Recuperar la visión mediante un simple colirio o una inyección en el ojo, sin implantes electrónicos, sin terapia génica y sin modificar el ADN. Ese es el prometedor avance que ha conseguido un equipo internacional de investigadores al desarrollar una nueva familia de fármacos fotosensibles capaces de restaurar funciones visuales en modelos animales de ceguera.

El tratamiento, que todavía no se ha probado en personas, ha permitido que ratones con degeneración macular asociada a la edad (DMAE) y retinitis pigmentaria recuperen la capacidad de detectar la luz y reaccionar de forma natural ante ella. Los resultados, publicados en Journal of the American Chemical Society, abren una nueva vía para tratar enfermedades que afectan a unos 200 millones de personas en todo el mundo.
Un tratamiento que actúa como una prótesis molecular
Las enfermedades degenerativas de la retina destruyen progresivamente los fotorreceptores, las células encargadas de captar la luz. Sin ellas, el ojo deja de enviar información visual al cerebro aunque gran parte del resto del circuito neuronal permanece intacto. El nuevo tratamiento aprovecha precisamente esa circunstancia.
Los investigadores han desarrollado una familia de compuestos denominada prosthe6, capaz de sustituir funcionalmente a los fotorreceptores perdidos. Estas moléculas responden a la luz visible y reactivan las señales visuales en la retina sin necesidad de implantar dispositivos electrónicos ni recurrir a modificaciones genéticas.
«Estas moléculas no curan la ceguera, ya que no abordan la causa de la degeneración de los fotorreceptores. Sin embargo, son sorprendentemente eficaces a la hora de restaurar la visión, y lo hacen mediante un enfoque muy sencillo y potencialmente fácil de usar para los pacientes», explica Pau Gorostiza, investigador ICREA en el Instituto de Bioingeniería de Cataluña (IBEC) y colíder del estudio.
Los ratones ciegos volvieron a reaccionar ante la luz
Uno de los resultados más llamativos fue comprobar que los animales tratados recuperaban comportamientos que dependen completamente de la visión.
Los ratones sanos evitan instintivamente los espacios iluminados y buscan refugio en zonas oscuras. Los ratones ciegos pierden ese comportamiento porque ya no perciben la luz.
Tras recibir el tratamiento con los compuestos prosthe6, los animales volvieron a preferir espontáneamente la oscuridad, demostrando que habían recuperado la capacidad de detectar la luz y utilizar esa información para orientar su comportamiento. Además, esta recuperación se produjo sin entrenamiento previo y con niveles de iluminación similares a los de un interior o un día nublado.
Dos de los compuestos desarrollados, prosthe6-12 y prosthe6-15, ofrecieron los mejores resultados tanto mediante inyección intraocular como mediante colirios, una característica especialmente prometedora por su sencillez de administración.
La clave está en aprovechar las células que todavía funcionan
En lugar de intentar reemplazar los fotorreceptores destruidos, la estrategia actúa sobre las células bipolares ON, que permanecen funcionales incluso cuando la enfermedad ha avanzado.
«En la visión sana, las células bipolares ON desempeñan un papel clave en la transmisión de información sobre la presencia de luz al resto del circuito visual. En las enfermedades oculares degenerativas, aunque se pierden los fotorreceptores, gran parte de este circuito subyacente permanece intacto, pero inactivo. Esto crea una gran oportunidad terapéutica», explica Pedro de la Villa, de la Universidad de Alcalá.

Cuando la luz alcanza estas moléculas, cambian de estructura y desencadenan señales muy parecidas a las que producirían unos fotorreceptores sanos, por lo que los investigadores las describen como auténticas «prótesis moleculares».
Otra ventaja importante es que funcionan con luz ambiental normal, sin necesidad de dispositivos externos que amplifiquen la iluminación, como ocurre con algunas estrategias basadas en optogenética.
El siguiente reto será comprobar si funciona en personas
El trabajo supone un importante avance en el campo de la fotofarmacología, una disciplina que utiliza moléculas cuya actividad puede controlarse mediante la luz.
La tecnología ya está protegida mediante patente y el equipo trabaja en mejorar la formulación para prolongar sus efectos y avanzar hacia futuros ensayos clínicos en humanos.
«Convertir esto en una terapia es un proceso largo y complejo», reconoce Pau Gorostiza. «Pero los resultados muestran que existe una posibilidad realista de restaurar una visión de alta calidad mediante fármacos, de forma no invasiva, reversible y con un mecanismo independiente de la enfermedad retinal o de la mutación genética concreta, lo que permitiría llegar a la mayoría de los pacientes».
Si los resultados pudieran reproducirse en personas, este enfoque ofrecería una alternativa mucho más sencilla y accesible que las prótesis electrónicas o algunas terapias génicas disponibles actualmente para determinadas enfermedades de la retina.













