Tener más dinero no garantiza la felicidad, pero sí puede marcar una diferencia importante en el bienestar diario. Así lo concluye un estudio en el que participa la Universidad de Granada, que demuestra que los ingresos económicos influyen de forma decisiva en cómo las personas gestionan el trabajo, la familia y su calidad de vida.

La investigación, publicada en International Journal of Intercultural Relations, analizó a casi 2.000 personas trabajadoras en Chile durante la tercera ola de la pandemia de la COVID-19 y detectó un patrón claro: quienes tenían menores ingresos sufrían más dificultades para conciliar vida laboral y familiar y presentaban peores niveles de bienestar personal.
Tener menos dinero complica la vida diaria
El trabajo fue desarrollado por Ginés Navarro-Carrillo, investigador del Centro de Investigación Mente, Cerebro y Comportamiento (CIMCYC) de la Universidad de Granada, junto a Juan Carlos Oyanedel, de la Universidad Andrés Bello de Chile.
Los investigadores eligieron Chile por tratarse de uno de los países con mayor desigualdad económica del mundo y por haber registrado importantes diferencias sociales durante la pandemia. En ese contexto, el estudio muestra que contar con mayores recursos económicos ayudó a muchas personas a afrontar mejor las exigencias simultáneas del empleo y la vida familiar.
El dinero no compra felicidad, pero reduce conflictos
Aunque suele decirse que el dinero no da la felicidad, la investigación apunta a que sí ayuda a evitar muchos de los factores que deterioran el bienestar. Los autores analizaron distintas dimensiones del estatus socioeconómico, como ingresos, nivel educativo y ocupación laboral. Entre todas ellas, el factor más importante fue claramente el dinero disponible.
Las personas con menores ingresos mostraron menor satisfacción con su vida, peor bienestar general y niveles más bajos de satisfacción tanto en el trabajo como en el ámbito familiar.
La clave está en la conciliación laboral y familiar
El hallazgo más relevante del estudio tiene que ver con el llamado conflicto trabajo-familia. Las personas con menos ingresos experimentaban con mayor frecuencia que las obligaciones laborales interferían en su vida familiar. Esto se traduce en menos tiempo disponible, más estrés y mayores dificultades para atender responsabilidades domésticas, cuidados o descanso.
También ocurría lo contrario: las exigencias familiares impactaban más en el rendimiento laboral entre quienes disponían de menos recursos. Según el estudio, cuando el margen económico es reducido, cualquier imprevisto genera más presión y hace mucho más difícil equilibrar ambas esferas.
El bienestar también depende de la estabilidad económica
Los resultados sugieren que el bienestar no depende solo de factores psicológicos o emocionales, sino también de condiciones materiales concretas.
Disponer de ingresos suficientes facilita contratar ayuda, acceder a mejores condiciones de vivienda, afrontar gastos inesperados y reducir parte de la carga mental asociada a la incertidumbre económica. En otras palabras: el dinero quizá no compre felicidad, pero sí puede comprar tiempo, estabilidad y capacidad de maniobra.
Qué implicaciones tiene este hallazgo
Los investigadores advierten de que las personas con menores ingresos son especialmente vulnerables en contextos de crisis sanitarias, económicas o sociales.
Por eso, defienden la necesidad de impulsar políticas públicas orientadas a mejorar la conciliación laboral y familiar y reforzar el apoyo económico a los hogares más expuestos.
Reducir la desigualdad económica, concluyen, no solo mejora la situación material de las familias, sino que también protege su bienestar psicológico y social.













