La asombrosa capacidad del cerebro para adaptarse, aprender y transformarse , incluso frente a traumas o enfermedades

¿Usted sabía que su cerebro puede seguir aprendiendo y recuperarse hasta en la vejez? Desde la vida intrauterina hasta la tercera edad, el cerebro humano demuestra una asombrosa capacidad de adaptación, aprendizaje y transformación, incluso frente a traumas o enfermedades. Esta fue una de las ideas centrales de la conferencia “La evolución del cerebro a través de las etapas de la vida”, organizada por el Hospital Universitario Nacional (HUN) en articulación con la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL)

Durante la charla, el médico cirujano Danilo García y el neurólogo Rodrigo Pardo Turriago, profesores de la Facultad de Medicina de la UNAL, resaltaron cómo este órgano complejo dirige nuestras acciones, emociones y pensamientos, impulsado por la experiencia, el entorno y hasta la enfermedad.

“Es una estructura prodigiosa que nos permite imaginar, sentir, amar y movernos, y que tiene la capacidad de regenerarse y adaptarse incluso cuando algo falla”, destacó el doctor García.

Según el experto, en su forma madura el cerebro humano puede tener alrededor de 86.000 millones de neuronas, y aproximadamente la misma cantidad de células gliales, lo que lo convierte en una de las estructuras más complejas del universo conocido”.

De las células madre a la conciencia

A partir de una única célula, que se divide y se especializa, se forman las neuronas, los astrocitos, los oligodendrocitos y la microglía, que son las grandes protagonistas del sistema nervioso. “Todo inicia con procesos de activación genética muy precisos que dan lugar a una arquitectura increíblemente ordenada y compleja”, explicó el profesor.

Este proceso ocurre incluso antes del nacimiento, pero no se detiene allí. El cerebro del recién nacido es inmaduro y se desarrolla rápidamente en los primeros años, moldeado por la estimulación, el afecto y la experiencia. Durante la infancia juegan un papel crucial factores como la nutrición, el cariño, la estimulación sensorial y el ambiente social.

“El cerebro necesita del entorno para desarrollarse bien. Si esos factores se alteran, por ejemplo por violencia, negligencia o desnutrición, se compromete el desarrollo de funciones cognitivas, emocionales y sociales”, señaló el doctor García.

Consultado por el profesor Pardo sobre cuándo termina de formarse el cerebro, el doctor García explicó: “aunque muchas estructuras están presentes desde edades tempranas, la madurez cerebral se sigue desarrollando hasta bien entrada la tercera década de vida, especialmente en zonas como la corteza prefrontal, clave para el juicio, la toma de decisiones y el control de los impulsos”.

“Durante la infancia se crean nuevas sinapsis —conexiones entre neuronas que permiten la comunicación dentro del cerebro— a gran velocidad, pero también se eliminan las que ya no se usan; es lo que llamamos ‘poda sináptica’, un proceso esencial para el aprendizaje”.

Plasticidad y envejecimiento: nunca es tarde

A lo largo de la vida, el cerebro se sigue transformando. En la adultez consolida funciones como el lenguaje, el pensamiento abstracto y la toma de decisiones; en la vejez, aunque su volumen y velocidad de procesamiento se reducen, la capacidad de aprender no desaparece.

Gracias a la plasticidad cerebral podemos establecer nuevas conexiones neuronales incluso en edades avanzadas. Esta plasticidad, que permite aprender nuevas habilidades, también es la que posibilita que el cerebro “se reorganice” cuando algo falla, como después de un trauma o un accidente cerebrovascular. “El cerebro es capaz de buscar nuevas rutas para cumplir funciones que antes se realizaban por otras zonas”, señaló el profesor Pardo.

Aunque la velocidad de procesamiento disminuye con los años y la memoria inmediata se puede deteriorar, otras habilidades, como el juicio, la empatía o la creatividad se pueden mantener e incluso fortalecerse. “No todo envejece al mismo ritmo, y muchas funciones se preservan si se cultivan”, dijo el profesor Pardo.

El cerebro en el centro de la conversación

Los expertos insistieron en que cuidar el cerebro no es un lujo, sino una necesidad. “Si queremos mejorar la calidad de vida y garantizar un envejecimiento más saludable, y por tanto prevenir enfermedades como la demencia o el Párkinson, tenemos que empezar desde ya con hábitos saludables: alimentación balanceada, actividad física, sueño adecuado, estimulación cognitiva y relaciones sociales significativas”, concluyeron.

La actividad se inscribió en la conmemoración del Día Internacional del Cerebro, liderada por la World Federation of Neurology, que este año destaca la importancia de la salud cerebral en todas las etapas de la vida.

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