Cáncer de mama: ocultarlo y retrasar la visita al médico triplica el riesgo de muerte

A pesar de las campañas informativas, todavía hay mujeres que retrasan su visita al médico cuando se detectan bultos extraños en el pecho. El Hospital Universitario Costa del Sol ha comprobado que la demora en la visita al facultativo triplica el riesgo de muerte y que la mayor parte de estas mujeres son de edad avanzada y viven solas.

Aunque el cáncer de mama es uno de los más tratados y estudiados en la medicina moderna, su pronóstico sigue dependiendo en gran medida del momento en que se detecta la enfermedad. La rapidez con la que se consulta al médico al notar los primeros síntomas puede marcar la diferencia entre un tratamiento eficaz o una enfermedad avanzada, tal y como se advierte en las campañas informativas que se llevan a cabo para concienciar a la población.

Riesgo de retrasar el diagnóstico del cáncer de mama

Un estudio multicéntrico realizado por el Hospital Costa del Sol revela que las mujeres que retrasan más de 90 días la consulta médica desde que notan los primeros síntomas presentan un riesgo de mortalidad a dos años tres veces mayor que aquellas que buscan atención más temprano.

Este trabajo, publicado en la revista European Journal of Surgical Oncology y realizado entre 2013 y 2015, analizó los casos de 543 mujeres diagnosticadas con cáncer de mama en diez hospitales del sistema sanitario público, cuyos grupos de investigación pertenecen a la red RICAPPS del Instituto de Salud Carlos III. Todas las participantes eran pacientes sintomáticas, es decir, no habían sido detectadas a través de programas de cribado, sino que acudieron al médico por su propia iniciativa tras notar señales como bultos, cambios en la piel o secreciones.

El estudio se centró en el concepto de “retraso atribuible al paciente”, definido como el periodo que transcurre entre la aparición de los primeros síntomas y la decisión personal de buscar ayuda médica.

Qué porcentaje de mujeres tarda más de tres meses en acudir al médico tras notarse un bulto en el pecho

A diferencia de los retrasos derivados del sistema, como listas de espera o demoras en pruebas diagnósticas, este tipo de demora depende enteramente del comportamiento y circunstancias del paciente. Los resultados son contundentes: el 14% de las mujeres incluidas en la investigación esperaron más de tres meses antes de consultar con un médico, y este grupo tuvo una tasa de mortalidad significativamente mayor durante los dos años posteriores al diagnóstico.

Pero más allá del dato estadístico, lo revelador del estudio es el perfil de quienes tienden a demorar más. «Las mujeres que vivían solas fueron casi el doble de propensas a retrasar la consulta respecto a aquellas que convivían con otras personas», explica el catedrático del Departamento de Especialidades Quirúrgicas, Bioquímica e Inmunología de la Universidad de Málaga, Maximino Redondo, quien añade que en el estudio también se encontró una correlación entre mayor edad y mayor retraso.

La soledad y la edad avanzada no solo aumentaban la probabilidad de demora, sino que también se asociaban con un peor pronóstico y una mayor mortalidad. El análisis multivariable llevado a cabo por el equipo de Redondo demostró que vivir sola era el «único predictor independiente del retraso», mientras que el estadio clínico del tumor en el momento del diagnóstico era, como era de esperar, el factor más fuertemente asociado a la mortalidad.

Sin embargo, incluso después de controlar por la etapa del cáncer, el retraso atribuible al paciente seguía siendo un factor de riesgo relevante. Las mujeres que tardaron más de 90 días en buscar atención médica tuvieron una probabilidad de morir en los siguientes dos años tres veces mayor que aquellas que actuaron con mayor rapidez.

Barreras invisibles para acceder a los servicios de salud

Estos hallazgos subrayan una realidad incómoda. Aunque el sistema sanitario español es universal y accesible, existen barreras invisibles, de carácter social, cultural y emocional, que impiden a algunas personas acceder a él a tiempo. No se trata únicamente de desconocimiento o de falta de recursos económicos, sino también de cuestiones como «el miedo al diagnóstico, la percepción errónea de los síntomas, la ausencia de redes de apoyo o incluso el duelo y la depresión no tratada», explica Maximino Redondo.

Las mujeres mayores que viven solas, en particular, enfrentan una combinación de factores que las vuelve especialmente vulnerables: aislamiento social, menor acceso a información actualizada sobre salud, y una tendencia a normalizar o minimizar los síntomas físicos.

Otros factores que explican la demora en acudir al médico

En su estudio, el grupo del Hospital Universitario Costa del Sol encontró otras variables asociadas a peores resultados, como el índice de masa corporal elevado o el desempleo, factores que podrían reflejar un acceso desigual al seguimiento médico y a estilos de vida más saludables.

Curiosamente, «no se observó una relación significativa entre síntomas de ansiedad o depresión, medidos mediante escalas clínicas, y el retraso en la atención», lo que sugiere que otros aspectos del entorno emocional y social podrían ser más determinantes. A pesar de que el sistema de salud español garantiza la atención médica, este trabajo demuestra que el acceso no siempre se traduce en uso oportuno.

Maximino Redondo (en el centro), investigador de la UMA, con el grupo del Hospital de la Costa del Sol.

Extender las intervenciones más allá del ámbito clínico

A tenor de los resultados de esta investigación, el equipo firmante del artículo, entre los que se encuentran académicos y facultativos del hospital insisten en la necesidad de implementar intervenciones más allá del ámbito clínico. Proponen «estrategias comunitarias para fortalecer las redes de apoyo social, programas educativos específicos para personas mayores o que viven solas, y el fomento de escuelas de pacientes que orienten, informen y acompañen a quienes pueden sentirse perdidas en el camino hacia el diagnóstico», explica Maximino Redondo.

El temor silencioso de una posible enfermedad como el cáncer se traduce en inacción, y la inacción, en peores resultados. Por ello, la detección precoz no debe limitarse a campañas de cribado masivo: debe convertirse en una cultura social del cuidado mutuo, en la que nadie enfrente sus síntomas en soledad.

«Ponemos sobre la mesa el que si eres médico y estás viendo a una paciente mayor, que vive sola, hay que estar más encima de ella, prestarle más atención y, por otro lado, que los servicios sociales le hagan un seguimiento, a fin de evitar que dejen de visitar al médico en caso de que se detecten una lesión sospechosa», opina Maximino Redondo.

Esta investigación muestra una realidad poco conocida del cáncer y recuerda que en esta enfermedad no solamente matan los tumores, sino también el miedo. Por tanto, acabar con ese temor de colectivos vulnerables debe convertirse en el primer tratamiento.