Las algas marinas son mucho más que un simple elemento del ecosistema acuático. Cada una de ellas funciona como una especie de laboratorio en miniatura, que genera una asombrosa variedad de sustancias. Desde compuestos para protegerse de depredadores y la radiación solar, hasta elementos químicos capaces de repeler bacterias y hongos, las algas son verdaderos prodigios de la naturaleza. A pesar de su complejidad y su potencial, han sido tradicionalmente poco estudiadas.

Sin embargo, en su interior se esconde un tesoro de compuestos bioactivos que podrían servir de base para desarrollar productos nutracéuticos innovadores y fármacos marinos capaces de combatir la inflamación o enfermedades tan devastadoras como el cáncer.
El potencial de las algas marinas para la salud
Hasta ahora, las algas han sido empleadas principalmente como ingredientes estelares en restaurantes de alta cocina o para la fabricación de algunas cremas de parafarmacia. Sin embargo, el potencial de estos seres vivos es mucho mayor. Las moléculas que albergan en su interior las convierten en una fuente prácticamente inagotable de principios activos para la industria farmacéutica y la salud humana. Compuestos únicos, que no se encuentran en ninguna planta terrestre y que podrían dar lugar a una nueva generación de medicamentos con amplias aplicaciones farmacéuticas.
A pesar de que el mundo de las algas todavía es poco conocido, diversos estudios han demostrado su potencial como fuente de productos bioactivos. Sin embargo, aún falta una labor fundamental: identificar las especies de algas con compuestos de interés. En esta tarea trabaja un equipo del Instituto Universitario de Biotecnología y Desarrollo Azul (IBYDA) de la Universidad de Málaga, liderado por Manuel Marí Beffa, que ha realizado una exhaustiva revisión de estudios internacionales.
Esta investigación ha permitido identificar una treintena de especies ricas en polisacáridos, unos derivados de azúcares que se emplean de forma habitual en la formulación de medicamentos. Concretamente, estas moléculas pueden tener efectos contra el cáncer, la inflamación y el estrés oxidativo, así como capacidad de regeneración, inmunomodulación y fotoprotección.

El pez cebra como modelo de estudio
La revisión se ha centrado en los estudios realizados en pez cebra, un modelo animal muy empleado en ciencia por ser un organismo transparente, lo que permite observar lo que ocurre en su interior, y por su alta similitud genética con los humanos. Este trabajo supone un primer paso crucial para la identificación de algas marinas candidatas a convertirse en fuente de moléculas para el desarrollo de productos para la salud.
El equipo coordinado por Manuel Marí Beffa trabaja mediante un enfoque exploratorio, evaluando las especies seleccionadas para identificar moléculas con características de interés. “Es una comparación a ciegas sin una idea preconcebida de las ventajas que pueden ofrecer para la biomedicina o para la acuicultura, que es otro de los campos de interés desde un punto de vista industrial”, explica Marí Beffa.
Esta labor, aunque lenta e ingrata y que rara vez da recompensas inmediatas, no desanima a los investigadores de la Universidad de Málaga. Están convencidos de que, sin este tipo de estudios fundamentales, no se podría construir una base sólida de sustancias beneficiosas para la salud humana. En el futuro, estas moléculas podrían convertirse en agentes activos clave en una nueva generación de medicamentos.

Sustancias contra el cáncer
Hasta el momento, “hemos encontrado sustancias que permiten la remisión de algún tipo de cáncer, que tendremos que validar en algún modelo animal, como el pez cebra o el ratón, pero es un camino muy difícil y complicado que lleva muchos años”, explica Marí Beffa.
De lo que sí hay certeza es de la enorme variedad de compuestos polisacáridos existentes en el fondo del mar, ya que cada familia de alga o de hongo marino presenta un conjunto de moléculas diferentes. Además, el grupo del IBYDA ha podido demostrar que el método de extracción de estos compuestos influye en su naturaleza, de manera que de una misma materia prima se pueden obtener moléculas diferentes dependiendo de si la purificación se ha llevado a cabo mediante alcoholes, enzimas específicas o tratamientos al calor.
“Hay polisacáridos muy tóxicos, otros permiten hacer geles, otros antiinflamatorios… todos ellos tienen facilidad para mejorar el sistema inmunitario, pero no se puede establecer una regla general, ya que encontramos muchas variaciones entre sí. Y ahora estamos correlacionando las características moleculares de estas sustancias con los efectos biológicos”, afirma el investigador de la Universidad de Málaga.
Los polisacáridos de las algas marinas son diferentes a los que se encuentran en tierra firme; varía la composición de sus azúcares, lo que sitúa a los investigadores ante unos compuestos desconocidos, cuya naturaleza y aplicaciones farmacéuticas se tratan de descifrar.
El futuro de los fármacos marinos
A medida que la tecnología avanza, el enigma que esconden las algas se hace más comprensible y su potencial, más accesible. La inteligencia artificial no solo ayuda a detectar complejas relaciones entre compuestos, sino que acelera drásticamente el proceso de descubrimiento. La metabolómica permite analizar con una rapidez sin precedentes lo que antes tomaba semanas, optimizando la identificación de moléculas clave. Además, las nuevas técnicas de cultivo marino multiplican la disponibilidad de biomasa de algas sin poner en riesgo los ecosistemas, asegurando una fuente sostenible para la investigación y la producción.
De hecho, una parte importante del entusiasmo actual proviene de este aspecto: las algas se pueden cultivar de forma sostenible, tanto en granjas costeras como en instalaciones controladas que funcionan casi como jardines submarinos artificiales. Su crecimiento rápido y su capacidad para absorber dióxido de carbono añaden un beneficio inesperado, porque además de inspirar fármacos, contribuyen a mitigar el impacto climático.
La búsqueda de estas moléculas de interés en las algas está llena de obstáculos. Escalar la producción de un compuesto interesante puede ser un desafío enorme; purificarlo, aún más. Y el largo viaje desde una molécula prometedora hasta un medicamento aprobado está lleno de filtros, estudios, etapas clínicas y consideraciones éticas.
Sin embargo, Manuel Marí Beffa y su equipo están dispuestos a recorrer este largo camino, para descifrar el contenido molecular de las algas marinas y construir una base de conocimiento para una generación de fármacos obtenidos del mar, unos medicamentos más potentes que permitan afrontar nuevos retos en el campo de la salud.














