Vivimos en el mundo más globalizado de la historia. Esto se traduce en un intercambio de mercancías y culturas como nunca antes se había experimentado, pero también en la dispersión de contaminantes desde las zonas industrializadas a los lugares más remotos y prístinos del globo como es la Antártida. Un equipo de investigación español ha constatado la presencia de contaminantes emergentes en pingüinos barbijo y kril de la Isla Decepción.

Estudios históricos demostraron que contaminantes como el DDT y otros compuestos organoclorados podían llegar a la Antártida a través de procesos atmosféricos y oceánicos de largo alcance. Este fenómeno, conocido como «destilación global», permite que sustancias contaminantes viajen miles de kilómetros desde regiones industriales hasta áreas remotas, donde pueden condensarse y acumularse debido a las bajas temperaturas.
Un nuevo estudio, liderado por el toxicólogo de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Murcia (UMU), Miguel Motas, ha permitido comprobar que estos animales presentan niveles detectables de contaminantes químicos nocivos para la salud empleados en la fabricación de plásticos, sin embargo, llaman la atención de que entre esas sustancias químicas no se ha encontrado el temido bisfenol A.
La investigación se ha centrado en evaluar la presencia de ciertos compuestos orgánicos como los perfluorados (PFOS y PFOA), ftalatos [di(2-etilhexil) ftalato (DEHP) y su metabolito MEHP] y bisfenol A (BPA), en pingüinos de barbijo (Pygoscelis antarctica) y en kril antártico (Euphausia superba), dos especies claves del ecosistema marino antártico.
Qué contaminantes emergentes se alojan en pingüinos barbijo y kril de la Antártida
Compuestos perfluorados
Los resultados revelaron datos sorprendentes. En primer lugar, se confirmó la presencia de compuestos perfluorados en casi todas las muestras, especialmente del ácido perfluorooctanoico (PFOA), que fue detectado en el 91.4% de los tejidos analizados. Por el contrario, el sulfonato de perfluorooctano (PFOS) solo se halló en un 5.7% de las muestras, lo que lleva a pensar a los científicos que existen posibles diferencias en las rutas de transporte o en la degradabilidad de estos compuestos en el ambiente polar. Llamativamente, los niveles de PFOA en los pingüinos antárticos fueron superiores a los encontrados en aves marinas del Ártico, lo que podría indicar un aumento reciente de este contaminante en la región antártica o diferencias ecológicas en la bioacumulación.

Ftalatos
El equipo de la Facultad de Veterinaria de Murcia detectó la presencia de ftalatos en el kril analizado, lo cual no solo confirma que esta especie está expuesta a contaminantes plásticos, sino que también actúa como vector de transferencia trófica hacia depredadores superiores como los pingüinos.
Curiosamente, no se hallaron ftalatos directamente en los tejidos de pingüinos, pero sí se detectó su metabolito, lo que evidencia una exposición pasada y metabolismo activo del compuesto. Fue hallado en tejidos metabólicamente activos como hígado, riñón, corazón y cerebro. Este hallazgo es particularmente relevante, afirman los investigadores, ya que hasta la fecha no se había documentado la presencia de ftalatos en aves antárticas, y menos aún en órganos internos. Su detección sugiere no solo una exposición continua a estos compuestos, sino también un potencial riesgo para la salud de la fauna polar.
Sin bisfenol A
En contraste, el bisfenol A, un compuesto ampliamente utilizado en la industria del plástico, no fue detectado en ninguna de las muestras analizadas. Esto puede explicarse por su menor persistencia en el ambiente o por la baja exposición local, aunque otras investigaciones han documentado su presencia en aguas residuales cercanas a estaciones científicas. La ausencia de BPA en pingüinos y kril, aunque tranquilizadora, no debe ser interpretada como definitiva, y los autores recomiendan estudios de seguimiento.
Cuándo se realizó el estudio
El estudio se llevó a cabo durante diversas campañas antárticas entre 2007 y 2010, y se analizaron muestras de tejidos de adultos y polluelos de pingüinos, así como de kril, su principal presa. En total, se procesaron 34 muestras biológicas que incluyeron órganos internos como hígado, riñón, músculo, corazón y cerebro, sometidas a técnicas avanzadas de cromatografía líquida acoplada a espectrometría de masas para detectar la presencia de los contaminantes mencionados.
El equipo liderado por Miguel Motas llama la atención sobre la presencia de estos contaminantes, aunque los niveles detectados sean bajos en comparación con los umbrales de toxicidad aguda, su persistencia, capacidad de bioacumulación y efectos subletales justifican una vigilancia ambiental continua.
Además, el trabajo pone de relieve la necesidad urgente de limitar el uso global de plásticos, así como de establecer regulaciones estrictas sobre el turismo y la actividad científica en la Antártida para evitar la introducción adicional de estos contaminantes en uno de los ecosistemas más vulnerables del planeta.













