Algunos ingredientes fundamentales para la vida llegaron del espacio: lo confirma el primer azúcar encontrado en la Vía Láctea

¿Pudieron algunos de los componentes necesarios para el nacimiento de la vida llegar desde el espacio? Un equipo internacional de investigadores ha dado un paso decisivo para responder a esta pregunta al detectar por primera vez un azúcar en el medio interestelar, el inmenso espacio situado entre las estrellas de una galaxia.

Imagen del centro galáctico obtenida a partir de las observaciones realizadas con distintos telescopios. / Ashley Barnes/Izaskun Jiménez-Serra/Juan García de la Concepción.

El descubrimiento, publicado en Nature Astronomy, identifica eritrulosa en una nube molecular cercana al centro de la Vía Láctea. El hallazgo abre la posibilidad de que este tipo de moléculas estuvieran presentes mucho antes de la formación de la Tierra y llegaran a nuestro planeta transportadas por meteoritos y cometas hace unos 4.000 millones de años, contribuyendo al origen de las primeras formas de vida.

El primer azúcar detectado directamente entre las estrellas

Hasta ahora se habían encontrado azúcares como la ribosa o la glucosa en meteoritos y en muestras procedentes de asteroides, pero nunca se había identificado un azúcar directamente en el medio interestelar.

«Nuestro trabajo muestra que los azúcares se pueden formar de manera natural en el espacio«, explica Izaskun Jiménez Serra, investigadora del Centro de Astrobiología (CAB-CSIC-INTA) y primera autora del estudio.

La molécula descubierta es la eritrulosa, un azúcar simple que en la Tierra está presente de forma natural en frutos rojos como las frambuesas y que también se utiliza como ingrediente en algunos productos cosméticos.

¿Por qué este descubrimiento cambia lo que sabíamos?

Los azúcares desempeñan un papel esencial en la biología porque forman parte de los ácidos nucleicos, como el ARN y el ADN, además de intervenir en numerosos procesos metabólicos.

Uno de los grandes interrogantes sobre el origen de la vida consiste precisamente en explicar cómo aparecieron estos compuestos en la Tierra primitiva, ya que los experimentos de laboratorio muestran que su formación espontánea resulta muy complicada en las condiciones existentes antes de la aparición de los primeros seres vivos.

La detección de un azúcar directamente en el espacio ofrece ahora una nueva explicación: que parte de estas moléculas llegaran desde el exterior durante el denominado Bombardeo Intenso Tardío, cuando la Tierra recibió el impacto de numerosos meteoritos y cometas entre hace 4.100 y 3.800 millones de años.

Los investigadores estiman que entre medio millón y 50 millones de toneladas de eritrulosa pudieron alcanzar la superficie terrestre durante ese periodo.

Una nube de la Vía Láctea esconde la pista

La eritrulosa se ha identificado en la nube molecular G+0.693-0.027, situada cerca del centro de nuestra galaxia. Para detectar esta molécula, los científicos utilizaron observaciones realizadas con el radiotelescopio de 40 metros del Observatorio de Yebes (Guadalajara) y el radiotelescopio de 30 metros del IRAM, situado en Pico Veleta (Granada).

El equipo identificó 12 señales espectroscópicas que coincidían con las obtenidas previamente en laboratorio, confirmando la presencia de este azúcar en el espacio.

Un resultado inesperado para la astroquímica

El estudio también sorprendió a los investigadores porque la eritrulosa resultó ser al menos ocho veces más abundante que otros azúcares más pequeños que, según las teorías actuales, deberían detectarse con mayor facilidad.

«Este resultado fue inesperado, puesto que la idea más aceptada en astroquímica es que las moléculas interestelares crecen en tamaño por la adición consecutiva de átomos de carbono. Por ello, teníamos que continuar investigando», señala Izaskun Jiménez Serra.

Esa investigación permitió demostrar, junto a especialistas de las Universidades de Extremadura y Radboud (Países Bajos), que la eritrulosa puede formarse en los hielos interestelares a partir de moléculas orgánicas mucho más sencillas.

El siguiente objetivo: encontrar la ribosa en el espacio

Para Carlos Briones, también investigador del Centro de Astrobiología, este descubrimiento abre una nueva etapa en la búsqueda de las moléculas que hicieron posible la aparición de la vida.

«La detección de eritrulosa en una nube molecular es un descubrimiento emocionante, porque abre la posibilidad de identificar en el medio interestelar azúcares más grandes, como la ribosa, que forma parte del ARN, y otras moléculas relevantes para el origen de la vida», afirma.

Si futuras investigaciones consiguen detectar estos compuestos, los científicos dispondrán de nuevas evidencias para comprender cómo surgieron los primeros sistemas biológicos tanto en la Tierra como, potencialmente, en otros lugares del universo.