Algunas cremas, labiales, bases de maquillaje, geles de afeitar, protectores solares y champús contienen per y polifluoroalquiladas (PFAS), una familia de compuestos químicos sintéticos ampliamente usados por su resistencia al agua, la grasa y el calor. Aunque están permitidas, se pueden absorber a través de la piel y acumularse en órganos como los riñones y el hígado. Su exposición prolongada se ha asociado con alergias y alteraciones en el sistema inmune, incluida una menor eficacia de las vacunas debido a una débil respuesta inmunológica. Ahora, un sistema de inteligencia artificial permite identificar estos tóxicos en cosméticos.

Estas sustancias se incorporan a productos cosméticos por su capacidad para mejorar la textura, prolongar la duración y facilitar la aplicación. Su presencia permite que las fórmulas sean más uniformes, se absorban mejor o generen menos sensación grasa sobre la piel. Según su función, pueden representar desde un pequeño porcentaje de la mezcla —2 o 3 %— hasta más del 50 % del contenido del producto. Aunque cumplen un rol técnico en la industria, su uso ha sido cuestionado en varios países debido a sus efectos acumulativos en el cuerpo humano.
Las PFAS no son exclusivas del mundo cosmético, también se han usado en otros productos cotidianos como sartenes antiadherentes, textiles impermeables, envases de comida rápida y juguetes plásticos, gracias a su estructura química altamente estable. Estas moléculas están formadas por cadenas de carbono en las que los átomos de hidrógeno se han reemplazado parcial o totalmente por flúor, una modificación que las hace prácticamente indestructibles y dificulta su eliminación del organismo y del ambiente.
Aunque siguen permitidas en muchos países, su uso ha sido restringido en otros por advertencias de autoridades sanitarias como la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) y la Agencia de Protección Ambiental (EPA) en Estados Unidos, y la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria. Estas agencias han alertado sobre los riesgos de una exposición prolongada, ya que las PFAS no se degradan fácilmente y pueden permanecer en el cuerpo incluso 5 años después del primer contacto.
Aunque su toxicidad aún se investiga, los hallazgos preliminares de la química Lici Damar Díaz Bambagüé, magíster en Toxicología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), alertan sobre la urgencia de vigilar y regular la presencia de estas sustancias en productos cosméticos de uso diario.

Su estudio se suma a advertencias de dichas agencias que han señalado efectos inmunotóxicos tras exposiciones prolongadas al ácido perfluorooctanoico y el perfluorooctano sulfónico, por ejemplo. Estos pueden debilitar la respuesta inmunitaria a las vacunas y reducir la resistencia a infecciones, especialmente en bebés y niños.
Además, diversas investigaciones han reportado una posible relación entre la exposición a estas sustancias y un mayor riesgo de preeclampsia en humanos. Asimismo se han identificado mecanismos moleculares inducidos por los PFAS que contribuirían al desarrollo de cáncer de hígado.
Inteligencia artificial para anticipar riesgos
Para evaluar los posibles efectos inmunotóxicos de las PFAS sin recurrir a pruebas con animales, la química Díaz empleó modelos de aprendizaje automático entrenados con datos públicos de la base CompTox de la Agencia Ambiental de Estados Unidos. Con ellos construyó un conjunto de datos con 1.701 sustancias clasificadas como activas o inactivas, y utilizó algoritmos supervisados como árboles de decisión, bosques aleatorios, XGBoost y máquinas de soporte vectorial para analizar su actividad en células humanas.
“El uso de estas herramientas no reemplaza los estudios experimentales, pero sí permite priorizar sustancias para futuras investigaciones”, explica la investigadora.
Uno de los resultados más relevantes fue la clasificación de la perfluorodecalina —presente en al menos 20 productos cosméticos autorizados por el Invima— como posible inmunotóxica. Esta sustancia no cuenta con restricciones en Colombia ni aparece regulada en la base CosIng (Cosmetic Ingredients Database) de Europa, que el país adopta como referencia.

Según la experta, “nuestra legislación adopta la norma menos restrictiva entre esas referencias, lo que significa que sustancias ya observadas o con alertas en otros países se pueden seguir empleando aquí sin limitación, mientras no se actualicen las listas internacionales como CosIng”.
En su análisis de 115 productos registrados ante el Invima, identificó moléculas como perfluorometilciclohexano, perfluoropropileno y perfluorohexilethyl triethoxysilane, además de la ya mencionada perfluorodecalina, que también figura en sus modelos como potencialmente inmunotóxica, pese a no tener ninguna restricción normativa.
El modelo más eficiente mostró que las sustancias con mayor peso molecular y mayor lipofilia (afinidad por las grasas) tienden a presentar mayor riesgo inmunotóxico. De las más de 4.700 PFAS identificadas en el mundo, solo unas pocas han sido evaluadas y reguladas.













