Generar un ambiente cálido, una respiración guiada, masajes, balanceo pélvico podrían reducir intervenciones médicas innecesarias y promover partos más seguros y humanizados mediante la producción natural de oxitocina
Estas acciones favorecen la producción de leche materna, fortalecen el vínculo con el recién nacido, disminuyen el riesgo de cesárea y reducen el tiempo de trabajo de parto en 41 minutos. Además, facilitan el alivio del dolor y aumentan la probabilidad de parto vaginal en un 8%
Para el recién nacido generan un entorno más humanizado que disminuye el riesgo de puntuaciones bajas en el test de Apgar, la prueba que evalúa su estado de salud al nacer a partir de parámetros como el color de la piel, el pulso, la respiración y los reflejos.

“Cuando la experiencia se desarrolla en un entorno impersonal y rígido, aumentan los niveles de cortisol, la hormona del estrés, lo que puede bloquear el progreso del nacimiento y duplicar el riesgo de depresión posparto”, afirma la profesora Noridia Rativa Martínez, magíster en Enfermería Materno-Perinatal de la UNAL.
El parto suele presentarse como un proceso medicalizado, centrado en el dolor y el control tecnológico – monitor con alarmas o una luz fría-, lo que convierte a la madre en un paciente pasivo. Sin embargo, este es un proceso fisiológico único, cuya calidad depende más de factores humanos como la compañía respetuosa, la empatía y la contención emocional que de los aparatos o la medicación.
La académica Rativa propone un kit de acompañamiento para la humanización del parto, basado en herramientas naturales que ayudan a la madre a relajarse y participar activamente en su proceso. Este incluye la respiración guiada, los masajes, el uso de balones de parto, el balanceo pélvico, las caminatas, estímulos sensoriales como la musicoterapia y la aromaterapia, y técnicas ancestrales como el rebozo, un masaje tradicional realizado en la espalda baja de la madre que facilita el acomodo del bebé antes del nacimiento. Tales estrategias acercan la obstetricia a una práctica más respetuosa, efectiva y centrada en la mujer.
No se trata de un simple complemento, sino de una intervención de salud que previene traumas, optimiza los resultados clínicos y fortalece la capacidad del cuerpo para producir oxitocina, sustancia esencial para la apertura del cuello uterino durante el parto.
El taller “Marcando Vidas, Cuidando con Amor”, impulsado por la profesora Rativa, busca formar profesionales capaces de acompañar este proceso con calidez y conocimiento científico. Su misión es crear las condiciones para que la mujer produzca su propia oxitocina de manera natural, mediante herramientas que actúan como “interruptores neurohormonales”, promoviendo la relajación y bloqueando el estrés.
“Lo fundamental para un parto seguro está en garantizar un proceso positivo que se base en evidencia científica y calidez humana. Estas estrategias no farmacológicas no son un adorno, sino intervenciones fundamentales que optimizan el proceso biológico, reducen intervenciones médicas innecesarias y promueven el bienestar integral”, afirma la experta.

La batalla hormonal durante el parto
La Organización Mundial de la Salud (OMS) reportó en 2021 que más de un tercio de las mujeres que dan a luz presentan complicaciones psicológicas posteriores, como depresión posparto, ansiedad o miedo al parto, muchas vinculadas a experiencias de maltrato o falta de apoyo.
En Colombia, la Ley 2244 de 2022 reconoce el derecho de las mujeres a vivir el embarazo, el parto, el posparto y el duelo gestacional con libertad, respeto y acompañamiento digno. Esta norma garantiza atención integral y promueve el uso de métodos no farmacológicos y farmacológicos para el manejo del dolor, siempre respetando las costumbres, valores y creencias de la madre.
La profesora Martínez explica que “durante el trabajo de parto, la mujer produce cortisol por el estrés y el dolor, y oxitocina, conocida como la hormona del amor, cuando está relajada. Al final del embarazo, el bebé también eleva sus niveles de cortisol para desencadenar las contracciones”.
El problema es que un entorno hospitalario frío y lleno de alarmas genera miedo y eleva la adrenalina, otra hormona que bloquea la oxitocina y, por tanto, ralentiza la dilatación y el avance del parto.
“Si la madre se involucra en medio del estrés, la adrenalina sube tanto que bloquea la oxitocina y no se logra la dilatación necesaria”, advierte la experta. Por eso, un ambiente cálido, silencioso y acompañado puede ser tan determinante como cualquier medicamento.
La evolución hacia un parto más respetuoso no está en los fármacos, sino en el acompañamiento centrado en la madre y en el rescate de saberes validados por la ciencia. Dar a luz con seguridad implica que la mujer se sienta segura, escuchada y acompañada.
“Implementar estos talleres implica un cambio de paradigma que consiste en pasar de una atención centrada en el procedimiento a una atención centrada en la persona. Invertir en formación, en espacios adecuados y en tiempo de escucha se traduce en menos cesáreas innecesarias, menos complicaciones por partos prolongados y menores costos en salud mental y lactancia”, concluye la profesora Martínez.
Los aportes de la académica se ofrecieron durante el Simposio “Una mirada hacia el cuidado científico y humanizado materno-neonatal”, organizado por la Facultad de Enfermería de la UNAL.













