Chile ha pasado de ser un país tradicionalmente productor de legumbres a depender de las importaciones para cubrir buena parte de su consumo. El caso más llamativo es el de las lentejas: más del 90 % de las que se consumen en el país son importadas, principalmente desde Canadá.

La situación contrasta con el valor estratégico de estos cultivos para la soberanía alimentaria, pero también con sus beneficios nutricionales y ambientales. Las legumbres aportan proteínas de origen vegetal, fibra, vitaminas y minerales, y pueden contribuir además al desarrollo de sistemas agroalimentarios más sostenibles.
El descenso de la producción chilena se ha producido de forma considerable desde la década de 1980, mientras que el consumo también se ha reducido. Expertas de la Universidad de Chile advierten de que ambos fenómenos están relacionados y apuntan a factores económicos, productivos y sociales que dificultan tanto la recuperación de los cultivos como su incorporación habitual a la dieta.
Chile ha perdido capacidad para producir sus propias legumbres
En Chile todavía existe producción local de legumbres, principalmente de lentejas, garbanzos y porotos, pero su volumen se ha reducido drásticamente desde los años 80.
La consecuencia es una creciente dependencia de las importaciones. En el caso de las lentejas, más del 90 % del consumo procede del exterior, principalmente de Canadá.
Para Cecilia Baginsky, académica de la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad de Chile e integrante del Grupo Transdisciplinario para la Investigación, Docencia y Extensión en Obesidad de Poblaciones (GTOP), el problema no reside en importar alimentos, sino en perder la capacidad de producirlos localmente.
“El problema no es importar, no es que yo esté en contra de la importación, sino que el problema es depender constantemente de las importaciones mientras perdemos nuestra propia capacidad de producir un alimento que es estratégico a nivel nacional”, señala Baginsky.
La dependencia exterior adquiere especial importancia ante posibles crisis que dificulten el comercio internacional. Lorena Rodríguez Osiac, directora de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Chile y coordinadora del GTOP, advierte de las consecuencias que podría tener esta situación.
“Frente a cualquier crisis que implique no poder traer productos de fuera, nos quedamos con escasez de un alimento que es básico y que debería estar en todos los hogares de Chile”, explica Rodríguez Osiac.
Las legumbres aportan proteínas, fibra, vitaminas y minerales
La importancia de recuperar la producción de legumbres no está relacionada únicamente con la capacidad de Chile para abastecerse de alimentos.
Las legumbres son una fuente de proteínas vegetales, fibra, vitaminas y minerales, por lo que pueden desempeñar un papel relevante en una alimentación saludable.
Además, su producción puede contribuir a desarrollar sistemas agroalimentarios sostenibles, lo que convierte a estos cultivos en un recurso de interés tanto desde el punto de vista nutricional como ambiental.
“Las legumbres son alimentos que aportan proteínas que, en este caso, son de origen vegetal. Aportan fibra, vitaminas y minerales, y además responden al patrimonio cultural de nuestro país, con preparaciones que son clásicas en Chile, como los porotos granados”, explica Lorena Rodríguez.
Las investigadoras destacan esta dimensión nutricional en un contexto marcado por una elevada prevalencia de enfermedades relacionadas con dietas de baja calidad y, especialmente, con el consumo de alimentos ultraprocesados.
En este escenario, aumentar el consumo de legumbres podría contribuir a diversificar la alimentación y mejorar su calidad, al incorporar con mayor frecuencia alimentos de origen vegetal y nutricionalmente densos.

¿Por qué se consumen cada vez menos legumbres?
La caída de la producción va acompañada de un descenso del consumo. Las expertas apuntan a diferentes factores que ayudan a explicar por qué las legumbres han perdido presencia en la alimentación cotidiana.
Uno de ellos es el cambio en los hábitos de vida. La falta de tiempo para cocinar y la creciente preferencia por alimentos preparados o listos para consumir dificultan la incorporación habitual de estos alimentos a la dieta.
“Actualmente cada vez las personas tienen menos tiempo para cocinar, preferimos la disponibilidad de platos listos para consumir y las legumbres necesitan un tiempo de remojo, tiempo de preparación, y eso hace que, en general, las personas tiendan a consumirlas menos porque hay que tener ese tiempo, como el día anterior, por ejemplo, para dejarlas remojando y consumirlas al día siguiente y prepararlas”, explica Cecilia Baginsky.
A esta dificultad práctica se suma un factor cultural y socioeconómico. La académica señala que las legumbres todavía están asociadas en determinados sectores con la pobreza y las épocas de escasez.
“También yo diría que está asociado a que las legumbres todavía están asociadas a la pobreza. La gente del campo come más legumbres; la gente de la ciudad deja de comer legumbres o proteínas más baratas como estas y empieza a consumir proteínas más caras, como la carne. Eso ha sido un factor importante también para asociar las legumbres con la pobreza”, indica Baginsky.
El resultado es una paradoja: mientras las legumbres ofrecen una fuente relativamente asequible de proteínas y otros nutrientes, su consumo puede verse desplazado por alimentos más caros o por productos que requieren menos tiempo de preparación.
Producir más legumbres también exige recuperar el consumo
Para las expertas, recuperar la producción de legumbres no puede abordarse de manera independiente del consumo.
Baginsky considera que producción y consumo están estrechamente relacionados. Si los agricultores aumentan las superficies cultivadas pero no existe suficiente demanda, la actividad puede dejar de resultar rentable. Al mismo tiempo, fomentar el consumo resulta complicado si no existe una oferta suficiente, asequible y adaptada a los hábitos alimentarios actuales.
“tanto la producción como el consumo (de legumbres) están estrechamente ligados y muy relacionados, porque, por ejemplo, no basta con incentivar a los agricultores a que siembren más si no existe una demanda adecuada en el mercado y condiciones que hagan rentable esta producción de legumbres. Pero tampoco podemos decirle a las personas que coman más si no contamos con una oferta suficiente, asequible y adaptada también a las condiciones actuales de alimentación de las personas en los distintos territorios”.
Esta relación entre producción y consumo hace necesario actuar sobre toda la cadena alimentaria y no únicamente sobre los agricultores.
El objetivo, según Baginsky, es “analizar la cadena, toda la cadena, intercambiar la experiencia de cada uno de los países de la región y, en la medida que sea posible, generar algunas recomendaciones que puedan de alguna manera transformarse después en políticas públicas”.
¿Por qué resulta más barato importar que producir?
La reducción de la producción chilena responde a un conjunto de factores productivos, económicos y políticos.
Lorena Rodríguez explica que Chile “tradicionalmente era un productor de legumbres y hoy día ha ido disminuyendo drásticamente la producción”.
Entre las causas señala decisiones productivas, económicas y políticas, pero también la transformación del territorio y su utilización para otros fines, como la vivienda.
A ello se suma una cuestión fundamental: la relación entre el coste de producir legumbres en Chile y el reducido nivel de consumo interno.
“También aquí hay un equilibrio en términos económicos de cuánto nos cuesta producir versus el bajo consumo que hay en el país y, por lo tanto, aparentemente, es más barato importar que producir”, señala Rodríguez.
La recuperación de estos cultivos exige, por tanto, abordar simultáneamente la rentabilidad de la producción, la demanda interna y las condiciones que permitan a los consumidores acceder a las legumbres a precios asequibles.
Las legumbres, entre la alimentación saludable y la soberanía alimentaria
La situación de las legumbres en Chile refleja un problema que va más allá de un determinado cultivo. Su producción afecta a la soberanía alimentaria, mientras que su consumo tiene implicaciones sobre la calidad de la dieta y la salud de la población.
Aumentar la producción local permitiría reducir la dependencia exterior y reforzar la capacidad del país para garantizar el acceso a un alimento básico ante posibles interrupciones del comercio internacional.
Al mismo tiempo, recuperar su presencia en la alimentación cotidiana contribuiría a aprovechar sus propiedades nutricionales y a recuperar preparaciones que forman parte del patrimonio alimentario chileno.
Por ello, las especialistas plantean la necesidad de impulsar estrategias que actúen sobre toda la cadena: desde la producción agrícola hasta los hábitos de consumo, pasando por la disponibilidad, el precio y la adaptación de las legumbres a las nuevas formas de alimentación.

Sudamérica busca estrategias para recuperar las legumbres
Este contexto ha llevado a especialistas de diferentes países sudamericanos, entre ellos expertas de la Universidad de Chile, a plantear estrategias para aumentar la producción de legumbres y promover su consumo en la región.
Las propuestas se abordarán durante el taller “Estrategias para aumentar la producción de legumbres y promover su consumo en Sudamérica”, que se celebrará los días 8 y 9 de septiembre en la Casa Central de la Universidad de Chile.
El encuentro está organizado con la participación de Cecilia Baginsky y Lorena Rodríguez Osiac y pretende intercambiar experiencias sobre las barreras, oportunidades, facilitadores y obstáculos que afectan a la producción y el consumo de legumbres en distintos países sudamericanos.
La primera jornada estará dirigida a especialistas, mientras que la segunda estará abierta al público e incluirá la conferencia “Legumbres en sistemas alimentarios saludables y sostenibles”, a cargo de Cecilia Baginsky, así como la presentación de los principales resultados de la primera jornada por parte de Lorena Rodríguez Osiac.
El desarrollo y los resultados del taller contribuirán además a diferentes Objetivos de Desarrollo Sostenible, entre ellos Hambre cero, Salud y bienestar, Producción y consumo responsables y Acción por el clima.
El objetivo final es encontrar estrategias que permitan recuperar el papel de las legumbres en los sistemas alimentarios sudamericanos, tanto como fuente de alimentos saludables como elemento de soberanía alimentaria y sostenibilidad.













