Con la desaparición del río Amazonas Colombia perdería su única conexión directa con el mayor afluente de agua dulce del mundo, se debilitaría su posición geopolítica frente a Perú y Brasil, y las comunidades fronterizas verían comprometidos su comercio, su alimentación y sus formas de vida ribereñas.

Así lo advierten investigadores de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), quienes alertan sobre un escenario que ya muestra señales visibles en la triple frontera.
El río Amazonas es la única conexión fluvial internacional de Colombia, ya que es a través de su tramo en Leticia que el país se enlaza con Brasil y Perú. Aunque solo recorre un pequeño tramo del territorio nacional, de ese río dependen la vida diaria y la identidad de las comunidades que habitan la frontera.
Durante la conferencia en línea «Sociedad transfronteriza, integración y narrativas nacionales en la triple frontera amazónica: Brasil, Perú, Colombia», organizada por la Dirección de Relaciones Exteriores (DRE) de la UNAL, los expertos señalaron que si Colombia perdiera su única salida directa al río más grande del planeta, el comercio fronterizo estaría en riesgo y la seguridad alimentaria de miles de familias de Leticia se vería comprometida.
Agregaron que sin el cauce la soberanía nacional quedaría reducida a un territorio amazónico sin acceso al afluente que lo define, un hecho que significaría mucho más que un cambio geográfico.
«El agua del Amazonas ya no pasaría por los brazos colombianos, solo llegaría a Leticia cuando el río desborde e inunde las islas, lo que dejaría al país sin su principal vínculo fluvial en la región», afirmó el biólogo Santiago Duque, docente de la UNAL Sede Amazonia.
Según los modelos predictivos analizados por los docentes, el caudal del río se desvía cada vez más hacia el lado peruano. Actualmente el 70 % del agua circula por ese brazo y solo el 30 % por los canales colombianos. De confirmarse la proyección, las comunidades ribereñas quedarían expuestas a un mayor aislamiento y la región vería reducida su capacidad de sostener economías locales y de asegurar servicios básicos.
Una sociedad más allá de las fronteras
Más allá de la alerta hidrológica, los investigadores subrayan que la vida en la frontera se organiza de maneras que los mapas diplomáticos no reflejan. «La frontera no se puede entender solo desde Bogotá o Lima. Quienes la habitan viven una sociedad transfronteriza que intercambia alimentos, saberes y vínculos familiares», señaló el profesor de la UNAL Sede Amazonia Jorge Mario Aponte, doctor en Geografía y coordinador del Grupo de Estudios Transfronterizos.
«El debate no se puede reducir a una narrativa nacionalista sobre qué isla pertenece a qué país, sino reconocer que existe un complejo social y económico compartido. En los mercados de Leticia y Tabatinga (Brasil) se venden productos cultivados en las islas formadas con los sedimentos del río, muchas de ellas bajo jurisdicción peruana. Estos víveres, sembrados en épocas de aguas bajas, alimentan a comunidades de los tres países».
«En este contexto, las fronteras estatales se vuelven secundarias frente a la dinámica de las relaciones cotidianas; sin embargo, los discursos oficiales siguen anclados en visiones soberanistas», dijo el experto en estudios amazónicos.
En este mismo sentido, sostuvo que «no ha habido un proceso de revisión de los acuerdos que reconozca la dinámica natural del Amazonas, y en consecuencia persiste una brecha entre la cartografía diplomática y la vida real de las comunidades. Cuando el debate se restringe a la defensa de la soberanía nacional y a decidir qué isla pertenece a qué país se pierden de vista las necesidades sociales y económicas de la región».
Vacíos estatales y agendas urgentes
La ausencia de políticas estatales consistentes hacia la Región Amazónica, junto con las consecuencias mencionadas, configuran un problema integral en el territorio. Mientras durante el último siglo Brasil ha desarrollado una estrategia fronteriza sólida, a través de una presencia estatal efectiva y una integración territorial y económica en la zona, Colombia mantiene una política débil, incluso después de la Constitución de 1991.
Para los expertos de la UNAL, este vacío institucional se traduce en falta de cooperación real y en la repetición de tensiones que muchas veces se podrían evitar si se reconociera la dimensión trinacional de la Amazonia.
Frente a este panorama, la química Natalia Díaz Cruz, magíster en Geografía, investigadora de la UNAL y coordinadora Académica del HUB Latinoamérica en el Centro Transnacional para las Transiciones Justas en Energía, Clima y Sustentabilidad (TRAJECTS), plantea la urgencia de construir una agenda de transición justa con cinco recomendaciones centrales para garantizar el futuro de la región.
Las propuestas apuntan a garantizar los modos de vida locales, crear alternativas económicas sostenibles, limitar la expansión industrial y frenar la explotación de minerales críticos que hoy se justifican bajo la etiqueta de «transición energética».
«Cualquier política amazónica que no considere estas medidas terminará reproduciendo las desigualdades actuales y agravando los riesgos de pérdida ecológica. Además, insisto en que los Estados amazónicos deben actuar como bloque en escenarios internacionales y fortalecer mecanismos multilaterales como la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica».
«Se trata de reconocer la Amazonia como una región única, que no se puede fragmentar bajo lógicas estatales. La vida del planeta depende de mantener su equilibrio hidrológico y biocultural», afirmó la experta.
El destino del importante cauce se convierte entonces en un punto de inflexión. La amenaza de que el río deje de pasar por Colombia es una alerta científica, pero también política y social que sin una acción conjunta convertiría al país en una nación amazónica sin río Amazonas. Por eso los académicos señalan que, más allá de la paradoja, se trata de una situación con repercusión planetaria, pues de la salud del Amazonas depende buena parte del equilibrio climático y de la supervivencia de las comunidades que durante siglos han habitado sus riberas.













