¿Cómo era la vida cotidiana en una de las ciudades más importantes del Mediterráneo occidental? Más de veinte años de excavaciones arqueológicas han permitido reconstruir con un nivel de detalle sin precedentes la evolución de Carthago Nova, desde su fundación como Qart Hadašt en el siglo III a. C. hasta la ciudad visigoda y bizantina del siglo VII d. C. Los resultados de la investigación están recogidos en la monografía El barrio oriental de Carthago Nova, publicada por la Universidad de Murcia.

Las investigaciones, desarrolladas por un equipo coordinado por la Universidad de Murcia (UMU), revelan cómo vivían sus habitantes, cómo evolucionó el urbanismo, cuáles eran sus costumbres, cómo se organizaban sus barrios y qué ocurrió cuando una parte de la ciudad se transformó en una de las mayores necrópolis de la Hispania tardoantigua.
Casas, talleres y grandes residencias de la Cartagena romana
Las excavaciones realizadas en el actual Barrio Universitario de Cartagena, uno de los mayores proyectos de arqueología urbana desarrollados en España, han permitido estudiar uno de los barrios residenciales y artesanales más extensos de la antigua Carthago Nova.
Los trabajos documentan la transformación de la ciudad desde la etapa púnica hasta la gran remodelación impulsada durante el gobierno de Augusto, identificando viviendas, talleres y espacios productivos que muestran cómo cambió la ciudad tras la conquista romana.
Entre los hallazgos destacan la Casa del Pebetero, uno de los mejores ejemplos conservados de arquitectura doméstica bárquida; la Domus de los Delfines; y la Domus de Salvius, una espectacular residencia altoimperial cuyos mosaicos, pinturas murales y sistemas constructivos han sido analizados con técnicas arqueológicas y arqueométricas de última generación.
«La publicación permite acercarse a la vida cotidiana de los habitantes de Carthago Nova, a sus creencias religiosas, sus costumbres domésticas, su alimentación, sus actividades productivas y las profundas transformaciones urbanas experimentadas por la ciudad durante más de cuatro siglos», explica José Miguel Noguera, catedrático de Arqueología de la Universidad de Murcia.
Cuando un barrio se convirtió en una gran ciudad de los muertos
La investigación también documenta uno de los cambios urbanos más llamativos de la historia de Cartagena. A partir de finales del siglo IV d. C., el antiguo barrio residencial pasó a convertirse en una extensa necrópolis utilizada durante los últimos siglos del Imperio romano y la etapa bizantina.
Se trata de uno de los conjuntos funerarios más importantes de la Hispania tardoantigua y del mayor conocido para la Cartagena bizantina, considerada entonces capital de la provincia de Spania.
ADN antiguo para conocer quiénes fueron sus habitantes
Uno de los aspectos más innovadores del estudio es la incorporación de metodologías científicas que hace apenas unos años eran impensables en arqueología.
Los investigadores han realizado análisis epigráficos, antropológicos, cerámicos, numismáticos y de materiales vítreos, además de los primeros estudios de ADN antiguo desarrollados junto al Instituto Max Planck, que permitirán conocer el origen y la composición genética de la población que habitó la ciudad durante la Antigüedad tardía.
La arqueología revela también cómo se cuidaba a los enfermos hace 1.500 años
El proyecto incorpora además nuevas líneas de investigación como la denominada arqueología de los cuidados.
Este enfoque permite detectar evidencias de atención a personas enfermas o con discapacidad a partir del estudio de los restos humanos, ofreciendo una visión mucho más humana de las comunidades que vivieron en Carthago Nova y mostrando cómo existían prácticas de cuidado y apoyo mucho antes de los sistemas sanitarios modernos.
Casi mil años de historia reconstruidos
Las investigaciones abarcan un periodo cercano a los 1.000 años, desde la fundación bárquida de Qart Hadašt hasta la Carthago Spartaria visigoda y bizantina.
Los resultados han sido revisados recientemente mediante un proyecto financiado por la Fundación Séneca, que ha permitido reinterpretar los materiales obtenidos durante las excavaciones realizadas entre 1999 y 2007 utilizando nuevas metodologías y una perspectiva multidisciplinar.
Todo ese conocimiento se recoge ahora en una obra científica coordinada por José Miguel Noguera Celdrán, Jaime Vizcaíno Sánchez, María José Madrid Balanza y Javier Gómez Marín, con la participación de más de cuarenta investigadores de universidades y centros de investigación nacionales e internacionales.














