Financiación de la Investigación: Cantidad vs. Calidad Científica

Artículo de
José Santamaría
Universidad de Jaén

Durante años, una parte del debate científico se ha dejado arrastrar por una lógica casi contable centrada en más artículos, más productividad, más currículum. Pero la ciencia no se fortalece simplemente acumulando publicaciones. Se fortalece cuando genera conocimiento que otros investigadores leen, citan, utilizan y convierten en base de nuevos avances. No es una cuestión menor. La propia Organización Mundial de la Propiedad Intelectual ha subrayado que, para medir el verdadero peso científico de un país, no basta con contar artículos: “hay que observar métricas capaces de equilibrar producción e influencia, porque lo decisivo no es publicar más, sino producir trabajos que realmente resuenen en la comunidad científica”.

Andalucía ante el reto de priorizar calidad sobre volumen

Asimismo, ese cambio de enfoque importa especialmente en Andalucía. Si la financiación pública se orienta sobre todo a engordar el número de trabajos, el sistema puede crecer en volumen sin crecer al mismo ritmo en liderazgo. En cambio, cuando la inversión se dirige a investigación capaz de generar citas, abrir agenda internacional, atraer colaboraciones y situarse en revistas y debates relevantes, el retorno científico y social se multiplica exponencialmente. Dicho con claridad: una ciencia de calidad no es menos rentable que una ciencia de cantidad, es mucho más estratégica. Y es que como dice el adagio: “A veces, menos es más.”

El h-index y la posición de España en el contexto internacional

Por otro lado, los datos comparativos refuerzan esta idea. Si tomamos como referencia el valor de la métrica h-index por país según SCImago (una métrica acumulada que combina producción e influencia por citas), entre Estados Unidos, Australia, China, España e India el orden es este: EE. UU. (3213), Australia (1475), China (1455), España (1303) e India (925). Es decir, dentro de este grupo de grandes sistemas científicos, España ocupa la cuarta posición por impacto, por delante de India, aunque esta última supere a España en volumen. El dato es relevante porque muestra que un país puede no ser una superpotencia por tamaño bruto y, aun así, mantener una posición competitiva cuando se mide la huella real de su investigación.

Competir por valor científico internacional: la clave para Andalucía

Ahí está precisamente una de las claves para Andalucía, es decir, no competir solo por volumen, sino por valor científico internacional. Si bien, China y Estados Unidos dominan buena parte del escenario global por escala, capacidad inversora y excelencia en múltiples frentes, el espacio donde regiones como Andalucía pueden diferenciarse está en producir investigación selectiva, sólida y muy visible. La política científica autonómica debería asumir esa realidad sin complejos, ya que financiar mejor no necesariamente tendría que significar “financiar más papers”, sino favorecer ecosistemas, equipos de trabajo emergentes y líneas capaces de generar investigación con verdadera tracción internacional.

La informática y la inteligencia artificial como áreas estratégicas

Ciertamente, este debate resulta todavía más urgente en áreas como la informática, que hoy está por ejemplo en el corazón de la IA, de la economía del dato, de la automatización y de la soberanía tecnológica. Es de especial relevancia por tanto resaltar el hecho de que la Comisión Europea viene insistiendo en que la IA, los datos y su procesamiento son pilares de la competitividad, de la innovación y de la autonomía estratégica de Europa. Por tanto, cuando Andalucía decide cómo financia la investigación en computación, no está eligiendo un nicho académico más, está decidiendo si quiere estar presente en uno de los campos que definirán el poder económico, industrial y científico de las próximas décadas.

Ejemplos de excelencia científica en universidades andaluzas

Y no hablamos de una aspiración abstracta. Andalucía ya cuenta con ejemplos concretos de ciencia computacional con proyección internacional. Por ejemplo, las universidades de Granada y de Jaén cuentan con sendos artículos científicos de alto impacto internacional recientemente publicados. Véase por ejemplo este artículo y el este otro, ambos trabajos situados además en dos de los ejes científicos más decisivos del presente: el aprendizaje profundo y la inteligencia artificial explicable.

En concreto, según los indicadores bibliométricos que acompañan a estas dos publicaciones, los artículos alcanzan valores extraordinarios de FWCI, concretamente 249 y 209, respectivamente, teniendo en cuenta que un FWCI de 1 ya equivale al rendimiento esperado frente al promedio mundial de trabajos comparables del mismo tipo, antigüedad y área.

Por tanto, situarse muy por encima de ese valor implica un impacto e influencia excepcional a nivel internacional. Y traducido al lenguaje de la política científica, cuando una universidad andaluza logra trabajos de este nivel, no está simplemente sumando producción, está proyectando ciencia competitiva a escala global.

Conclusión: publicar mejor para liderar el futuro científico

Por último, de lo anterior se podría derivar una conclusión ciertamente incómoda para los hábitos del sistema, y es que Andalucía no puede conformarse solo con una ciencia basada en contar artículos. Necesita apostar más activamente por una ciencia orientada a resolver problemas relevantes, conquistar visibilidad internacional y producir conocimiento que otros no puedan ignorar. También, además de fomentar la consolidación, la financiación pública debería por tanto premiar cada vez más ese horizonte, en ocasiones incluso promovido por grupos de trabajo emergentes y minoritarios.

Porque publicar más puede inflar estadísticas, pero publicar mejor fortalece instituciones, mejora reputación, atrae talento y sitúa a Andalucía allí donde hoy se juega el futuro científico, es decir, en la calidad, en el impacto y en la capacidad de liderar.