Un equipo de la Universidad de Almería analiza el papel ambiental del Maytenus europaea, popularmente conocido como arto, una especie arbustiva cuyo origen se remonta a las épocas en las que la costa mediterránea era mucho más húmeda y que hoy día actúa como una especie de isla promotora de vida.

El arto (Maytenus senegalensis europaea) ha formado parte del paisaje de la costa Mediterránea desde tiempos inmemoriales. A simple vista, este arbusto espinoso es una especie vegetal más de las muchas que pueblan esta zona de la Península Ibérica, sin embargo, representa mucho más.
Artos, la muestra de los bosques costeros
Este arbusto es una muestra de los bosques costeros que dominaban la Península Ibérica cuando el entorno mediterráneo gozaba de un clima más húmedo. Una reliquia biológica con una función fundamental en el ecosistema y que hoy día está amenazado por la urbanización del terreno, la proliferación de invernaderos y la fragmentación de su hábitat natural.
Un equipo de la Universidad de Almería (UAL), en colaboración con investigadores de Granada, Málaga y Murcia, ha realizado un estudio sobre el arto, en el que alertan de que poco más de medio siglo se ha perdido un tercio de la población de esta especie vegetal.
Una especie protegida que es un refugio para otras especies
El arto es una especie protegida y clave en la conservación de los ecosistemas áridos costeros del Mediterráneo occidental. Aparte de por unas espinas puntiagudas y unos frutos rojos llamativos, el Maytenus europaea destaca por funcionar como una isla de vida. Este arbusto es un regalo para la biodiversidad, porque da refugio y recursos a invertebrados, reptiles y aves; pero no solamente, también actúa como regulador de microclima y favorecedor de la fertilidad del suelo. «El arto representa el conjunto de vegetación máxima que puede desarrollarse en estos ambientes áridos», afirma el investigador de la UAL, Antonio Mendoza.
Las condiciones climáticas de las regiones costeras del Sureste de la Península Ibérica hacen que las formaciones arbustivas como el arto y su ‘primo’ el azufaifo ocupen el papel medioambiental que tienen los árboles en otros ecosistemas. «Tenemos que imaginarnos estos arbustos como si fueran árboles cuyo tronco está enterrado bajo tierra y que solamente aflora la copa», añade Antonio Mendoza.

Beneficios esosistémicos de los artos
La estrategia de supervivencia de los artos es beneficiosa para el propio arbusto y genera una isla de biodiversidad a su alrededor. Estas formaciones vegetales fijan el suelo, ayudan a que se acumule materia orgánica y facilitan la germinación de otras especies de flora. Junto a ellas, crean el ambiente ideal para la habitabilidad de otros grupos de biodiversidad, como invertebrados, insectos, aves, mamíferos.
Sin embargo, el paraguas de protección que facilita el arto a otras especies no le vale de nada para defenderse de las agresiones humanas. En un estudio publicado en la revista Ecological Solutions and Evidence por más de una veintena de especialistas, pone de manifiesto la situación difícil de esta especie arbustiva y confirma lo que expertos venían advirtiendo desde los años setenta del siglo pasado: su retroceso constante.
Se ha perdido un tercio de los artos
Desde 1956 se ha reducido en más de un tercio la población de artos y la fragmentación de su hábitat se ha duplicado. Basta como ejemplo el caso de El Ejido, en la provincia de Almería, y de Torremolinos, en la de Málaga, donde el avance de los invernaderos y el urbanismo asociado a la actividad turística han borrado casi por completo el paisaje natural donde prosperaba este arbusto, afirman los investigadores.
La consecuencia de esta pérdida trasciende a la desaparición de arto de territorios que tradicionalmente ha ocupado. Con el retroceso de la población de artos decae la biodiversidad asociada a estos arbustos de grandes dimensiones, así como la calidad del suelo, ya que estas especies favorecen la proliferación de los microorganismos que aportan fertilidad y la presencia de humedad bajo tierra, gracias a que cuentan con unas potentes raíces, capaces de atraer agua a capas del subsuelo más superficiales. Asimismo, la reducción de colonias de artos ha conllevado una pérdida en la diversidad genética de la especia y también una merma en su capacidad de regeneración natural.
Signos de recuperación
A pesar de la difícil situación del arto, hay algunas señales que invitan al optimismo y que muestran la recuperación de esta especie en algunas zonas del Sureste. En el entorno del Mar Menor, en la Región de Murcia, está prosperando una población de artos. El arbusto ha mostrado una capacidad de recolonización que ha sorprendido a los propios científicos, que le ha llevado a repoblar entornos degradados por metales pesados, procedentes de la antigua actividad minera en la zona.
Posiblemente, afirman los investigadores de la Universidad de Almería, esta nueva expansión de la especie arbustiva se debe a la acción de las aves, que se encargan de dispersar sus semillas.

Dificultades para favorecer su expansión
Más allá de la regeneración natural del Maytenus europaea, en laboratorio se han estudiado fórmulas para favorecer su expansión, aunque los resultados no han sido los esperados. Esta especie ha mostrado resistencia a prosperar mediante actuaciones de restauración ambiental. Tal y como ha comprobado este equipo científico, las semillas de arto muestran una viabilidad baja, del 35-55 por ciento, y muchas de ellas carecen de embrión.
Los ensayos con frío y hormonas vegetales ofrecen mejoras moderadas, mientras que la propagación por esquejes ofrece tasas de enraizamiento del 33–48 por ciento, especialmente cuando se utilizan sustratos de perlita pura sin hormonas añadidas.
Las translocaciones al campo, sin embargo, siguen siendo un desafío. Las plantas reintroducidas suelen morir por estrés hídrico, herbivoría o altas temperaturas estivales.
Los científicos proponen revisar los protocolos de plantación, incorporar técnicas de micorrización (asociación de raíces con hongos beneficiosos) y establecer programas de riego y protección post-trasplante. En este contexto, el monitoreo a largo plazo es esencial para ajustar las estrategias de conservación.
Antonio Mendoza y el equipo de científicos que firman esta investigación abogan por implicar a todos los elementos de la sociedad en la conservación del arto, para alcanzar un modelo de desarrollo económico en consonancia con la naturaleza y que contribuya a dibujar un futuro sostenible en la costa mediterránea. Y, sobre todo, apostar por esta especie arbustiva para la creación de corredores verdes, por representar un modelo de resiliencia frente al cambio climático, por su capacidad para prosperar en entornos degradados y áridos.
El arto es un símbolo de un Mediterráneo en transformación, al tiempo que un asidero al que recurrir para mejorar la biodiversidad en un entorno sometido una alta presión humana.













