Medio Ambiente

Ciudad circular: el modelo para las ciudades sostenibles

Los entornos urbanos son los responsables de las tres cuartas partes de las emisiones de gases contaminantes, de ahí la necesidad de buscar modelos de ciudades sostenibles, en los que se apueste por sistemas eficientes y circulares. La clave puede ser la ciudad circular.

Las ciudades no están preparadas para responder a la emergencia climática. Son responsables de las tres cuartas partes de las emisiones de gases contaminantes que están acelerando el calentamiento global. Sin embargo, a pesar de que se están realizando esfuerzos para revertir esa situación, todavía no se ha dado los pasos decisivos, para una reducción drástica de su huella ambiental.

¿Qué hacer?, ¿de qué manera se deben organizar las ciudades? y ¿cómo implantar modelos de ciudades sostenible que funcionen? A estas preguntas trata de responder un grupo de investigadores de la Universidad de Málaga, que han analizado en un artículo un conjunto de acciones llevadas a cabo por ciudades de todo el mundo, con las que se han conseguido avances en la reducción del impacto ambiental de los entornos urbanos. Evidentemente no son la panacea, pero sí se acercan mucho a cómo deben ser las ciudades sostenibles y respetuosas con el medio ambiente.

Qué son las ciudades sostenibles

Las soluciones de adaptación de los entornos urbanos para combatir el cambio climático, en gran medida, son de sobra conocidas: apuesta por una movilidad sostenible, creación de sumideros de carbono en las propias ciudades o la incorporación en mayor medida de las energías renovables. Sin embargo, su puesta en práctica no resulta tan sencilla.

Por un lado hay una falta de conciencia por parte de la ciudadanía, pero también, ausencia de una acción pedagógica más intensa por parte de las autoridades, que hagan ver a la población la importancia, por ejemplo, de dejar el coche aparcado y moverse por la ciudad en bicicleta o en transporte público.

Aunque las actuaciones que necesitan las ciudades son mucho más ambiciosas que cambiar el coche por la bici, explica la investigadora de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad de Málaga, Nuria Nebot. En su opinión, las ciudades deben instaurar modelos circulares, que favorezcan “un flujo cíclico de los materiales y productos desde la extracción, distribución, uso y posterior recuperación”.

Ciudades circulares, más sostenibles y respetuosas con el medio ambiente

Nuria Nebot, junto a Alberto Lloret y Carlos Rosa, llaman la atención en su estudio sobre la necesidad de incorporar este modelo circular a las ciudades, más si se tienen en cuenta las previsiones realizadas por la ONU, en las que se adelanta que en 2050, el 68 por ciento de la población vivirá en ciudades.

Las ciudades pueden entenderse como seres vivos, afirman, que necesitan “recursos como alimentos, agua o energía para poder vivir”, tal y como se plantea en el concepto de metabolismo urbano. Pero ese metabolismo debe encaminarse hacia un modelo circular, en el que no se generen residuos, sino productos de interés que se incorporen de nuevo al sistema. Y, además, se pongan en marcha procesos energéticos, de gestión de aguas y de renaturalización de los espacios urbanos.

Nuria Nebot sostiene que una de las claves del éxito de estas ciudades sostenibles y circulares, entendidas como seres vivos, reside en la participación ciudadana. La implicación de la ciudadanía en la toma de decisiones, así como en el liderazgo de iniciativas ambientales está en la base del éxito de cualquier actuación en este sentido.

Azoteas verdes en Barcelona.

Participación vecinal en los nuevos modelos de ciudades

De ahí, sostiene, la importancia de la promoción de espacios de encuentro vecinales, la concienciación en temas de sostenibilidad y la búsqueda de fórmulas para la puesta en marcha de iniciativas más horizontales, que impliquen al conjunto de la comunidad.

“En casi todos los casos que hemos analizado, hay procesos participativos y una buena relación entre los propios agentes”, afirma Nuria Nebot.

Muchos de estos proyectos nacen a iniciativa de un ciudadano o de un grupo vecinal, comprometidos con la sostenibilidad de sus ciudades y que se implican en el desarrollo de acciones concretas. “Por ejemplo, Plastic Free Hackney, en Londres, impulsada por una vecina que decidió eliminar los envases de plástico y trasladó la idea a todo el vecindario, hasta el punto de que todo el barrio se implicó en la iniciativa y comercios que dejaron de utilizar los envases, para comenzar a vender a granel. Éste es un ejemplo de cómo una iniciativa se extiende a todo el barrio y luego es apoyada por la administración pública”.

Menos vehículo privado y más bicicleta y transporte público

Por otro lado, las ciudades fallan en materia de movilidad. El modelo basado en el uso masivo del vehículo privado debe dar paso a otros más sostenibles, en los que entren en juego la bicicleta o un mayor uso del transporte público. Esto, según Nuria Nebot, supone “transformar nuestras ciudades”, para adaptarlas a una circulación segura en bicicleta, con carriles bici segregados del tráfico motorizado, con los que la ciudadanía pierda el miedo a moverse en bicicleta.

En este sentido, también resulta importante impulsar “ciudades de proximidad”, la conocida como ciudad de los quince minutos, en las que los servicios básicos están distribuidos por todo el territorio, de forma que no se tengan que hacer grandes desplazamientos para contar con lo fundamental. Sin embargo, afirma esta investigadora de la Universidad de Málaga, este modelo de proximidad está reñido por el crecimiento que están experimentando algunas ciudades, con la planificación de urbanizaciones con poca densidad de población, alejadas del núcleo, a las que resulta muy difícil llevar servicios básicos como un servicio de autobús, una panadería o un colegio.

Por eso, la densidad es otra de las cuestiones a tener en cuenta en la configuración de las ciudades, para hacer posible la eficiencia en la prestación de los servicios.

Nuria Nebot, investigadora de la Universidad de Málaga.

Energías renovables y sistemas energéticos pasivos en las ciudades

Del mismo modo, en las ciudades circulares tienen mucha presencia las energías renovables y la apuesta por sistemas energéticos pasivos, que contribuyan al ahorro energético de los edificios. Estos aspectos han mejorado en los últimos años y vienen descritos en el código técnico de edificación, al que deben ajustarse los arquitectos, y que se ha acercado a modelos más sostenibles y eficientes desde el punto de vista energético, afirma esta investigadora de la ETS de Arquitectura de la Universidad de Málaga.

En las ciudades circulares se realiza una gestión eficientes de los recursos, en la que los residuos se incorporan al sistema productivo como material con valorizado. Sin embargo “no se trata solamente de trabajar sobre los residuos sólidos, uno de los campos en los que más se ha avanzado, sino que se trata de ir mucho más allá”. Por ejemplo, la gestión sostenible y circular del agua constituye una de las actuaciones más importantes en este sentido, y más en el contexto de cambio climático, que está haciendo que se reduzca la disponibilidad de recursos hídricos.

Gestión circular del agua

De ahí, explica Nuria Nebot, que se tienda a realizar una gestión sostenible del agua potable y se reciclen aguas residuales. Pero también hay otro campo en el que no todas las ciudades tienen experiencia y representa otra línea de actuación para mejorar la sostenibilidad de los espacios urbanos. Hasta ahora, en la mayoría de las ciudades las aguas de escorrentía no se aprovechan y eso debe cambiar.

“El urbanismo tradicional ha impermeabilizado nuestros suelos y hemos tendido a recoger todas estas aguas y canalizarlas de forma artificial. Ahora, a través de un urbanismo mucho más blando se está tendiendo a gestionar de una manera mucho más natural, a respetar los cauces naturales del agua, a filtrar ese agua de escorrentía a través del terreno natural”, dice esta experta.

De la misma manera, en los modelos de ciudades circulares se apuesta por el fomento de la biodiversidad en los entornos urbanos con más espacios verdes en el interior de los espacios urbanos, con anillos naturales o, directamente, con la naturalización de las cubiertas que, al tiempo que mejoran el aislamiento térmico del edificio, suponen una fuente de captura de CO2 de la atmósfera.

Todas estas acciones se han llevado a cabo en ciudades de Países Bajos, Gran Bretaña, Dinamarca entre otros,  y también España, donde Barcelona y Vitoria son ejemplos a destacar. Una tendencia que lleva a configurar ciudades más sostenibles, pero también más humanas y habitables. En definitiva, ciudades más saludables.

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