El conocimiento que se tiene sobre los hábitos alimenticios en la Edad del Bronce ha llegado del estudio de los utensilios empleados en la preparación de alimentos, restos óseos de animales hallados en enterramientos y de estudios químicos realizados a los huesos humanos de las necrópolis. Sin embargo, ahora han aparecido los restos de un banquete que se celebró en lo que hoy es Baños de la Encina (Jaén) que aportan una información muy valiosa sobre los hábitos alimenticios de esta época y el papel de las comidas grupales.

El hallazgo se ha realizado en el yacimiento de Peñalosa, donde un equipo del Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Granada (UGR) ha encontrado lo que parece ser el ‘cubo de la basura’ donde se depositaron los restos de una comida multitudinaria celebrada en la época argárica, hace 4.000 años. Una estructura circular de mampostería de pizarra y barro que fue rellenada mayoritariamente con restos de animales en un único momento.
Este tipo de actos han sido ampliamente analizados en la prehistoria reciente peninsular y en el resto de Europa, Asia y América. Dichas celebraciones funcionaban como mecanismos de cohesión del grupo, generadores de memoria y de identidad individual y colectiva, al mismo tiempo que mantenían la estructura social, demarcaban las desigualdades y reforzaban la autoridad y el poder de los organizadores del evento.

Qué se comía en los banquetes de la Edad del Bronce
Las excavaciones realizadas en el yacimiento de Peñalosa an permitido desenterrar más de 2.200 fragmentos óseos, pertenecientes a un mínimo de 16 ejemplares incompletos de especies habituales del poblado: vaca, caprinos, cerdo, ciervo, jabalí, conejo y liebre. Sin embargo, el rasgo más sobresaliente es el predominio de caballos, con un mínimo de cinco individuos.
La presencia de numerosas marcas de carnicería, la escasez de huesos en conexión anatómica, la abundancia de elementos anatómicos de elevado aporte cárnico, la preferencia por individuos adultos de todas las especies y la inexistencia de una organización interna hacen suponer que esta estructura funcionó como un «pozo de desechos» donde se colocaron los restos del banquete. Las dificultades para la conservación de toda esta carne denotan que en este evento participó una parte importante de la sociedad.
El papel de los banquetes hace 4.000 años
“Las causas que motivaron la celebración de este banquete son desconocidas y seguramente nunca puedan llegar a ser determinadas, si bien este tipo de eventos suelen relacionarse con nacimientos, fallecimientos, lazos matrimoniales, ritos de paso, actos inaugurales o fundacionales, festividades religiosas, sacrificios asociados a labores riesgosas como la metalurgia, etc.”, explica Lucía Tinoco, investigadora de la UGR que trabaja en este estudio.
“Independientemente del motivo de la ceremonia, reunirse para comer la gran cantidad de carne proporcionada por un mínimo de cinco caballos y por el resto de los animales tuvo que constituir un acontecimiento extraordinario para esta comunidad”, concluye la científica.














