No todas las mujeres obtienen los mismos beneficios de alimentos considerados saludables como el chocolate negro, el té verde o los zumos ricos en frutas antioxidantes. Un nuevo estudio de la Universidad de Murcia ha demostrado que el efecto de estos alimentos depende en gran medida de la microbiota intestinal, un conjunto de microorganismos que actúa como un “laboratorio interno” encargado de transformar lo que comemos en compuestos activos para el organismo.

Este hallazgo abre la puerta a entender por qué una misma dieta puede tener efectos diferentes en personas distintas, especialmente en etapas como la menopausia, donde el organismo experimenta cambios metabólicos importantes.
La menopausia y el riesgo cardiometabólico
Durante la transición a la menopausia, la disminución de los estrógenos provoca alteraciones en la presión arterial, el metabolismo de los lípidos y la distribución de la grasa corporal.
Estos cambios aumentan el riesgo de desarrollar enfermedades cardiometabólicas, lo que convierte la alimentación en un factor clave para la prevención y el cuidado de la salud en esta etapa.
Un estudio con chocolate negro, té verde y frutas antioxidantes
Para analizar estos efectos, el grupo Food&Bioactivity del Departamento de Tecnología de los Alimentos, Nutrición y Bromatología de la Universidad de Murcia (UMU) trabajó con 25 mujeres de entre 45 y 65 años. Durante dos meses, siguieron una dieta suplementada con una combinación concreta de alimentos ricos en polifenoles: chocolate negro al 85%, té verde y un zumo de granada, naranja y frutas rojas.
Tras la intervención, los análisis mostraron un aumento significativo de metabolitos fenólicos en la orina, identificándose hasta 116 compuestos derivados de la transformación de los polifenoles por parte de la microbiota intestinal.
El intestino no procesa igual en todas las personas
Según la catedrática de Nutrición y Bromatología, María Jesús Periago, estos metabolitos son clave porque podrían estar directamente relacionados con los efectos beneficiosos sobre la salud cardiometabólica.
“Esto demuestra que los metabolitos fenólicos son biodisponibles y se espera que sean los responsables de los efectos beneficiosos en la reducción del riesgo cardiometabólico”, explica la investigadora.
Estos compuestos pueden ayudar a mejorar la sensibilidad a la insulina, reducir la presión arterial y ejercer efectos antioxidantes y antiinflamatorios en el organismo.

Dos personas pueden comer lo mismo y obtener resultados distintos
Uno de los resultados más relevantes del estudio es la gran variabilidad entre individuos. Los investigadores identificaron tres perfiles de respuesta: bajo, medio y alto productor de metabolitos.
Esto significa que no todas las personas transforman los alimentos de la misma forma dentro del organismo. “Aunque dos personas coman exactamente lo mismo, los beneficios de la ingesta de chocolate negro, té verde o zumo pueden variar considerablemente”, explica la investigadora Rocío González-Barrio.
La clave está en la microbiota intestinal y en su capacidad para transformar los compuestos de los alimentos en sustancias con efecto biológico.
Hacia una nutrición personalizada en la menopausia
Este hallazgo refuerza la idea de que la alimentación del futuro será cada vez más personalizada. En lugar de dietas generales, la respuesta del organismo a los alimentos podría depender de factores individuales como la microbiota intestinal.
En el caso de la menopausia, esto abre una vía para diseñar estrategias nutricionales más precisas que ayuden a reducir el riesgo cardiometabólico de forma adaptada a cada persona.













