El cambio de una sociedad cazadora a una agrícola y sedentaria tuvo sus consecuencias para la salud

En pleno siglo XXI se tiene claro que el ejercicio físico es una de las mejores medicinas. Combatir el sedentarismo ayuda al corazón, mantiene los músculos en un estado óptimo, contribuye a mantener un peso equilibrado… y todo esto se traduce en una mayor calidad de vida. Esto mismo ocurrió en el pasado, tal y como se ha comprobado en la Sabana Colombiana, con el estudio de huesos de población que vivió en la zona hace 6.000 años, en la que el cambio de una sociedad cazadora a una agrícola y más sedentaria tuvo consecuencias para su salud.

Los huesos estudiados revelan el impacto de un cambio de forma de vida radical y que acabó con una vida nómada, mucho más activa desde el punto de vista físico, pero también incierta. La investigación se ha podido realizar gracias al hallazgo de más de 280 individuos del periodo precerámico tardío (6.300 a 4.600 años antes del presente) en el sitio arqueológico Los Alcaparros –ubicado cerca de un peaje en Sopó (Cundinamarca).

De la muestra analizada, 15 individuos eran femeninos (50 %), 13 masculinos (43 %) y en 2 casos (7 %) no fue posible determinar el sexo por el estado de conservación o la falta de elementos óseos diagnósticos. En cuanto a la edad, se identificaron 9 adultos jóvenes (18-35 años), 11 adultos medios (35-55 años), 6 adultos mayores (más de 55 años) y 4 personas cuyo rango etario no se pudo establecer.

La investigación se ha centrado en los restos óseos de 30 individuos de esta población, analizados en el Laboratorio de Antropología Física de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL).

Qué consecuencias tuvo para la salud el cambio de una sociedad cazadora y recolectora a una agrícola

Según revelan los huesos estudiados, el cambio de una sociedad cazadora y recolectora a una agrícola, más sedentaria, tuvo consecuencias para la salud, como la aparición de la caries, problemas en las articulaciones y hasta deficiencias nutricionales. El análisis reveló que más del 60 % de los individuos presentaban osteoartrosis en el hombro, y más del 85 % en el codo. En cuanto a las caries, el 73,9 % de la muestra mostró esta afección, con una mayor prevalencia en mujeres (90,9 %) que en hombres (54,5 %). En contraste, los cálculos dentales fueron más frecuentes en los hombres (90 %) que en las mujeres (75 %).

“Se evidenció una disminución de ciertos indicadores relacionados con cambios en la dieta —de alimentos más duros a otros más blandos—, posiblemente también asociados con nuevas formas de preparación, así como a transformaciones en los patrones de actividad”, explica la antropóloga Sofía Malaver Ávila, autora del estudio en la UNAL.

Estrés nutricional y enfermedades infecciosas en la población estudiada

El estudio también evidenció una alta incidencia de estrés nutricional, asociado con deficiencias como la falta de hierro, posiblemente derivadas de una dieta con mayor presencia de vegetales y menor consumo de proteína animal. Las caries dentales, por su parte, se relacionarían con el aumento en el consumo de plantas C4 como el maíz, que fueron domesticadas durante este periodo. Estas plantas se caracterizan por un tipo especial de fotosíntesis más eficiente en climas cálidos y secos, y su incorporación en la dieta implicó una mayor ingesta de azúcares y almidones fermentables, factores directamente relacionados con la aparición de la caries.

Este cambio en la alimentación, sumado al aumento del sedentarismo y la densidad poblacional, habría favorecido la propagación de enfermedades infecciosas. “Aunque los huesos parecen estructuras estáticas, en realidad están vivas y se adaptan al entorno. Lo que encontramos nos habla de una población sometida a múltiples tensiones”, señala la investigadora.

Cómo se investigan los huesos del pasado

Para este estudio, la antropóloga Malaver aplicó un enfoque bio-arqueológico y biocultural, que no se limita a los cambios físicos visibles en los huesos, sino que interpreta estas huellas como respuestas a factores ambientales, sociales y culturales del entorno. “Este tipo de estudios permiten comprender cómo los procesos ambientales, tecnológicos y sociales inciden en la biología humana”, explicó.

La investigadora inició el proceso con la limpieza y restauración de los restos óseos, garantizando su adecuada conservación. Luego reconstruyó el perfil bio-antropológico de los individuos, es decir, elaboró una caracterización detallada de aspectos como el sexo, la edad, la estatura aproximada y las condiciones de salud observables en los huesos. Para ello analizó 13 indicadores de estrés óseo, entre los que se incluyen signos de enfermedades degenerativas, lesiones articulares y alteraciones dentales.

Con esta información elaboró comparativos entre periodos mediante gráficas, tablas de frecuencias y el uso del programa estadístico R, una aplicación de código abierto ampliamente utilizado en investigaciones científicas para el análisis de datos que permite hacer desde cálculos estadísticos básicos hasta análisis complejos con gráficos, modelos y simulaciones y es muy valorado en áreas como la bioestadística, la ecología, la economía y, como en este caso, la antropología, porque permite organizar e interpretar grandes volúmenes de información con precisión.

El estudio incluyó el análisis detallado de la bóveda craneal, la columna vertebral y las extremidades superiores e inferiores. Según la investigación, las enfermedades solo dejan rastros en los huesos cuando son persistentes y no letales; si son agudas y provocan una muerte rápida, no alcanzan a manifestarse en el tejido óseo.