para la próxima revolución que traerán LOFAR 2.0 y el Observatorio SKA».













