La creación musical es una capacidad innata al género humano desde sus inicios. Lleva presente milenios, desde una percusión primitiva y los primeros instrumentos a producciones musicales elaboradas como las que escuchamos en nuestros días. Los instrumentos y herramientas usados en la creación musical evolucionan y se han ido adaptando a los tiempos, lo que supone nuevos retos para los artistas y la propiedad intelectual de sus obras. Enrique Carrasco, catedrático de Publicidad de la Universidad Europea de Canarias, asegura que “la relación actual entre la IA y la creación musical es experimental y aún está en sus comienzos”.

El uso de la inteligencia artificial empieza a estar presente en el proceso creativo de forma experimental como herramienta en la composición y producción musical. Para los artistas implica el reto de aprender a integrar la inteligencia artificial en sus procesos creativos y verla “no como amenaza, sino como herramienta. Quien se adapte podrá apremiar su proceso creativo, experimentar más, producir con menos recursos” afirma Enrique Carrasco.
Inteligencia artificial en el proceso creativo de canciones
Según el experto “cada vez más artistas, productores y sellos musicales adoptarán el uso de la inteligencia artificial de forma habitual en su trabajo y esto abre varios debates en torno a la propiedad intelectual y a la autenticidad de la obra”. Respecto a los retos a nivel jurídico que supone el uso de la IA, el catedrático de la Universidad Europea advierte de que “la industria también deberá adaptarse para controlar derechos de autor, garantizar pagos equilibrados y justos, que se indique con transparencia “quién creó qué” o el porcentaje de la letra y música fue elaborado con inteligencia, entre otras necesidades legales”.
Por otro lado, el uso de herramientas de inteligencia artificial también podría democratizar el acceso a la creación musical, facilitando a personas sin formación previa la posibilidad de experimentar con la música. Sin embargo, existe el riesgo de concentración del mercado en manos de grandes empresas tecnológicas. Por ello, Carrasco destaca que “es imprescindible anteponer un marco legal donde se definan claramente los límites y los campos a explorar”.
En cuanto al papel de los consumidores, Carrasco afirma que “estos aceptarán y valorarán mejor las composiciones que lleguen más a sus corazones”. Si bien la IA aún no es capaz de captar o reproducir emociones humanas, si puede ser capaz de crear melodías que generen sentimientos en sus oyentes. Aún queda un largo camino por delante en el que la IA aprenderá a adaptarse a las necesidades de la industria y los oyentes.













