Hace unos 120.000 años, cuando el nivel del mar era algo más alto y el clima más cálido que el actual, las costas del sureste de la Península Ibérica eran un auténtico corredor de vida. En lo que hoy son las playas de Calblanque y Torre de Cope (Murcia), una serie de dunas fósiles ha conservado algo más que arena endurecida: las huellas de animales que caminaron por aquellos paisajes durante el último gran interglacial del Pleistoceno.

Un estudio, publicado en Quaternary Science Reviews y firmado por investigadores de las universidades de Sevilla, Huelva y el Instituto Andaluz de Ciencias de la Tierra, describe varios nuevos yacimientos de huellas de vertebrados que aportan una visión sorprendente sobre la fauna que habitaba o transitaba por la costa murciana. Entre las pisadas identificadas aparecen rastros de cánidos, mustélidos, équidos, grandes artiodáctilos e incluso elefantes de colmillos rectos, una especie ya extinta conocida como Palaeoloxodon antiquus.
“Las sucesiones eólicas ofrecen una evidencia valiosa más allá del registro fósil tradicional”, señalan los investigadores en el artículo. En otras palabras, estas huellas cuentan historias que los huesos rara vez conservan: cómo se movían los animales, en qué tipo de terreno caminaban y qué relación tenían con el entorno.
La investigación se ha producido a partir de campañas de prospección en las costas murcianas, en las áreas de Calblanque y Torre de Cope, coordinadas por Carlos Neto de Carvalho, de la Universidad de Lisboa. En estas campañas han participado los investigadores Fernando Muñiz Guinea y Miguel Cortés-Sánchez, de la Universidad de Sevilla, Francisco J. Jiménez Espejo y Jon Camuera, del IACT-CSIC (Granada) y Luis M. Cáceres, de la Universidad de Huelva. El equipo se ha completado con expertos de Portugal, como Noel Moreira (Universidad de Évora) y João Belo (Universidad de Coimbra).
Un paisaje de dunas y bosques costeros
Durante el llamado Estadio Isotópico Marino 5e (MIS 5e), hace entre 128.000 y 116.000 años, la región de Murcia disfrutaba de un clima templado y húmedo. Los vientos moldeaban sistemas de dunas oolíticas —arena marina cementada con carbonato— que hoy aparecen fosilizadas en lugares como el Parque Regional de Calblanque. A juzgar por las huellas, aquel entorno no era un desierto sino un mosaico de playas, matorrales y bosques, donde especies propias de ecosistemas mixtos se movían con libertad.
Las huellas encontradas en Calblanque pertenecen a distintos animales. Unas, pequeñas y redondeadas, se atribuyen a un mustélido de tamaño medio, posiblemente similar a la actual garduña (Martes foina). Otras muestran las marcas alargadas de las garras de un gran cánido, con dimensiones compatibles con las de un lobo adulto. En los mismos niveles aparecen pisadas de ciervos o bóvidos, y también las de un equino, probablemente un caballo salvaje (Equus ferus) o un asno europeo (Equus hydruntinus), ambos típicos del Pleistoceno ibérico.
El rastro del elefante gigante
El hallazgo más llamativo procede de la cercana Torre de Cope, donde se documenta una serie de grandes impresiones ovaladas de hasta medio metro de diámetro. Su tamaño y morfología las vinculan sin duda a un elefante, concretamente al Palaeoloxodon antiquus, una de las especies más imponentes de la megafauna europea. Este elefante, que podía superar las 10 toneladas en su edad adulta, habitó en Europa durante los periodos cálidos del Pleistoceno y coexistió con los neandertales.
El estudio estima que el ejemplar que dejó aquellas huellas tendría unos 2,3 metros de altura al hombro y pesaría alrededor de 2,6 toneladas, es decir, un individuo joven pero ya robusto. Las marcas indican que caminaba en línea recta hacia el interior, “un registro directo de locomoción cuadrúpeda”, señalan los autores, y que probablemente formaba parte de un grupo que se desplazaba por la costa.



Playas convertidas en autopistas naturales
Lo más interesante del conjunto no es solo la diversidad de animales, sino lo que revela sobre el paisaje y los movimientos de la fauna. Según los investigadores, las playas y dunas del Mediterráneo murciano actuaban como corredores ecológicos, rutas naturales de paso para grandes herbívoros y sus depredadores. En esos espacios abiertos y húmedos, los elefantes del Pleistoceno pudieron moverse con facilidad entre bosques y llanuras costeras, aprovechando los recursos del litoral.
El artículo propone que estas “playas fósiles” fueron usadas como rutas de tránsito estacional o de congregación por los elefantes, algo que también se ha observado en yacimientos similares del suroeste ibérico, en Huelva, Cádiz o Gibraltar.
La idea de manadas de elefantes caminando por la arena murciana puede parecer exótica, pero encaja con la evidencia de otros lugares de Europa, donde estos animales seguían las líneas de costa durante los periodos interglaciares. Su presencia está, además, relacionada con la distribución de los yacimientos neandertales, lo que sugiere posibles interacciones indirectas entre ambas especies.
Una ventana al pasado… y al futuro
Más allá de la fascinación que despiertan las huellas, estos hallazgos son una herramienta clave para entender cómo respondieron los ecosistemas costeros a los cambios climáticos del pasado. Durante el MIS 5e, el nivel del mar estaba unos seis metros por encima del actual, y la temperatura media era más elevada. Las dunas donde se imprimieron las pisadas se formaron bajo esas condiciones, que hoy sirven como análogo natural para estudiar la respuesta del litoral mediterráneo ante un calentamiento global.
Cada marca fosilizada es una instantánea del pasado. En ellas quedó grabado el paso de animales que ya no existen, pero cuyo comportamiento ayuda a descifrar cómo la vida se adaptó a un planeta cambiante. Las playas de Murcia, convertidas en piedra, guardan así un testimonio silencioso de un tiempo en que elefantes, lobos y ciervos compartían las arenas del Mediterráneo.













