Patrimonio: las fachadas orientadas al norte sufren más humedad y las del sur más grietas

Las fachadas orientadas al norte acumulan más humedad, suciedad y colonización biológica, mientras que las orientadas al sur presentan más grietas, fisuras y pérdida de material por la radiación solar. Esta es una de las principales conclusiones de una investigación liderada por la Universidad de Granada que demuestra cómo la orientación de los edificios condiciona directamente su deterioro.

El estudio, publicado en la revista científica internacional Results in Engineering, registró una correlación cercana al 85% entre la orientación de las fachadas y los tipos de deterioro detectados, evidenciando que cada cara del edificio funciona como un microclima específico.

La investigación ha sido desarrollada por la investigadora predoctoral Ane Fernández bajo la dirección de la catedrática María Paz Sáez-Pérez.

El norte favorece humedad y hongos; el sur acelera grietas y fracturas

El trabajo analizó un total de 144 fachadas pertenecientes a 45 edificios históricos de Granada para determinar cómo influyen factores ambientales como la humedad, la radiación solar, el viento, las precipitaciones o los cambios térmicos sobre la conservación del patrimonio arquitectónico.

Los resultados muestran patrones de deterioro claramente diferenciados según la orientación cardinal. Las fachadas orientadas al norte registran una mayor presencia de humedad, manchas, depósitos salinos y oscurecimiento superficial, además de una mayor proliferación de líquenes y colonización biológica. Según explica el estudio, esta situación se relaciona con la menor exposición solar y la persistencia de ambientes húmedos.

En cambio, las fachadas orientadas al sur presentan más grietas, fisuras y pérdida de cohesión superficial, asociadas a los procesos de fracturación y disgregación provocados por la intensa radiación solar y los continuos ciclos térmicos.

Las fachadas oeste pierden más material y las este presentan daños moderados

La investigación también identificó comportamientos diferenciados en las orientaciones este y oeste. Las fachadas orientadas al este muestran un comportamiento intermedio, con alteraciones cromáticas moderadas, eflorescencias y desprendimientos superficiales, vinculados a la radiación solar matinal y a condiciones de humedad moderada.

Por su parte, las fachadas orientadas al oeste registran una mayor incidencia de desprendimientos, pérdida de material y crecimiento vegetal, relacionados con la acumulación de humedad, la acción del viento y las variaciones térmicas de las horas de la tarde.

Técnicas no invasivas para proteger el patrimonio arquitectónico

Uno de los aspectos destacados del trabajo es la aplicación de metodologías no invasivas para estudiar el estado de conservación de los edificios históricos. El equipo investigador empleó documentación fotográfica, modelado digital y análisis avanzado de imágenes para evaluar la gravedad y extensión de los daños sin intervenir físicamente sobre las estructuras patrimoniales.

Entre las patologías analizadas se encuentran grietas y fracturas, desprendimientos superficiales, desgaste de materiales, cambios de color asociados a humedad y contaminación, acumulación de sales en superficie, suciedad y colonización vegetal.

Hacia modelos de conservación preventiva más eficaces

Las investigadoras destacan que este tipo de herramientas permite avanzar hacia sistemas de conservación preventiva del patrimonio arquitectónico mucho más precisos y adaptados a las condiciones ambientales reales de cada edificio.

Según concluye el estudio, la identificación temprana de patrones de deterioro puede facilitar intervenciones más eficaces y sostenibles, además de mejorar la protección del valor histórico y cultural de los edificios.