Agricultura regenerativa: medicina para el suelo de los olivares y garantizar rentabilidad a la larga

La agricultura regenerativa se presenta como una alternativa sostenible a los cultivos intensivos. Esta fórmula se presupone beneficiosa tanto para el ecosistema como para la rentabilidad de la explotación agrícola, pero cuánto. Un equipo de investigación del Instituto de Agricultura Sostenible del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (IAS CSIC) han llevado a cabo un estudio sobre el impacto de la agricultura regenerativa en el olivar en colaboración con la Finca Regenerativa Valle del Conde, ubicada en la localidad cordobesa de Luque. Los resultados han sorprendido.

El estudio, publicado en la revista Soil Use and Management, analiza durante seis años los efectos de la agricultura regenerativa en un olivar comercial. El trabajo compara dos parcelas gestionadas con prácticas regenerativas, con y sin cobertura vegetal abundante, frente a un olivar convencional colindante, y toma como referencia adicional un pequeño bosque mediterráneo cercano.

Más vida bajo tierra

Los resultados son contundentes. En las parcelas regenerativas con buena cobertura vegetal, la materia orgánica del suelo aumentó un 75% respecto al manejo convencional. También se registró un incremento del 33% en los agregados estables al agua, un indicador clave de la estructura del suelo, y otro 33% en la humedad a capacidad de campo, es decir, la cantidad de agua que el suelo puede retener tras la lluvia.

La población de microorganismos cultivables creció un 18%, y algunos indicadores biológicos, como la diversidad funcional microbiana, alcanzaron valores similares a los del bosque natural de referencia. Aunque la materia orgánica del bosque sigue siendo muy superior, el olivar regenerativo acortó distancias de forma notable.

En términos prácticos, esto significa suelos más estructurados, con mayor capacidad para infiltrar y retener agua, más resistentes a la erosión y con mayor actividad biológica. En un contexto de cambio climático y lluvias cada vez más irregulares, estos atributos pueden marcar la diferencia.

“El estudio demuestra que la agricultura regenerativa puede restaurar la salud del suelo y potenciar múltiples servicios ecosistémicos en olivares, alcanzando valores próximos a los de un ecosistema natural. Estos beneficios se reflejan claramente en la estructura, fertilidad, biodiversidad y funcionamiento del suelo, evidenciando su potencial como modelo sostenible para los olivares mediterráneos”, explica la autora principal de la investigación, Milagros Torrús Castillo Torrús.

Del herbicida al pastoreo

El cambio de modelo no fue cosmético. La finca regenerativa abandonó el uso sistemático de herbicidas y apostó por mantener el suelo cubierto todo el año con vegetación espontánea. Esa cubierta se gestiona mediante pastoreo rotacional de ovejas —unas 2.500 cabezas en total— que fertilizan de forma natural el terreno. Además, los restos de poda se trituran y se distribuyen sobre el suelo.

En contraste, el olivar convencional mantiene el suelo desnudo bajo la copa mediante herbicidas y aplica fertilizantes minerales y tratamientos fitosanitarios de forma periódica.

El estudio también detectó que dentro del propio sistema regenerativo hay matices. En las zonas con menor cobertura vegetal —con pequeños claros de suelo desnudo— los indicadores de salud del suelo eran inferiores a los de las áreas mejor cubiertas, aunque en general se mantenían en niveles comparables o superiores al sistema convencional. La conclusión es clara: la cobertura continua es clave.

Servicios ecosistémicos al alza

Más allá de los parámetros físicos y químicos, el equipo evaluó los llamados “servicios ecosistémicos”: los beneficios que el ecosistema proporciona a la sociedad.

En el sistema regenerativo mejoraron especialmente los servicios de regulación, como el secuestro de carbono y la regulación hídrica. La acumulación de carbono orgánico del suelo fue mayor en la parcela regenerativa con buena cobertura que en la convencional. También se valoraron positivamente aspectos como el control natural de plagas, la polinización y la reducción de la erosión.

En los servicios culturales —paisaje, identidad tradicional, bienestar del agricultor— el sistema regenerativo obtuvo puntuaciones más altas, en parte por la integración del ganado y la recuperación de prácticas tradicionales.

En cambio, los servicios de provisión —fundamentalmente la producción de aceituna— se mantuvieron en niveles similares en ambos modelos. Es decir, no se produjo una merma significativa de la producción por adoptar prácticas regenerativas.

¿Y las cuentas?

Uno de los aspectos más relevantes del estudio es el análisis económico. Frente a la percepción de que lo sostenible es menos rentable, los datos apuntan en la dirección contraria.

El ingreso bruto por hectárea fue mayor en el sistema regenerativo (2.825 euros) que en el convencional (2.428 euros). Pero la diferencia más significativa se observó en el balance neto: 1.340 euros por hectárea en el modelo regenerativo frente a 467 euros en el convencional. La relación beneficio-coste también fue superior (1,90 frente a 1,40).

La reducción de insumos externos —fertilizantes minerales, herbicidas— y la mejora en la eficiencia del sistema explican en parte esta diferencia. El estudio utilizó datos reales de la finca regenerativa y datos oficiales para el sistema convencional, ajustando los costes laborales y de maquinaria para garantizar la comparabilidad.

“Estos hallazgos demuestran que la agricultura regenerativa mejora la funcionalidad del suelo, apoya múltiples servicios ecosistémicos y aumenta los retornos económicos, destacando la importancia de las prácticas regenerativas en los olivares”, remarca Torrús.