La luna llena no solo transforma el paisaje nocturno. Para algunas especies, supone una auténtica oportunidad de supervivencia. Es el caso del chotacabras cuellirrojo, un ave migradora nocturna que aprovecha al máximo las noches con mayor iluminación para alimentarse más, ahorrar energía y afrontar procesos tan exigentes como la reproducción o la migración.

Un estudio liderado por la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC) y publicado en Science Advances ha demostrado cómo los ciclos lunares condicionan la economía energética de esta especie en el Espacio Natural de Doñana.
Más luz, más comida: el negocio del chotacabras en luna llena
Los chotacabras se alimentan de insectos voladores durante la noche. A diferencia de los murciélagos, no están adaptados a moverse ni cazar en oscuridad total, por lo que dependen de la luz natural para localizar a sus presas.
La luna llena mejora notablemente su capacidad visual y les permite ampliar sus horas de actividad y caza durante toda la noche. En esos días, el balance energético mejora.
“Estos animales viven en el umbral de la pobreza energética. La luna llena solo representa para ellos un modesto ingreso extra que, sumado a un salario mínimo más que ajustado, mitiga momentáneamente su precaria economía y les permite cubrir ciertos costes, pero siempre sin excesos”, explica Carlos Camacho, investigador de la Estación Biológica de Doñana y primer autor del estudio.
Qué hace el chotacabras cuando no hay luna
El problema llega con la luna nueva. Sin iluminación, el chotacabras apenas puede cazar durante pequeños intervalos al amanecer y al atardecer.
Para compensarlo, esta ave cuenta con una adaptación singular: posee uno de los estómagos proporcionalmente más grandes entre todas las aves. Esto le permite capturar y almacenar grandes cantidades de insectos en pocos minutos tras la puesta de sol para digerirlos posteriormente. Sin embargo, esa estrategia tiene un coste.
Mucha comida, digestión lenta y ahorro extremo
El gran tamaño del estómago reduce el espacio disponible para el intestino, responsable de procesar el alimento. Como consecuencia, la digestión del chotacabras es especialmente lenta, lo que limita la cantidad de energía que puede aprovechar incluso en noches favorables.
Cuando los ingresos energéticos caen, toca recortar gastos. Durante las noches sin luna, el ave permanece prácticamente inmóvil gran parte del tiempo y activa mecanismos de ahorro fisiológico.
El truco para sobrevivir: bajar la temperatura corporal
El estudio demuestra que el chotacabras recurre al torpor, un mecanismo mediante el cual reduce temporalmente su temperatura corporal para disminuir el gasto energético.
“Los chotacabras ponen en marcha mensualmente este mecanismo de control de gasto, conocido como torpor, enfriando temporalmente su cuerpo unos 5oC durante las noches sin luna y recuperando su temperatura normal cuando la luna llena restablece sus oportunidades de alimentación”, detalla Gabriel Norevik, coautor del estudio e investigador de la Universidad de Lund, en Suecia.
En términos prácticos, el ave entra en una especie de modo ahorro energético hasta que mejoran las condiciones de caza.
La luna también marca reproducción y migración
La investigación muestra que el presupuesto energético del chotacabras cambia continuamente según el calendario lunar. Cuando hay noches luminosas, el ave puede acumular pequeños excedentes energéticos. Eso le permite afrontar tareas especialmente costosas.
“Solo entonces consiguen suficiente energía para afrontar los sobrecostes de la reproducción y la migración, cuando además de mantenerse ellos mismos, tienen que destinar recursos a alimentar a su prole o a acumular grasa a modo de combustible para un largo viaje”, explica Anders Hedenström, experto en migración de aves de la Universidad de Lund.
La luna, clave para entender la vida nocturna
Este trabajo confirma que los ciclos lunares son un elemento clave para comprender el comportamiento y la supervivencia de numerosas especies nocturnas.
Además, abre nuevas preguntas sobre cómo la contaminación lumínica puede alterar estos patrones naturales y afectar a la biodiversidad nocturna.













