La exposición a determinados pesticidas durante la infancia podría influir en el momento en que aparece la primera menstruación, uno de los principales hitos del desarrollo femenino. Esa es la conclusión de un estudio liderado por la Universidad de Granada (UGR), que ha analizado a 506 niñas españolas y ha encontrado que un residuo de fungicidas se asocia con una menarquia más temprana, mientras que un compuesto derivado del insecticida clorpirifós se relaciona con un retraso en su aparición.

La investigación, publicada en la revista científica Environmental Research, forma parte del proyecto INMA (Infancia y Medio Ambiente) y aporta nuevas evidencias sobre el posible papel de los disruptores endocrinos en el desarrollo puberal. Aunque los autores insisten en que los resultados deben interpretarse con cautela y requieren confirmación en otros estudios, consideran que refuerzan la necesidad de seguir investigando cómo la exposición a determinadas sustancias químicas puede afectar a la salud infantil.
La pubertad también depende del entorno
La pubertad está regulada por el sistema endocrino, pero su inicio no depende únicamente de la genética. Factores como la alimentación, el estilo de vida, el estado nutricional o la exposición a determinadas sustancias químicas también pueden influir en el momento en que comienza este proceso.
En los últimos años, diversos estudios han observado una tendencia al adelanto de la pubertad en las niñas, un fenómeno cuya explicación parece responder a una combinación de factores biológicos y ambientales. Entre ellos se encuentran algunos pesticidas, utilizados durante décadas en la agricultura y capaces de alterar el funcionamiento normal de las hormonas.
Qué descubrió el estudio
El trabajo, coordinado por la Universidad de Granada dentro del proyecto INMA, realizó el seguimiento de 506 niñas procedentes de Asturias, Guipúzcoa, Sabadell y Valencia.
Para conocer su exposición a pesticidas, los investigadores analizaron muestras de orina obtenidas cuando las participantes tenían entre 7 y 10 años, entre 2013 y 2016. Posteriormente realizaron un seguimiento hasta los 14-16 años, registrando la edad a la que apareció la primera menstruación.
Los resultados identificaron dos asociaciones relevantes.
Por un lado, las niñas con concentraciones más elevadas de etilenotiourea (ETU) —un residuo procedente de fungicidas del grupo de los ditiocarbamatos— presentaban una primera menstruación más temprana. Los investigadores apuntan a que este compuesto actúa como un agente antitiroideo, por lo que podría alterar la función de las hormonas tiroideas implicadas en el desarrollo puberal.
Por otro, la presencia de TCPy, un metabolito del insecticida clorpirifós, se relacionó con un retraso en la menarquia. Esta asociación fue especialmente intensa entre las niñas con sobrepeso u obesidad, lo que sugiere que el estado nutricional podría modificar la respuesta del organismo a la exposición química.
¿Qué son los disruptores endocrinos?
Los disruptores endocrinos son sustancias capaces de alterar el funcionamiento del sistema hormonal. Algunas pueden imitar la acción de las hormonas y otras bloquearla o modificarla, especialmente cuando la exposición se produce durante etapas críticas del desarrollo.
En la población general, una de las principales vías de exposición a estos compuestos es la alimentación, ya que determinados residuos de pesticidas pueden encontrarse en alimentos procedentes de la agricultura convencional.
Los investigadores recuerdan que la exposición no implica necesariamente la aparición de efectos sobre la salud, pero sí hace necesario comprender mejor qué ocurre cuando estos compuestos actúan durante el crecimiento infantil.
Un hallazgo con implicaciones para la salud pública
La edad a la que aparece la primera menstruación tiene consecuencias que van más allá del desarrollo reproductivo. Una menarquia precoz se ha asociado en diferentes investigaciones con un mayor riesgo de problemas psicológicos durante la adolescencia y con una mayor probabilidad de desarrollar enfermedades hormono-dependientes, como el cáncer de mama, en etapas posteriores de la vida.
Por ello, los autores consideran importante seguir evaluando la exposición a este tipo de sustancias y profundizar en los mecanismos biológicos que podrían explicar estas asociaciones.
Algunos de estos pesticidas ya están prohibidos en Europa
El estudio recuerda que tanto el clorpirifós como varios fungicidas ditiocarbamatos, entre ellos mancozeb y maneb, ya no están autorizados en la Unión Europea debido a los riesgos detectados para la salud y el medio ambiente.
No obstante, la exposición a otros pesticidas continúa siendo objeto de investigación. Sustancias como los piretroides o el glifosato siguen generando debate científico sobre sus posibles efectos a largo plazo.
En paralelo, la Unión Europea se ha marcado, dentro de la estrategia «De la Granja a la Mesa» del Pacto Verde Europeo (Green Deal), el objetivo de reducir un 50 % el uso de pesticidas químicos antes de 2030.
Los autores concluyen que estos resultados constituyen una de las primeras evidencias obtenidas mediante un seguimiento prospectivo sobre la relación entre determinados pesticidas y la edad de la primera menstruación. Sin embargo, subrayan que el estudio identifica asociaciones, no una relación de causa y efecto, por lo que consideran imprescindible confirmar estos hallazgos en nuevas investigaciones realizadas en otras poblaciones.













