La ciencia como pilar de desarrollo de Almería

La ciencia como pilar de desarrollo de Almería

De izquierda a derecha, José María Calaforra, Ana Agüera, Diego Valera, Juan José Moreno Balcázar, Francisco de Asís Rodríguez y Francisco Molina.

Bajo el título “Actualidad Científica en Almería” el Salón de Actos de la UNED fue escenario de una mesa redonda en la que participaron catedráticos y expertos en diversos ámbitos como Ana Agüera, José María Calaforra, Francisco Rodríguez y Diego Valera. La mesa redonda estuvo organizada por el Instituto de Estudios Almerienses, concretamente por Juan José Moreno Balcázar, jefe del departamento de Ciencia y Tecnología del IEA.

La primera de las ponencias corrió a cargo de la catedrática del Departamento de Química y Física de la Universidad de Almería, que centró su charla en las aguas residuales como fuente para hacer frente a las necesidades hídricas de los cultivos en la horticultura mediterránea. Aguas que por su naturaleza necesitan de un complejo proceso de depuración antes de su uso como agua de riego en un sector donde cada vez escasea más este recurso fundamental debido a su sobreexplotación, contaminación, escasez, etc.

Concretamente Agüera se centró en los nuevos contaminantes de las aguas residuales, los denominados CECs, que son compuestos que se resisten a su eliminación en plantas EDAR, incluso de última generación, como los antibióticos, químicos de distinta procedencia, cafeína, etc. Son contaminantes a priori no perjudiciales, pero cuyo uso constante sobre un suelo agrícola pueden generar concentraciones dignas de estudio y que hasta ahora no han encontrado regulación.

Para estudiar estos CECs Agüera habló del proyecto Tragua, un proyecto financiado por el Gobierno de España formado por 23 grupos de distintas universidades y centros de investigación con el fin de conocer a fondo los compuestos de las aguas residuales de cara a su reutilización.

Según esta experta el CIESOL hizo un muestreo de cuatro invernaderos regados con aguas procedentes de EDAR. En el mismo se evaluaron 1.300 compuestos y 73 contaminantes CECs. En estos cultivos se encontraron restos de 63 fármacos, cuatro pesticidas y seis metabolitos. De los 73 contaminantes 53 se encontraron en el agua, 11 en el suelo y 33 en la perlita de los cultivos. En las hojas de las plantas se encontraron 14. Sin embargo, insiste Agüera, todos en cantidades insignificantes, muy pequeñas. Lo único preocupante es que se encuentran donde no tienen que estar.

Para su eliminación de estos CECs es fundamental la aplicación de energía solar, algo en lo que trabajan en el CIESOL, consiguiendo eliminar con estos métodos más contaminantes de las aguas residuales que las EDAR más modernas.

Por ello, concluye, la reutilización de las aguas residuales no sólo es recomendable sino imprescindible para obtener nuevos aportes hídricos para los cultivos, y apuesta por regular los límites de estos contaminantes y por seguir avanzando en técnicas que ayuden a eliminar los que ahora mismo se resisten en las depuradoras convencionales. 

Ponencia de Ana Agüera con Juan José Moreno Balcázar y Diego Valera.

Robots en la agricultura

La segunda de las ponencias, titulada “Aplicación de la robótica a los invernaderos de la provincia de Almería” , corrió a cargo de Francisco de Asís Rodríguez Díaz, catedrático de Ingeniería de Sistemas y Automática (UAL). Rodríguez asegura que estamos ante una transición de la agricultura mecanizada, donde es necesaria la mano del hombre en todos los procesos, a una agricultura robotizada, donde ya no es imprescindible.

Este catedrático precisó que la robótica no pretende reemplazar al hombre en la agricultura, sino sólo realizar aquellas tareas monótonas, repetitivas, tediosas, y peligrosas que actualmente realiza el hombre, y que pueden ser sustituidas por algún tipo de inteligencia artificial.

Este experto asegura que, aunque la robótica aplicada a la agricultura aún no es rentable y hay mucho margen de mejora de la productividad en muchas otras parcelas de la producción, la robótica se irá incorporando progresivamente al sector como lo hará en los próximos años en otros sectores, y nos acostumbraremos a verlos en todos los ámbitos de la cadena de producción.

De hecho, asegura, la Universidad de Almería ya está trabajando en este ámbito. El proyecto más conocido quizá sea el del Fitorobot, una máquina capaz de sulfatar cultivos siguiendo un pasillo entre dos filas de cultivos, y cuyos creadores han tenido que hacer frente a muchos desafíos técnicos.

Formaciones kársticas únicas en el mundo

Otro de los expertos presentes fue José María Calaforra, que centró su charla en la geoda olvidada de Pulpí. Una joya geológica que aún hoy es la formación con los cristales más transparentes del mundo, y cuyos cristales también fueron los más grandes hasta el descubrimiento de la geoda de Naica en México.

Según Calaforra la Geoda de Pulpí fue descubierta en 1999 y tuvieron que hacer un esfuerzo inmenso por proteger el hallazgo de comerciantes de minerales. De hecho mientras se protegió la mina fueron robados tres cristales gigantes, uno de los cuales se localizó en el Feria de Minerales de Frankfort a la venta por un millón de pesetas de los de entonces. Y es que la Geoda de Pulpí no sólo es espectacular a la vista. También los es en su formación, lo que hace que sea muy apreciada por los mineralogistas que pagan importantes cantidades por formaciones geológicas singurales como ésta.

Calaforra recordó cómo la Geoda ha estado quince años olvidada. Recordó que si hubiese estado unos kilómetros más al norte, en la Región de Murcia, su gestión hubiese experimentado una suerte bien distinta, y aseguró que gracias al Ayuntamiento de la localidad y a la Diputación de Almería se han conseguido poner sobre la mesa los primeros 400.000 euros que harán posible el principio de la recuperación de la mina como espacio museográfico, y la visita desde el exterior a la geoda para garantizar su conservación.

Calaforra también recordó que el próximo día 25 se inaugurará en la Universidad de Almería un Museo Geológico con cristales y minerales de toda la provincia, entre los que se podrán ver de alguna forma los cristales singulares de Sorbas, Alboloduy, El Alquián o la actividad romana para explotar los yesos hace dos mil años, entre otros muchos minerales.

Agricultura, pasado y futuro

El último de los ponentes fue Diego Valera, actual vicerrector de Investigación de la Universidad de Almería pero no cuando fue organizada la Jornada. El catedrático de Ingeniería Agroforestal impartió la conferencia “Los invernaderos de Almería: de dónde venimos y hacia dónde queremos ir”.

Valera recordó los orígenes del sector y llegó hasta la actualidad con su posición de liderazgo en producción, tecnología e innovación hasta el punto de que las 31.000 hectáreas cultivadas en Almería suponen la mayor concentración de cultivos invernados del mundo. Invernaderos que producen 3,3 millones de toneladas anuales por un valor de dos mil millones de euros. El sector supone el 40% del PIB provincial, y representan la mitad de las exportaciones de toda Andalucía.

Además, los cultivos invernados están considerados un sumidero de CO2 que eliminan diez toneladas de este gas por hectárea y año. Incluso su efecto albedo de los techos de los invernaderos ha conseguido detener e incluso bajar el aumento de temperatura global.

Pero el sector también se enfrenta a problemas, algunos de ellos enquistados, como el de la gestión de los residuos que genera imágenes tercermundistas tanto del sector como de la provincia, o el de la caída de la rentabilidad que provoca que cada vez se tienda a aumentar la producción para compensar la caída de ingresos. Con ello se produce a su vez un aumento del consumo de recursos como el del agua cada vez más escasa, y a su vez de generación de residuos que no se consigue resolver. También se tiene que hacer frente a retos como conseguir una agricultura cada vez más limpia, hacer frente a desafíos como la competencia de los productores de terceros países, la diversificación de cultivos, entre otros.

La Mesa Redonda estuvo moderada por Francisco Molina Pardo, director de Nova Ciencia y www.novaciencia.es.

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